¿Alguna vez te has preguntado cómo fue que un carpintero de Nazaret, rodeado de pescadores, recaudadores de impuestos y hombres comunes, logró cambiar el rumbo de la historia? Pues bien, la elección de los doce apóstoles no fue un simple sorteo ni una decisión al azar, sino un acto profundo de propósito divino. En el Evangelio de Marcos, capítulo 3, versículos 13 al 19, encontramos el relato de cómo Jesús subió a un monte, llamó a los que él quiso, y los designó para estar con él y para enviarlos a predicar. Esta historia, tan sencilla pero tan poderosa, nos muestra que Dios no busca perfectos, sino disponibles.
Contexto Biblico
Para entender bien la elección de los doce apóstoles, tenemos que meternos en los zapatos de un judío del siglo primero, y más específicamente, de un colombiano que lee la Biblia hoy. El Evangelio de Marcos, escrito por Juan Marcos, un discípulo de Pedro, es el más corto y el más dinámico de los cuatro evangelios, y está lleno de acción, como si fuera una serie de Netflix. Para cuando llegamos al capítulo 3, Jesús ya había sido bautizado, había vencido las tentaciones en el desierto, había llamado a los primeros discípulos (Simón, Andrés, Santiago y Juan), y había sanado a un hombre con una mano seca en plena sinagoga, lo que ya le había ganado la enemistad de los fariseos.
La situación social y religiosa en Israel era tensa, como un caldero a punto de reventar. Los romanos ocupaban la tierra, los líderes religiosos imponían cargas pesadas sobre el pueblo, y la gente común andaba como ovejas sin pastor, buscando esperanza. En ese contexto, Jesús no solo enseñaba con autoridad, sino que realizaba milagros que dejaban a todos boquiabiertos. La fama de Jesús se había extendido por toda Galilea, y multitudes llegaban de todas partes, incluso de Jerusalén, Idumea, del otro lado del Jordán y de Tiro y Sidón. Era un momento crucial, y Jesús necesitaba un equipo, no para hacer su trabajo, sino para continuar su misión después de que él se fuera.
El monte al que Jesús subió no era cualquier cerro, sino un lugar de encuentro con el Padre, un espacio de oración y decisión. En la cultura judía, los montes eran lugares sagrados donde Dios se revelaba, como el Monte Sinaí para Moisés. Al subir al monte, Jesús nos enseña que las decisiones importantes no se toman a la carrera, sino en la presencia de Dios. Además, el número doce no es casual: representa a las doce tribus de Israel, simbolizando que Jesús venía a restaurar y reunir al pueblo de Dios. Así que, desde el principio, la elección de los apóstoles tenía un significado profundo de restauración y nuevo comienzo.
La Historia
Imagínate la escena: Jesús sube al monte, y no va solo, sino que llama a sus discípulos, a ese grupo de seguidores que ya habían dejado sus redes y sus puestos de impuestos para seguirlo. La Biblia dice que ‘llamó a los que él quiso’, y ellos vinieron a él. Esto es clave: no fue porque ellos fueran los más inteligentes, los más ricos o los más santos, sino porque Jesús, en su soberanía, los escogió. En un mundo donde hoy todos hablan de ‘elige tu propia aventura’, aquí vemos que la iniciativa es de Dios. Los discípulos no postularon su hoja de vida ni hicieron una entrevista; simplemente respondieron al llamado.
Una vez que estuvieron reunidos, Jesús designó a doce de ellos para que fueran sus apóstoles, una palabra que viene del griego ‘apostolos’, que significa ‘enviado’. No los escogió para que fueran gerentes de una multinacional ni para que tuvieran una vida fácil, sino para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar. Fíjate en el orden: primero, ‘estar con él’. Antes de hacer, hay que ser. Antes de predicar, hay que conocer. Antes de ir, hay que estar. Esto es una lección enorme para nosotros, que a veces queremos correr a hacer cosas para Dios sin pasar tiempo con Dios.
Los nombres de los doce son una mezcla variopinta: Simón, a quien Jesús llamó Pedro (la Roca); Santiago y Juan, los hijos del trueno, a los que Jesús apodó ‘Boanerges’; Andrés, el hermano de Pedro; Felipe; Bartolomé; Mateo, el recaudador de impuestos (un odiado por el pueblo); Tomás, el que luego dudaría; Santiago, el hijo de Alfeo; Tadeo; Simón el Zelote (un nacionalista radical); y Judas Iscariote, el que después lo traicionaría. ¿Te imaginas? En el equipo de Jesús había un cobrador de impuestos (considerado traidor por colaborar con Roma) y un zelote (que quería matar a los romanos). Eran enemigos naturales, pero Jesús los puso juntos. Esto nos muestra que en el Reino de Dios, las diferencias políticas y sociales se disuelven cuando hay un propósito común.
Marcos no nos da muchos detalles de lo que pasó en ese monte, pero podemos imaginar la solemnidad del momento. Jesús oró toda la noche, según Lucas nos cuenta, y luego, al amanecer, llamó a sus discípulos y escogió a los doce. No fue un acto improvisado, sino una decisión tomada en la intimidad con el Padre. Los apóstoles no eran perfectos; Pedro negaría a Jesús, Tomás dudaría, y Judas lo traicionaría. Pero Jesús los escogió así, con sus defectos y todo, porque el poder no está en ellos, sino en el que los envía. Es como cuando en una finca colombiana, el dueño escoge a los trabajadores no por su fuerza, sino porque confía en ellos para la cosecha.
Después de la elección, Jesús bajó del monte y se encontró con una multitud enorme, y comenzó a sanar y a enseñar. Los apóstoles estaban ahí, aprendiendo de primera mano cómo se hace el ministerio. No era teoría, era práctica. Jesús los llevó a la acción, y ellos vieron cómo el poder de Dios se manifestaba a través de él. Esta historia, aunque corta, es el fundamento de la iglesia cristiana. Sin estos doce hombres, no tendríamos el Nuevo Testamento, ni la predicación del evangelio que llegó hasta nosotros en Colombia hoy.
Significado Teologico
Desde el punto de vista teológico, la elección de los doce apóstoles marca el inicio de un nuevo Israel. Así como Dios escogió a las doce tribus para ser su pueblo en el Antiguo Testamento, ahora Jesús escoge a doce hombres para ser el núcleo de su iglesia. No es que Dios haya desechado a Israel, sino que está formando un remanente fiel que llevará el mensaje de salvación a todas las naciones, incluyendo a nosotros los colombianos. Además, el hecho de que Jesús los haya llamado ‘para que estuvieran con él’ revela que el discipulado no es solo una tarea, sino una relación. La teología de Marcos es práctica: conocer a Jesús es el primer paso para servirle.
Otro punto teológico profundo es la inclusión de Judas Iscariote. Si Jesús sabía que Judas lo iba a traicionar, ¿por qué lo escogió? Esto nos habla de la soberanía de Dios y de la libertad humana. Dios no fuerza a nadie a amarlo, sino que respeta nuestras decisiones, aunque sean malas. Judas tuvo las mismas oportunidades que los demás, vio los mismos milagros, escuchó las mismas enseñanzas, pero su corazón se endureció. Esto es una advertencia para nosotros: no basta con estar cerca de Jesús; hay que tener un corazón dispuesto a seguirlo de verdad. La elección de Judas también muestra que incluso en medio del fracaso, Dios tiene un plan redentor, porque la traición de Judas llevó a la cruz, y la cruz llevó a la resurrección.
Además, el hecho de que Jesús haya escogido a personas comunes y corrientes, como pescadores y recaudadores de impuestos, nos enseña que Dios no mira las apariencias ni los títulos. En un mundo que valora el éxito, la fama y el poder, Jesús elige a los que el mundo desprecia. Esto es un mensaje de esperanza para todos los que se sienten insuficientes: si Dios pudo usar a Pedro, un impulsivo que negó a Jesús, o a Mateo, un ladrón de impuestos, entonces puede usarte a ti también. La teología de Marcos es una teología de la gracia, donde el llamado de Dios no depende de nuestros méritos, sino de su amor.
Lecciones para Hoy
Para nosotros, los colombianos de hoy, esta historia tiene lecciones muy prácticas. Primero, que el llamado de Dios no es para unos pocos ‘supercristianos’, sino para todos los que están dispuestos a seguir a Jesús. Tal vez no te van a nombrar apóstol, pero sí tienes un llamado a estar con Jesús y a ser testigo de él en tu trabajo, en tu casa, en la universidad o en la esquina del barrio. No necesitas ser un teólogo ni un predicador famoso; solo necesitas estar disponible. Como dice el dicho popular, ‘Dios no busca capacitados, sino disponibles’. Jesús no buscó a los más talentosos; buscó a los que quisieran estar con él.
Segundo, la importancia de la comunidad. Jesús no llamó a doce individuos aislados, sino a un equipo. En un país como Colombia, donde a veces somos muy individualistas y desconfiados, la iglesia debe ser un lugar de unidad, donde las diferencias se superan por amor a Cristo. Así como Pedro y Mateo, el pescador y el publicano, aprendieron a trabajar juntos, nosotros debemos aprender a dejar de lado nuestras rencillas políticas, sociales y personales para avanzar en el propósito de Dios. La iglesia no es un club de perfectos, sino un hospital de pecadores que se ayudan mutuamente a sanar.
Tercero, la oración precede a la acción. Jesús subió al monte a orar antes de tomar una decisión tan importante. En nuestra vida diaria, a menudo tomamos decisiones apresuradas, sin consultar a Dios. Esta historia nos recuerda que debemos buscar a Dios en oración antes de elegir un trabajo, una pareja, o incluso antes de decidir a qué iglesia asistir. La oración no cambia a Dios, nos cambia a nosotros, y nos alinea con su voluntad. Así que, la próxima vez que tengas una decisión difícil, haz como Jesús: sube al monte (metafóricamente) y ora antes de actuar.
Preguntas Frecuentes
¿Por qué Jesús escogió a doce apóstoles y no a once o trece?
El número doce tiene un significado simbólico muy fuerte en la Biblia. Representa a las doce tribus de Israel, el pueblo escogido de Dios en el Antiguo Testamento. Al escoger a doce apóstoles, Jesús estaba indicando que él venía a restaurar y reunir al pueblo de Dios, y que su iglesia sería el nuevo Israel espiritual. Además, el número doce aparece en el Apocalipsis como el fundamento de la Nueva Jerusalén, con doce puertas y doce ángeles. Así que no es un número al azar, sino una señal de que Dios está haciendo algo nuevo y completo.
¿Qué pasó con los doce apóstoles después de la resurrección de Jesús?
Después de la resurrección y ascensión de Jesús, los apóstoles se convirtieron en los pilares de la iglesia primitiva. Judas Iscariote, que se ahorcó después de traicionar a Jesús, fue reemplazado por Matías (Hechos 1:15-26). Los demás apóstoles, según la tradición, predicaron el evangelio en diferentes partes del mundo. Pedro fue crucificado cabeza abajo en Roma, Santiago (hijo de Zebedeo) fue muerto a espada por Herodes, Juan fue desterrado a la isla de Patmos, y Tomás llevó el evangelio hasta la India. Todos, excepto Juan, murieron como mártires, dando testimonio de que Jesús es el Hijo de Dios. Su legado sigue vivo en la iglesia hoy.
¿Puedo ser un apóstol hoy en día como los doce?
En el sentido estricto del término, los doce apóstoles fueron testigos oculares de la resurrección de Jesús y fueron escogidos directamente por él para fundar la iglesia. Por eso, no hay apóstoles en ese mismo sentido hoy. Sin embargo, la palabra ‘apóstol’ significa ‘enviado’, y en un sentido más amplio, todos los creyentes somos enviados por Jesús a predicar el evangelio y a hacer discípulos. En la iglesia actual, hay personas con el don de apostolado, que son misioneros y plantadores de iglesias que llevan el mensaje de Cristo a lugares donde no ha llegado. Así que, aunque no seas uno de los doce, sí puedes tener un llamado apostólico en tu contexto.
