Mire, usted sabe que en Colombia vivimos pendientes del reloj, siempre esperando algo: el bus, el almuerzo, el fin de semana. Pero hay una espera que trasciende todo eso, una promesa que nos llena de esperanza y nos pone a pensar en lo que realmente importa. En el Evangelio de Mateo, Jesús habla claro sobre su regreso, la venida del Hijo del Hombre, y nos da pistas para no quedarnos dormidos en la fe. Es un tema que toca el corazón de todo creyente, porque no es solo una profecía lejana, sino una realidad que transforma cómo vivimos hoy.
Contexto Biblico
El Evangelio de Mateo fue escrito principalmente para judíos que habían aceptado a Jesús como el Mesías, pero que necesitaban entender cómo encajaba todo en las promesas del Antiguo Testamento. Mateo, un cobrador de impuestos convertido en discípulo, organizó su relato para mostrar que Jesús es el Rey prometido, el cumplimiento de las Escrituras. En el capítulo 24, justo antes de la crucifixión, Jesús se sienta en el Monte de los Olivos con sus discípulos, y ellos le preguntan: ‘Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo?’. Esa pregunta, tan humana y tan urgente, abre una de las enseñanzas más profundas sobre el futuro.
Para los colombianos que crecimos escuchando sermones sobre el fin del mundo, este capítulo nos resulta familiar, pero a veces lo hemos malinterpretado. Jesús no está dando un cronograma exacto ni alimentando el miedo; está preparando a sus seguidores para vivir con fidelidad en medio de la incertidumbre. El contexto histórico incluye la inminente destrucción del templo de Jerusalén en el año 70 d.C., un evento que los primeros cristianos vieron como un anticipo del juicio final. Pero Jesús va más allá y conecta esa catástrofe local con su regreso glorioso al final de los tiempos.
En el capítulo 24 de Mateo, encontramos el Discurso del Monte de los Olivos, donde Jesús mezcla profecías sobre Jerusalén con señales cósmicas y advertencias prácticas. Es un texto denso, lleno de imágenes apocalípticas como guerras, terremotos y falsos profetas, pero también está lleno de consuelo: ‘El que persevere hasta el fin, será salvo’. Para nosotros, que vivimos en un país con tanta violencia e incertidumbre, esa promesa de perseverancia nos habla directo al alma. No se trata de calcular fechas, sino de mantener la fe firme.
La Historia
Imagínese la escena: Jesús sale del templo de Jerusalén, ese edificio imponente que los judíos consideraban el centro del mundo. Sus discípulos, admirados, le muestran las piedras enormes y las ofrendas. Pero Jesús les suelta una bomba: ‘¿Veis todo esto? De cierto os digo que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada’. Ellos se quedan helados, porque para un judío el templo era la casa de Dios. Así que cuando llegan al Monte de los Olivos, Pedro, Santiago, Juan y Andrés se le acercan en privado y le preguntan cuándo pasará eso y cuál será la señal de su venida.
Jesús no les da una fecha, sino que les advierte: ‘Mirad que nadie os engañe’. Les habla de guerras, rumores de guerras, hambres, pestes y terremotos, pero les dice que eso es solo el comienzo de los dolores, como los de parto. Luego menciona la persecución que vendrá contra sus seguidores: los entregarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas, los llevarán ante gobernantes por causa de su nombre. ¿Suena duro, verdad? Pero Jesús les asegura que el Espíritu Santo les dará las palabras para defender su fe, y que el que persevere hasta el fin será salvo.
La historia se pone más intensa cuando Jesús habla de la abominación desoladora, una referencia al profeta Daniel, que para los primeros cristianos se cumplió cuando el ejército romano rodeó Jerusalén. Les dice que huyan a las montañas sin mirar atrás, porque será un tiempo de tribulación como nunca ha habido. Pero en medio de ese caos, Jesús promete que por amor a los escogidos, esos días serán acortados. Es un mensaje de esperanza: Dios no abandona a los suyos, incluso en el peor momento.
Luego viene lo que todos esperamos: ‘Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria’. Jesús describe cómo enviará a sus ángeles con trompeta para reunir a sus escogidos desde los cuatro vientos. Esa imagen es poderosa, como un padre que busca a sus hijos en medio de la tormenta. Después, usando la parábola de la higuera, les dice que cuando vean estas señales, sepan que el verano está cerca, que su redención está a las puertas.
Jesús termina con una advertencia clara: ‘Pero de aquel día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino solo mi Padre’. Nos cuenta la historia de Noé, donde la gente comía y bebía hasta que llegó el diluvio y los llevó a todos. Así será la venida del Hijo del Hombre: dos hombres estarán en el campo, uno será tomado y el otro dejado; dos mujeres moliendo, una tomada y la otra dejada. Por eso Jesús nos llama a velar, porque no sabemos a qué hora va a llegar nuestro Señor. Es una historia que nos pone alerta, pero no con miedo, sino con la confianza de estar listos para recibir al Rey.
Significado Teologico
La venida del Hijo del Hombre en Mateo 24 no es solo un evento futuro; es la culminación del plan de redención de Dios. Jesús usa este título, ‘Hijo del Hombre’, que viene de Daniel 7, para mostrar que él es el Mesías soberano que recibe el reino eterno. Esto significa que la historia no es un ciclo sin sentido, sino que avanza hacia un propósito: la restauración completa de la creación y el juicio justo. Para nosotros los colombianos, que a veces sentimos que el mal gana en las noticias, esta promesa nos recuerda que Dios tiene la última palabra y que la justicia finalmente llegará.
Otro punto clave es que Jesús enfatiza más la preparación que la especulación. Él no quiere que nos obsesionemos con calcular señales, sino que vivamos cada día como si fuera el último, amando a Dios y al prójimo. La parábola del siervo fiel y el malo, que viene después en el capítulo 24, nos muestra que la diferencia está en cómo administramos lo que Dios nos ha dado. El siervo fiel alimenta a los de su casa, mientras que el malo golpea a sus compañeros y se emborracha. La venida del Señor revela el corazón de cada persona, y eso nos llama a la responsabilidad.
Además, la teología de Mateo conecta la venida de Cristo con la esperanza de la resurrección. Cuando Jesús regrese, los muertos en Cristo resucitarán y los vivos serán transformados. Esto no es una fantasía, es el fundamento de nuestra fe. En un país donde la muerte está tan presente, desde la violencia hasta las enfermedades, saber que la muerte no tiene la última palabra nos da una paz que sobrepasa todo entendimiento. La venida del Hijo del Hombre es la victoria definitiva sobre el pecado y la muerte, y eso cambia cómo enfrentamos cada lucha.
Lecciones para Hoy
En medio del tráfico de Bogotá, las filas del banco o las dificultades económicas, la lección más grande de Mateo 24 es que debemos vivir con los ojos abiertos y el corazón despierto. Jesús nos dice que no nos dejemos engañar por falsos profetas ni por el pánico colectivo. En Colombia, hemos visto tantas veces a gente que anuncia fechas para el fin del mundo y solo siembran confusión. La verdadera sabiduría está en confiar en la Palabra de Dios y en no aferrarnos a las cosas materiales, porque todo pasará, pero la Palabra de Dios permanece para siempre.
Otra lección práctica es la importancia de la comunidad. Jesús no nos llama a esperar solos, sino a velar unos por otros, a animarnos y a compartir el evangelio. En una época donde el individualismo nos separa, la iglesia local es el lugar donde nos preparamos juntos para la venida del Señor. Así como los primeros cristianos se reunían en casas para orar y partir el pan, nosotros necesitamos espacios donde podamos crecer en la fe y recordarnos mutuamente que nuestra esperanza está en Cristo, no en las circunstancias.
Finalmente, la venida del Hijo del Hombre nos impulsa a la acción. No se trata de quedarnos mirando al cielo, sino de ser luz en medio de la oscuridad. Jesús dijo que el evangelio del reino sería predicado en todo el mundo como testimonio, y entonces vendrá el fin. Eso significa que cada uno de nosotros tiene un papel que jugar: compartir el amor de Dios, ayudar al necesitado, perdonar al que nos ofende. La espera no es pasiva, es activa, y cada buen gesto que hacemos es una semilla del reino que está por venir.
Preguntas Frecuentes
¿Cuándo va a suceder la venida del Hijo del Hombre según Mateo 24?
Jesús fue muy claro: nadie sabe el día ni la hora, ni siquiera los ángeles, solo el Padre. Por eso, en lugar de especular con fechas, lo mejor es vivir siempre preparados, obedeciendo a Dios y amando al prójimo. En Colombia, muchos han caído en la trampa de seguir a profetas que anuncian fechas, pero la Biblia nos advierte que eso es peligroso. Lo importante no es cuándo, sino cómo estamos viviendo hoy.
¿Qué señales debemos esperar antes de la venida de Cristo?
Jesús menciona guerras, hambres, terremotos, persecuciones y falsos profetas, pero dice que esas son solo el principio de los dolores. También habla de la predicación del evangelio en todo el mundo. En nuestro contexto colombiano, vemos muchas de estas cosas, pero no debemos alarmarnos ni pensar que ya es el fin. Cada generación ha visto señales, y lo importante es mantener la fe firme y no dejarse engañar por el miedo o las modas apocalípticas.
¿Qué significa ‘ser tomado’ y ‘ser dejado’ en Mateo 24:40-41?
Esta es una de las partes más debatidas. Algunos interpretan que ‘ser tomado’ significa ser llevado al cielo en el arrebatamiento, mientras que otros creen que se refiere a ser llevado al juicio. En el contexto de Mateo, Jesús está hablando de un evento repentino que separa a los que están preparados de los que no. Lo más importante no es la interpretación técnica, sino la advertencia de estar alerta y vivir en santidad, porque nadie sabe cuándo llegará el momento.
