Usted sabe que en Colombia la vida no es fácil, entre el tráfico de Bogotá, las noticias del país y las vueltas del diario vivir, el corazón se cansa y la mente no descansa. Pero hay una noticia buena que le cambia el panorama por completo: Dios no le dejó un mensaje bonito, sino una promesa firme de paz para todo aquel que ponga su confianza en Él. No es una paz que depende de lo que pase afuera, sino una que nace adentro y se mantiene firme aunque el mundo se caiga a pedazos. Si usted está buscando un alivio real para esa angustia que no lo deja dormir, quédese con nosotros porque hoy vamos a hablar de esa promesa que sí funciona.
Contexto Biblico
La paz que Dios promete no es un invento moderno ni una idea de autoayuda, sino un hilo de oro que recorre toda la Biblia desde el Génesis hasta el Apocalipsis. En el idioma hebreo, la palabra para paz es ‘shalom’, que significa mucho más que ausencia de guerra; habla de integridad, bienestar total, salud, prosperidad y una relación correcta con Dios. Cuando el Señor promete paz, no está ofreciendo un calmante temporal, sino una restauración completa de todo lo que está quebrantado en su vida.
En el Nuevo Testamento, la palabra griega ‘eirene’ mantiene esa riqueza de significado y se usa para describir el fruto del Espíritu que se cultiva en el creyente. El profeta Isaías ya anunciaba que el Mesías sería llamado ‘Príncipe de Paz’, y Jesús mismo dijo que nos dejaba su paz, pero no como la da el mundo. Esta paz tiene un fundamento sólido: la obra de Cristo en la cruz, que derribó el muro de separación entre Dios y el hombre, y ahora nos permite acercarnos con confianza al trono de la gracia.
La Historia
Para entender esta promesa de paz en toda su dimensión, tenemos que viajar a un momento de crisis total en la historia de Israel. El rey Josafat gobernaba en Judá y de repente recibió una noticia que le heló la sangre: tres ejércitos poderosos, los de Moab, Amón y Edom, se habían unido para atacarlos. No era una amenaza menor, era una coalición enorme que venía con la intención de borrarlos del mapa. El pueblo entero entró en pánico, y era lógico, porque humanamente no tenían ninguna posibilidad de victoria.
Josafat, en lugar de dejarse llevar por el miedo o de tomar decisiones apresuradas, hizo algo que muchos olvidamos en la crisis: buscó al Señor con todo su corazón. Proclamó un ayuno en todo Judá, y el pueblo se reunió para buscar la dirección divina. En medio de esa asamblea, el rey oró una oración que todavía nos enseña hoy: reconoció el poder de Dios, recordó sus promesas y admitió su propia incapacidad para enfrentar la situación. No fue una oración de última hora, sino un acto de fe genuino.
Entonces, en medio de la angustia colectiva, el Espíritu del Señor vino sobre Jahaziel, un levita, y dio un mensaje que es un tesoro para nosotros: ‘No temáis ni os amedrentéis por causa de esta gran multitud, porque la batalla no es vuestra, sino de Dios’. Esa palabra cambió por completo la perspectiva del pueblo. No se trataba de que ellos fueran fuertes, se trataba de que Dios era su defensor y Él mismo pelearía por ellos. La paz no vino porque el problema desapareció, sino porque la confianza se trasladó al lugar correcto.
Al día siguiente, Josafat no salió a la batalla con estrategia militar, sino con un coro que alababa al Señor. Mientras ellos cantaban, Dios puso emboscadas contra los ejércitos enemigos, y estos se destruyeron entre sí. El pueblo de Judá solo tuvo que recoger el botín durante tres días. Esa historia termina con una escena hermosa: el temor de Dios cayó sobre los reinos vecinos, y Judá tuvo paz, porque la paz no es la ausencia de problemas, sino la presencia de Dios en medio de ellos.
Significado Teologico
La promesa de paz que Dios hace a los que confían en Él no es un sentimiento vago, sino una realidad objetiva que se fundamenta en el carácter de Dios. Primero, porque Dios es soberano: si Él controla los ejércitos, los gobiernos y las circunstancias, entonces ninguna situación escapa de su mano. Segundo, porque Dios es fiel: Su palabra no regresa vacía, y lo que prometió, lo cumple. La paz no depende de nuestra capacidad para resolver problemas, sino de la fidelidad de Aquel que prometió cuidarnos.
Además, la paz bíblica tiene una dimensión relacional: es el resultado de estar en paz con Dios a través de Jesucristo. Romanos 5:1 nos dice que ‘justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo’. Esta es la base de todas las demás paces. Cuando la relación con el Creador está restablecida, el alma encuentra su centro, y desde ahí, la paz se derrama hacia las demás áreas de la vida. No es una paz que se consigue con técnicas de relajación, sino que se recibe como un regalo de la gracia.
Lecciones para Hoy
La primera lección que nos deja la historia de Josafat es que la oración debe ser nuestra primera respuesta, no nuestro último recurso. Muchas veces nosotros hacemos todo lo que está a nuestro alcance y solo cuando ya no podemos más, buscamos a Dios. Pero el rey nos muestra que en la crisis, el lugar más seguro es la presencia del Señor. Cuando usted pone su problema delante de Dios, no significa que no va a trabajar o a hacer su parte, sino que reconoce que el resultado final está en manos de Él.
La segunda lección es que la alabanza es un arma poderosa para mantener la paz en el corazón. Josafat no esperó a ver la victoria para alabar; alabó antes de la victoria, y eso cambió su atmósfera interior. Cuando usted decide agradecer y adorar a Dios en medio de la dificultad, su mente se enfoca en la grandeza de Dios y no en el tamaño del problema. La paz no llega cuando se resuelve todo, sino cuando usted decide confiar en que Dios ya está trabajando, incluso cuando usted no ve nada.
Preguntas Frecuentes
¿Cómo puedo tener paz si estoy pasando por una situación muy difícil?
La paz que Dios da no depende de que la situación mejore, sino de que usted confíe en que Él tiene el control. Empiece por hacer lo que hizo Josafat: busque a Dios en oración, exponga su situación con honestidad y luego decida alabarle por lo que Él va a hacer. La paz es un fruto del Espíritu, así que pídala cada día y medite en las promesas de Dios como Isaías 26:3 que dice que Él guardará en perfecta paz a aquel cuyo pensamiento persevera en Él.
¿Qué diferencia hay entre la paz de Dios y la paz del mundo?
La paz del mundo depende de las circunstancias: si todo va bien, hay paz; si algo sale mal, se acaba. En cambio, la paz de Dios es sobrenatural y se mantiene estable aun en medio de la tormenta. Jesús dijo: ‘Mi paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como yo la doy al mundo’ (Juan 14:27). Es una paz que nace de la confianza en un Dios que nunca falla, y que no se altera por las noticias, los diagnósticos o las crisis económicas.
¿Es pecado sentir ansiedad o miedo si soy cristiano?
No es pecado sentir ansiedad o miedo, porque somos seres humanos y esas emociones hacen parte de nuestra naturaleza. El pecado no está en sentir, sino en quedarnos ahí y no llevar esas cargas a Dios. La Biblia nos dice en Filipenses 4:6 que no nos angustiemos por nada, sino que en todo, con oración y súplica, presentemos nuestras peticiones a Dios. Es decir, la medicina para la ansiedad es la oración, y la promesa es que la paz de Dios guardará nuestros corazones y pensamientos.