Mire, usted puede estar leyendo la Biblia y de repente se topa con la Pascua, esa fiesta que los judíos celebran cada año, pero ¿sabe qué hay detrás? No es solo un ritual bonito, sino el momento donde Dios sacó a su pueblo de la esclavitud en Egipto con mano poderosa. En Colombia, donde valoramos tanto la familia y la libertad, entender la Pascua nos conecta con una historia de liberación que aún nos habla hoy. Así que acompáñeme, porque vamos a desmenuzar el capítulo 12 de Éxodo, donde todo empezó, y verá que tiene más que ver con su vida de lo que se imagina.
Contexto Bíblico
El libro del Éxodo es el segundo libro de la Biblia, y su nombre viene del griego que significa ‘salida’ o ‘partida’. Aquí se narra cómo los descendientes de Jacob, que eran como 70 personas cuando llegaron a Egipto, se multiplicaron hasta formar una nación entera. Pero pasaron los años y un faraón que no conocía a José empezó a oprimirlos, echándoles trabajos forzados y hasta mandando a matar a los bebés varones. Egipto era un imperio poderoso, con dioses como Ra, el sol, y el Nilo, pero el pueblo de Israel clamaba a Jehová, el Dios de sus padres Abraham, Isaac y Jacob.
Dios levantó a Moisés, un hebreo criado en la corte egipcia que tuvo que huir al desierto, y lo envió de vuelta para decirle al faraón: ‘Deja ir a mi pueblo’. Pero el faraón, terco como una mula, dijo que no. Entonces vinieron diez plagas: agua en sangre, ranas, piojos, moscas, pestes en el ganado, úlceras, granizo, langostas, tinieblas, y por último la muerte de los primogénitos. Cada plaga era una cachetada a los dioses egipcios, mostrando que Jehová es el único Dios verdadero. La Pascua se instituyó justo antes de la décima plaga, como la señal de que los israelitas estaban bajo la protección divina.
En ese contexto, la Pascua no era una celebración cualquiera, sino un acto de fe radical. El pueblo llevaba 430 años en Egipto, y muchos ya ni se acordaban de las promesas que Dios le había hecho a Abraham. Pero Dios no se olvida, y usó a Moisés para recordarles que Él es fiel. La noche de la Pascua marcó el nacimiento de Israel como nación libre, y desde entonces se convirtió en la fiesta más importante del calendario judío, tan sagrada como para nosotros la Navidad o la Semana Santa.
La Historia
Todo empezó cuando Dios le habló a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, y les dijo: ‘Este mes será para ustedes el principio de los meses; será el primer mes del año’. Imagínese el ambiente: el pueblo estaba nervioso, sabían que algo grande iba a pasar. Dios les dio instrucciones bien específicas: el día diez del mes, cada familia debía tomar un cordero o un cabrito, sin defecto, y guardarlo hasta el día catorce. Ese cordero representaba la pureza y la vida, y tenía que ser macho de un año, como diciendo que lo mejor se le da a Dios.
El día catorce, al atardecer, toda la asamblea de Israel tenía que matar el cordero. Pero no era solo matarlo y ya, sino que debían tomar la sangre y untarla en los dos postes y en el dintel de la puerta de la casa donde lo comieran. ¿Se imagina a las familias colombianas haciendo eso en sus casas? Pues así fue, con una fe que movía montañas. Esa sangre era la señal: ‘Cuando yo vea la sangre, pasaré de ustedes’, dijo Jehová. Y esa misma noche, el ángel destructor pasaría por Egipto para matar a todo primogénito, desde el del faraón hasta el del esclavo, pero las casas marcadas con sangre estarían a salvo.
La cena de esa noche también tenía reglas precisas: tenían que comer la carne asada al fuego, con pan sin levadura y hierbas amargas. Nada de comerlo crudo ni hervido, sino asado, con la cabeza, las patas y los intestinos. Y no podían dejar nada para el otro día; lo que sobrara lo quemaban en el fuego. Además, tenían que comerlo de afán, con los lomos ceñidos, las sandalias en los pies y el bastón en la mano, como quien está listo para salir corriendo. Era una cena de emergencia, porque en cualquier momento sonaría el silbato de la libertad.
Y así pasó: a la medianoche, Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el heredero del faraón hasta el del preso en la cárcel. Se oyeron gritos por todo el país, porque no había casa donde no hubiera un muerto. Pero en las casas de los israelitas, todo estaba tranquilo; la sangre del cordero los protegía. El faraón, desesperado, llamó a Moisés y a Aarón de noche y les dijo: ‘Levántense, salgan de en medio de mi pueblo, ustedes y los hijos de Israel, y vayan a servir a Jehová, como han dicho’. El pueblo salió tan rápido que ni siquiera tuvieron tiempo de leudar el pan, por eso hasta hoy los judíos comen pan sin levadura en la Pascua.
Esa noche, más de 600.000 hombres, sin contar mujeres y niños, salieron de Egipto con sus ganados y sus pertenencias. Dios les había dado gracia delante de los egipcios, que les prestaron joyas de plata y oro y vestidos. Fue una salida triunfal, pero también ordenada: iban por familias, con sus primogénitos consagrados a Dios. Moisés les recordó que celebraran esta fiesta cada año, para que nunca olvidaran lo que Dios hizo por ellos. La Pascua se volvió un memorial perpetuo, una tradición que los abuelos les cuentan a los nietos, generación tras generación.
Significado Teológico
La Pascua no es solo una historia bonita, sino que tiene un mensaje profundo sobre quién es Dios y cómo se relaciona con la humanidad. Primero, vemos que Dios es un Dios que escucha el clamor de su pueblo. Los israelitas estaban sufriendo, y Él no se quedó de brazos cruzados; intervino con poder para liberarlos. Esto nos enseña que Dios no es indiferente al dolor, sino que actúa en la historia para traer justicia y redención. La sangre del cordero es el símbolo de esa protección: no por ser buenos o perfectos, sino por confiar en la provisión de Dios, ellos fueron salvos.
En segundo lugar, la Pascua es una sombra de algo más grande que vendría después. Para los cristianos, el cordero de la Pascua apunta a Jesucristo, a quien Juan el Bautista llamó ‘el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo’. Así como la sangre del cordero protegió a los israelitas de la muerte, la sangre de Jesús nos protege del juicio eterno. Jesús celebró la Pascua con sus discípulos la noche antes de morir, y en esa cena instituyó la Santa Cena, donde el pan y el vino representan su cuerpo y su sangre. Es una conexión directa entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Además, la Pascua nos habla de la necesidad de preparación y fe. Los israelitas no se salvaron por sus méritos, sino por obedecer las instrucciones de Dios al pie de la letra. Tuvieron que matar el cordero, untar la sangre y comer la cena con la actitud correcta. De la misma manera, nosotros no nos salvamos por nuestras obras, sino por aceptar el sacrificio de Cristo y vivir en obediencia a su Palabra. La Pascua nos recuerda que la libertad tiene un costo, y que Dios mismo pagó ese precio para que nosotros pudiéramos ser libres.
Lecciones para Hoy
En la vida cotidiana de un colombiano, la Pascua nos enseña que Dios puede sacarnos de cualquier ‘Egipto’ en el que estemos metidos. Tal vez usted está atrapado en deudas, en una relación tóxica, en una adicción o en la rutina del sin sentido. Así como Dios oyó el clamor de los israelitas, Él oye su clamor hoy. Pero no espere que Dios haga todo sin que usted ponga de su parte; los israelitas tuvieron que preparar la cena, marcar sus puertas y estar listos para salir. Usted también tiene que tomar decisiones: confiar en Dios, obedecer su Palabra y dar pasos de fe, por pequeños que sean.
Otra lección valiosa es la importancia de la familia y la transmisión de la fe. En la Pascua, los padres tenían que explicarles a sus hijos por qué estaban celebrando. Éxodo 12:26-27 dice: ‘Y cuando sus hijos les pregunten: ¿Qué significa este rito?, responderán: Es la víctima de la Pascua de Jehová, el cual pasó por alto las casas de los hijos de Israel en Egipto’. En un país como Colombia, donde la familia es el núcleo de la sociedad, esta enseñanza es clave. No deje que la fe se pierda; cuénteles a sus hijos y nietos lo que Dios ha hecho en su vida, así como los israelitas lo hicieron.
Finalmente, la Pascua nos invita a vivir con urgencia y esperanza. Los israelitas comieron de afán, con los lomos ceñidos, listos para partir. Nosotros también vivimos en un mundo que pasa, y no sabemos cuándo el Señor nos llamará. Pero no es una urgencia de miedo, sino de esperanza: sabemos que Dios tiene un plan mejor para nosotros, así como tenía la tierra prometida para Israel. Así que viva cada día con la actitud de quien ya ha sido liberado, celebrando la victoria de Cristo sobre la muerte, y compartiendo esa buena noticia con los demás.
Preguntas Frecuentes
¿Por qué los israelitas usaron sangre de cordero en la Pascua?
La sangre del cordero era la señal visible de que esa casa estaba bajo la protección de Dios. En la cultura del Antiguo Testamento, la sangre representaba la vida, y derramarla era un acto de sacrificio para expiar el pecado. Al untar la sangre en los postes de la puerta, los israelitas demostraban su fe en que Dios cumpliría su promesa de pasar por alto sus casas. Es un símbolo poderoso de que la salvación viene por medio de un sustituto inocente, que en el Nuevo Testamento se cumple en Jesucristo.
¿La Pascua se celebra hoy en día?
Sí, los judíos celebran la Pascua cada año, llamada Pesaj en hebreo, durante ocho días. Conmemoran la salida de Egipto con cenas especiales, pan sin levadura y hierbas amargas. Los cristianos, por su parte, celebramos la Pascua en Semana Santa, pero con un enfoque diferente: recordamos la muerte y resurrección de Jesús, el Cordero de Dios. Muchas iglesias evangélicas en Colombia también hacen cenas de Pascua para enseñar a las familias el significado bíblico de esta fiesta.
¿Qué relación tiene la Pascua con la Santa Cena?
La Santa Cena, también llamada la Cena del Señor o la Eucaristía, tiene su origen en la última cena de Pascua que Jesús celebró con sus discípulos. En esa cena, Jesús tomó el pan y el vino y les dio un nuevo significado: el pan representa su cuerpo partido por nosotros, y el vino su sangre derramada para el perdón de los pecados. Así como la Pascua del Antiguo Testamento recordaba la liberación de Egipto, la Santa Cena recuerda la liberación del pecado por medio de Cristo. Es una conexión directa entre las dos alianzas.
