¿Alguna vez has sentido que tu pasado te descalifica para algo grande? En la Biblia encontramos una historia que rompe todos los esquemas: el llamamiento de Mateo, un cobrador de impuestos despreciado por su propio pueblo. Imagínate ser considerado traidor y pecador público, y de repente escuchar una voz que te dice ‘Sígueme’. Este relato no solo cambió la vida de un hombre, sino que nos muestra el corazón de Dios para los que menos lo esperan. Prepárate para descubrir cómo un recaudador de impuestos se convirtió en uno de los doce apóstoles y escribió un Evangelio.
Contexto Bíblico
Para entender el impacto del llamamiento de Mateo, tenemos que ponernos en los zapatos de un judío del primer siglo. En esa época, los publicanos o cobradores de impuestos eran odiados por su propia gente porque trabajaban para el Imperio Romano, el enemigo que ocupaba su tierra. Además, solían cobrar más de lo debido para enriquecerse, lo que los convertía en ladrones a los ojos de la sociedad. Por eso, en la cultura judía, los publicanos eran considerados impuros y pecadores, y nadie quería tener trato con ellos, ni siquiera para saludarlos.
El Evangelio de Mateo, escrito por este mismo discípulo, está lleno de referencias al Antiguo Testamento para mostrar que Jesús es el Mesías prometido. Mateo organiza su relato con un enfoque didáctico, destacando las enseñanzas de Jesús y su autoridad. En el capítulo 9, versículos 9 al 13, encontramos el momento exacto del llamamiento, justo después de que Jesús sanara a un paralítico. Este contexto nos prepara para ver cómo Jesús desafía las normas religiosas y sociales al acercarse a los marginados.
La escena ocurre en Capernaúm, una ciudad pesquera a orillas del lago de Galilea, donde Jesús había establecido su base de operaciones. Allí, en la oficina de impuestos, estaba Mateo (también llamado Leví en otros evangelios) sentado, haciendo su trabajo de recaudador. Lo más sorprendente es que Jesús no lo busca en el templo ni en la sinagoga, sino en su lugar de trabajo, en medio de su rutina diaria. Esto nos enseña que Dios nos encuentra donde estamos, no donde deberíamos estar.
La Historia
Corría el año aproximadamente 28 o 29 d.C., y Jesús ya había comenzado su ministerio público. Un día, mientras caminaba por las calles de Capernaúm, pasó junto a la mesa de los impuestos. Allí estaba Mateo, un hombre que probablemente había escuchado rumores sobre ese maestro galileo que sanaba enfermos y perdonaba pecados. Pero jamás imaginó que Jesús se detendría frente a él. La mirada de Jesús no era de desprecio ni de juicio, sino de amor y propósito. Con solo dos palabras, ‘Sígueme’, Jesús le ofreció una nueva identidad y un nuevo comienzo.
Mateo no dudó ni un segundo. La Biblia dice que ‘se levantó y lo siguió’. Imagina el escándalo: un publicano dejando su lucrativo negocio, su mesa llena de dinero, su posición de poder, para seguir a un carpintero de Nazaret. Sus colegas debieron pensar que estaba loco, y sus antiguos clientes seguramente se burlaron de él. Pero Mateo entendió que aquella invitación valía más que todo el oro del mundo. No pidió explicaciones, no puso condiciones, simplemente obedeció. Eso es fe en acción.
Pero la historia no termina ahí. Mateo, emocionado por su encuentro con Jesús, organizó una gran fiesta en su casa. Invitó a otros publicanos y a ‘pecadores’, es decir, personas que la sociedad religiosa consideraba impuras. Y allí estaba Jesús, sentado a la mesa con ellos, comiendo y compartiendo. Los fariseos, al ver esto, se escandalizaron y preguntaron a los discípulos: ‘¿Por qué come vuestro Maestro con publicanos y pecadores?’ Para ellos, eso era una violación de las leyes de pureza, pero Jesús estaba mostrando que su reino es inclusivo y redentor.
La respuesta de Jesús es poderosa: ‘Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores’. Con estas palabras, Jesús redefine el propósito de su misión. No vino a confirmar a los que ya se creían buenos, sino a rescatar a los que reconocían su necesidad de Dios. Mateo, al escribir su Evangelio, incluyó esta escena para que todos supiéramos que no importa nuestro pasado: la gracia de Dios siempre está disponible.
Desde ese día, Mateo pasó de ser un recaudador de impuestos a un recaudador de almas. Viajó con Jesús, escuchó sus enseñanzas, vio sus milagros, y después de la resurrección, se convirtió en misionero. La tradición dice que predicó en Etiopía y Persia, y que murió mártir por su fe. Su Evangelio, el primero en el Nuevo Testamento, sigue siendo un testimonio de que Dios usa a personas imperfectas para cumplir sus propósitos eternos.
Significado Teológico
El llamamiento de Mateo nos revela la naturaleza de la gracia divina. En la teología cristiana, la gracia es un favor inmerecido, y aquí vemos a Jesús extendiendo ese favor a alguien que la sociedad consideraba indigno. Mateo no hizo nada para merecer el llamado; simplemente estaba en su puesto de trabajo cuando Jesús pasó. Esto nos enseña que la salvación no depende de nuestras obras ni de nuestro estatus social, sino de la iniciativa soberana de Dios. Como dice Efesios 2:8, ‘Por gracia sois salvos por medio de la fe’.
Otro punto teológico clave es la inclusión de los marginados en el reino de Dios. Al comer con publicanos y pecadores, Jesús derriba las barreras religiosas que separaban a las personas. Los fariseos creían que la santidad se lograba apartándose de los impuros, pero Jesús muestra que la verdadera santidad se acerca a los necesitados para transformarlos. Esto anticipa la gran comisión de Mateo 28, donde Jesús envía a sus discípulos a todas las naciones, sin importar su origen o condición.
Finalmente, el cambio de nombre de Leví a Mateo (que significa ‘don de Jehová’) simboliza la nueva identidad que recibimos en Cristo. Así como Mateo dejó atrás su vida de corrupción, nosotros somos llamados a dejar nuestro viejo yo y seguir a Jesús. Este pasaje nos recuerda que el arrepentimiento no es solo dejar el pecado, sino abrazar un nuevo propósito. La historia de Mateo es un ejemplo de cómo Dios puede transformar a cualquier persona, sin importar su pasado, en un instrumento para su gloria.
Lecciones para Hoy
En nuestra vida diaria, el llamamiento de Mateo nos desafía a no juzgar a las personas por su apariencia o su historia. En Colombia, muchas veces etiquetamos a otros como ‘malos’, ‘pecadores’ o ‘perdidos’, pero Jesús nos muestra que nadie está fuera del alcance de su amor. Si tú te sientes descalificado por tus errores, recuerda que Dios te llama justo donde estás. La próxima vez que veas a alguien marginado, pregúntate: ¿cómo puedo mostrarle la misma gracia que Jesús mostró a Mateo?
También aprendemos que seguir a Jesús requiere una decisión radical. Mateo dejó todo: su trabajo, su dinero, su seguridad. En un mundo que nos invita a acumular y a asegurar nuestro futuro, el llamado de Cristo nos pide confiar en él por encima de todo. No significa que todos debamos renunciar a nuestros empleos, pero sí que pongamos a Dios en el primer lugar de nuestras prioridades. ¿Hay algo en tu vida que te impide seguir a Jesús de todo corazón?
Por último, esta historia nos anima a celebrar nuestra fe con otros. Mateo no escondió su nuevo camino; al contrario, invitó a sus amigos a conocer a Jesús. En un país donde a veces la fe se vive en privado, este ejemplo nos reta a compartir el evangelio con naturalidad, en nuestras casas y con nuestras amistades. La mesa de Mateo se convirtió en un lugar de encuentro con la gracia. ¿Tu vida está siendo una mesa donde otros puedan conocer a Jesús?
Preguntas Frecuentes
¿Por qué Jesús escogió a un publicano como Mateo?
Jesús escogió a Mateo para demostrar que su reino no se basa en el mérito humano, sino en la gracia. Al llamar a un publicano, un grupo despreciado por los judíos, Jesús mostró que Dios no hace acepción de personas y que su amor alcanza a todos, especialmente a los que se reconocen necesitados de perdón. Además, la experiencia de Mateo como recaudador de impuestos le dio habilidades administrativas que luego usó para escribir un Evangelio ordenado y detallado.
¿Qué significa que Jesús ‘come con publicanos y pecadores’?
En la cultura judía, comer juntos era un acto de comunión y aceptación. Al sentarse a la mesa con publicanos y pecadores, Jesús estaba declarando que esos marginados eran bienvenidos en el reino de Dios. Esto escandalizó a los fariseos, pero Jesús explicó que su misión era sanar a los espiritualmente enfermos. Este gesto simboliza la inclusión y el amor incondicional de Dios hacia todos los que se arrepienten.
¿Qué podemos aprender del ejemplo de Mateo para nuestra vida espiritual?
De Mateo aprendemos la importancia de responder al llamado de Dios con prontitud y obediencia. También vemos que la transformación verdadera lleva a compartir nuestra fe con otros. Además, su historia nos recuerda que Dios puede usar nuestro pasado, incluso nuestros errores, para escribir una historia de redención. No importa lo que hayas hecho; hoy es el día para levantarte y seguir a Jesús.
