Usted sabe que cuando uno no puede oír ni hablar, el mundo se vuelve un lugar bien solitario. En Colombia, donde nos gusta charlar y hacer bulla, imagínese no poder escuchar el canto de los pájaros ni decirle a su mamá que la quiere. Pues en la Biblia hay una historia que toca el alma: Jesús sana a un sordomudo, y no es solo un milagro físico, es una muestra de que Dios nos entiende hasta en el silencio más profundo. Vamos a ver qué pasó y cómo esto le habla hoy a su corazón.
Contexto Bíblico
El milagro de la sanación del sordomundo aparece en el Evangelio de Marcos, capítulo 7, versículos 31 al 37. Para entenderlo mejor, hay que ubicarse en la región de Decápolis, una zona de diez ciudades al este del río Jordán, donde vivían muchos gentiles, es decir, personas que no eran judías. Jesús acababa de estar en Tiro y Sidón, territorios paganos, y regresa por la región de Galilea. Esto es clave porque muestra que su ministerio no se limitaba a los judíos, sino que abrazaba a todos los pueblos, algo que en esa época era muy escandaloso para los fariseos.
En el capítulo 7 de Marcos, justo antes de este milagro, Jesús había tenido un fuerte enfrentamiento con los fariseos y escribas sobre las tradiciones y la pureza ritual. Ellos criticaban a los discípulos por comer sin lavarse las manos, pero Jesús les recordó que lo que contamina al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale del corazón. Después de esta enseñanza tan dura, Jesús se retira a territorio gentil, y allí se encuentra con este hombre que no podía oír ni hablar. El contraste es brutal: mientras los religiosos discutían por purificaciones externas, Jesús se acerca a un necesitado real.
Además, hay que considerar que en la cultura judía, las personas con discapacidades físicas a menudo eran marginadas y consideradas impuras o castigadas por el pecado. Un sordomundo no solo sufría la limitación física, sino también la exclusión social y religiosa. No podía participar plenamente en las oraciones del templo ni en las conversaciones de la comunidad. Este contexto nos ayuda a valorar aún más la compasión de Jesús, que no solo restaura su oído y su lengua, sino que lo reintegra a la sociedad con dignidad.
La Historia
La narración comienza diciendo que ‘le trajeron un sordomudo, y le rogaron que pusiera la mano sobre él’ (Marcos 7:32). Fíjese que no fue el hombre quien buscó a Jesús, sino sus amigos o familiares. Esto nos habla de una comunidad que intercede por el que no puede pedir por sí mismo. En Colombia, eso es muy común: cuando alguien está enfermo, la familia entera se une, reza y busca ayuda. Estos hombres tenían fe, y sabían que Jesús podía hacer algo. No vinieron con dudas, vinieron con una petición concreta: ‘ponle la mano’.
Jesús, en lugar de hacer un show o predicar un sermón, tomó al hombre aparte, lejos de la multitud. Esto es hermoso porque muestra la delicadeza de Jesús. El sordomundo seguramente estaba nervioso, expuesto al público, pero Jesús lo separa para darle intimidad. Luego, metió sus dedos en los oídos del hombre, escupió y tocó su lengua. Estos gestos pueden parecer extraños para nosotros hoy, pero en ese tiempo eran acciones que transmitían poder sanador. Jesús usó el lenguaje corporal que el hombre podía entender, porque no podía oír palabras de consuelo.
Entonces Jesús miró al cielo, suspiró profundamente y dijo: ‘Efata’, que significa ‘Sé abierto’. Ese suspiro no es casualidad: es la expresión del dolor de Dios ante el sufrimiento humano. Jesús no solo pronuncia una palabra mágica, sino que se conecta con el Padre y gime con compasión. Al instante, los oídos del hombre se abrieron, su lengua se soltó y comenzó a hablar claramente. Imagínese el asombro de todos: alguien que nunca había escuchado ni hablado, de repente balbucea, luego grita, y finalmente dice palabras completas. La gente no podía creerlo.
Lo más impactante es que Jesús les ordenó que no contaran esto a nadie, pero ellos, llenos de gozo, no podían callarse. Mientras más les prohibía, más lo proclamaban. Esto es típico del Evangelio de Marcos, donde Jesús a menudo pide silencio sobre su identidad mesiánica para evitar malentendidos políticos. Pero la gente estaba tan maravillada que decían: ‘Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos’. Esta frase es una cita directa del profeta Isaías (35:5-6), mostrando que Jesús estaba cumpliendo las promesas del Antiguo Testamento sobre la llegada del Mesías.
Significado Teológico
Este milagro no es solo una anécdota bonita, sino que tiene un profundo significado teológico. En primer lugar, la palabra ‘Efata’ (sé abierto) es una orden de creación. Así como Dios dijo ‘Sea la luz’ en Génesis, Jesús pronuncia una palabra poderosa que restaura la creación caída. El sordomundo representa a toda la humanidad que está espiritualmente sorda y muda: sorda para escuchar la voz de Dios, y muda para alabarlo y proclamar su verdad. Jesús viene a abrir nuestros oídos espirituales y soltar nuestra lengua para que hablemos de su amor.
Además, el hecho de que Jesús suspire y mire al cielo nos recuerda que la sanación no es un truco mágico, sino una conexión íntima con el Padre. Jesús es el mediador entre Dios y los hombres, y su compasión es la puerta para la restauración. En un mundo donde la gente busca soluciones rápidas y fórmulas vacías, este milagro nos enseña que la verdadera sanación viene de una relación personal con Cristo, que se duele con nuestro dolor y actúa con poder.
Finalmente, la reacción de la multitud diciendo ‘Todo lo ha hecho bien’ es una declaración teológica poderosa. En el relato de la creación en Génesis, Dios ve todo lo que había hecho y declara que era ‘bueno en gran manera’. Jesús, al sanar, está restaurando la bondad original de la creación. El sordomundo, que antes era una ‘imperfección’ en la creación, ahora es restaurado a su diseño original. Esto nos da esperanza de que Dios no ha terminado con nosotros; él sigue haciendo nuevas todas las cosas.
Lecciones para Hoy
Para nosotros los colombianos, que vivimos en un país donde muchas veces nos sentimos sordos a la voz de Dios en medio del ruido de la violencia, la corrupción y las dificultades diarias, esta historia nos invita a buscar a Jesús con fe. Así como los amigos trajeron al sordomudo, nosotros podemos traer a nuestros seres queridos ante el Señor en oración. No importa si la situación parece imposible, porque Jesús sigue teniendo el mismo poder hoy que hace dos mil años. La fe de otros puede mover la mano de Dios.
Otra lección es que Jesús nos trata con ternura y personalmente. Él no nos ve como un número o un caso más; nos toma aparte, nos mira, suspira por nosotros y nos toca en nuestras áreas de necesidad. Muchas veces sentimos que nadie nos entiende, que estamos solos en nuestro sufrimiento, pero Jesús se acerca a nuestro silencio y dice ‘Sé abierto’. Él quiere abrir nuestros oídos para escuchar su Palabra y soltar nuestra lengua para testificar de su amor, para perdonar, para bendecir a otros.
Finalmente, no podemos quedarnos callados. La gente en la historia no pudo contener el gozo, y nosotros tampoco deberíamos. En un país donde la gente necesita esperanza, cada colombiano que ha experimentado el toque de Jesús está llamado a proclamar que ‘todo lo ha hecho bien’. No se trata de ser perfectos, sino de contar lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. Usted puede ser la voz de alguien que aún no puede hablar, y el oído de alguien que no puede escuchar. Ese es el verdadero milagro de la comunidad de fe.
Preguntas Frecuentes
¿Por qué Jesús usó saliva y tocó al sordomudo?
En el mundo antiguo, la saliva a veces se asociaba con propiedades curativas, pero Jesús no necesitaba métodos mágicos. Él usó estos gestos físicos para comunicarse con el hombre que no podía oír. Al tocar sus oídos y su lengua, Jesús le mostró que iba a sanar esas partes específicas. Además, al usar un medio tangible, Jesús se conectó con la fe del hombre y de los presentes, adaptándose a su nivel de comprensión. El poder no estaba en la saliva, sino en la autoridad de Cristo.
¿Qué significa la palabra ‘Efata’ que dijo Jesús?
‘Efata’ es una palabra aramea que significa literalmente ‘sé abierto’ o ‘ábrete’. Jesús la pronunció en el idioma cotidiano de la gente, lo que hace el milagro aún más cercano. Esta palabra es un mandato de creación que abre lo que estaba cerrado: los oídos del sordomudo y, simbólicamente, nuestro corazón para recibir a Dios. La Iglesia primitiva usaba esta palabra en el bautismo como parte del rito de apertura de los sentidos espirituales.
¿Por qué Jesús pidió silencio después del milagro?
En el Evangelio de Marcos, Jesús a menudo ordena silencio sobre sus milagros para evitar que la gente lo vea solo como un hacedor de prodigios y no como el Mesías sufriente. También quería evitar una reacción política que lo forzara a ser un rey terrenal antes de tiempo. Sin embargo, la gente desobedeció porque estaban tan asombrados que no podían callar. Esto nos enseña que el gozo del evangelio es tan grande que desborda cualquier orden humana.
