Mire, usted sabe que cuando uno va a la iglesia a veces escucha hablar de dones espirituales y se queda pensando: ¿será que yo tengo alguno? No se preocupe, eso le pasa a todo colombiano creyente que quiere servirle a Dios pero no sabe por dónde empezar. La Biblia nos da una orden clara: ‘procurad los dones espirituales’, y eso no es un simple consejo, es un mandato que puede transformar su vida y la de su comunidad. En este artículo vamos a desmenuzar qué significan esos dones, cómo conseguirlos y por qué son tan importantes hoy en día en nuestro contexto colombiano.
Contexto Biblico
Para entender bien qué significa ‘procurad los dones espirituales’, tenemos que meternos en el calzado de los corintios del siglo primero. La iglesia en Corinto era un desorden bendito: había gente que hablaba lenguas sin control, otros se sentían más espirituales que los demás, y algunos hasta se burlaban de los que tenían dones diferentes. Pablo, como buen papá espiritual, les escribe esta carta para poner orden, pero no desde el regaño seco, sino desde el amor que edifica. En 1 Corintios 12, 13 y 14, el apóstol dedica tres capítulos completos al tema de los dones, mostrando que no son un adorno, sino herramientas para servir.
La palabra ‘procurad’ viene del griego ‘zeloo’, que significa tener celo, desear ardientemente, buscar con pasión. No es que uno se siente a esperar que caiga un don del cielo como si fuera un chance de la lotería. Es una búsqueda activa, como cuando usted sale a conseguir trabajo o a enamorar a alguien: pone empeño, ora, se prepara y actúa. Pablo no está diciendo que todos tengamos que tener el mismo don, sino que cada uno descubra el suyo y lo ponga al servicio de los demás, como en un cuerpo donde cada parte es necesaria.
Además, el contexto cultural de Corinto era parecido al nuestro en Colombia: una sociedad diversa, con mucha mezcla de religiones, filosofías y costumbres. Había gente que venía del paganismo y llegaba a la iglesia con ideas raras sobre lo espiritual. Por eso Pablo insiste en que los dones no son para lucirse, sino para edificar a la comunidad. Así como acá vemos iglesias que se pelean por si el don de lenguas es el máximo o si la profecía es mejor, los corintios también tenían sus pleitos. La solución de Pablo es simple: el amor es el camino más excelente.
La Historia
Imagínese a la iglesia de Corinto reunida un domingo en la casa de Gayo, que era el anfitrión. La sala estaba llena de creyentes de toda clase: esclavos y libres, ricos y pobres, judíos y gentiles. De repente, alguien se levanta y empieza a hablar en una lengua que nadie entiende. Otro se para y dice: ‘Dios me mostró que viene una persecución’. Un tercero comienza a interpretar lo que dijo el primero. Y así, todo era un revoltijo de voces y emociones. Algunos aplaudían, otros se sentían excluidos porque no entendían nada, y los visitantes pensaban que estaban locos.
Entre la multitud estaba un hermano llamado Estéfanas, que era de los primeros convertidos en Acaya. Él veía el desorden y se preocupaba porque la gente no estaba siendo edificada. Entonces recordó las palabras de Pablo cuando los visitó: ‘Todo sea para edificación’. Pero algunos líderes locales, como Apolos, que era elocuente, y algunos profetas viajeros, tenían sus propias ideas. Un grupo decía que el don de lenguas era la señal máxima del Espíritu, y menospreciaban a los que no lo tenían. Otros decían que la profecía era mejor porque se entendía. La tensión crecía.
Pablo, desde Éfeso, se enteró de todo por los de la familia de Cloé, que le mandaron razón. Entonces tomó su pluma y papiro y escribió con corazón de padre. Les dijo que los dones son para el bien común, no para el ego. Comparó la iglesia con un cuerpo humano: el ojo no puede decirle a la mano ‘no te necesito’, ni la cabeza a los pies ‘ustedes no son importantes’. Cada don, por pequeño que parezca, es vital. Y les recordó que el amor es el pegamento que une todo, porque sin amor, hasta el don más espectacular es como un ruido molesto.
La carta llegó a Corinto y la leyeron en voz alta. Hubo silencio al principio, luego algunos se sintieron ofendidos, pero muchos entendieron que Pablo tenía razón. Empezaron a valorar más la unidad que el show espiritual. Los que tenían dones de liderazgo se pusieron de acuerdo para que en las reuniones hablaran máximo dos o tres en lenguas, y siempre con intérprete. Los profetas aprendieron a discernir y a no interrumpirse. Y los que no tenían dones visibles se sintieron parte importante del cuerpo. La iglesia comenzó a crecer en madurez y amor.
Hoy, esa historia se repite en muchas congregaciones colombianas. Usted ha visto iglesias donde todo es gritos y emociones, pero poca edificación real. O iglesias tan frías que parecen una funeraria. La lección de Corinto es que los dones no son para competir, sino para complementarse. Cuando cada creyente busca su don y lo usa con amor, la iglesia se convierte en un lugar donde la gente encuentra sanidad, dirección y propósito.
Significado Teologico
El apóstol Pablo no inventó los dones espirituales; él los entendió como manifestaciones del Espíritu Santo para cumplir la misión de Dios en la tierra. En 1 Corintios 12:4-6, dice que hay diversidad de dones, pero el mismo Espíritu; diversidad de ministerios, pero el mismo Señor; y diversidad de operaciones, pero el mismo Dios que hace todo en todos. Esto significa que la Trinidad está involucrada en repartir los dones, y que no hay un don superior a otro, sino que todos vienen de la misma fuente y tienen el mismo propósito: edificar la iglesia.
Teológicamente, el concepto de ‘procurad’ implica que el creyente tiene responsabilidad activa en el desarrollo de sus dones. No es pasividad, es cooperación con la gracia. Así como un músico no nace sabiendo tocar, sino que practica y se prepara, el creyente debe buscar, pedir, ayunar y someterse a la enseñanza para que el don se desarrolle. Además, Pablo establece que el amor es el criterio principal para evaluar el uso de los dones. En 1 Corintios 13, conocido como el capítulo del amor, dice que si tengo el don de profecía, fe para mover montañas y doy todo a los pobres, pero no tengo amor, de nada me sirve.
Otro punto teológico clave es que los dones no son para siempre en el sentido de que no son una posesión personal, sino un préstamo para servir. En la eternidad, cuando veamos a Dios cara a cara, los dones cesarán porque ya no serán necesarios. Pero mientras tanto, son herramientas para sembrar el Reino. En Colombia, donde hay tanta necesidad material y espiritual, los dones como la fe, la sanidad, el servicio y la enseñanza son urgentes para llevar esperanza a las comunidades.
Lecciones para Hoy
En la Colombia de hoy, donde hay tanta violencia, desigualdad y desesperanza, los dones espirituales son como un botiquín de primeros auxilios para el alma. Usted puede tener el don de la misericordia para visitar enfermos en un hospital de Bogotá, o el don de la enseñanza para dar clases bíblicas en una vereda de Antioquia. Lo importante es que no se quede con los brazos cruzados esperando que otro lo haga. ‘Procurad los dones espirituales’ significa que usted puede orar: ‘Señor, muéstrame cuál es mi don y dame la valentía para usarlo’. Y luego actuar.
Otra lección práctica es que los dones no son para competir. En muchas iglesias colombianas hay rivalidad: el que predica mejor, el que canta más bonito, el que ora más fuerte. Pero Pablo nos recuerda que todos somos necesarios. El que tiene el don de ayudar a los pobres es tan importante como el que predica. El que barre la iglesia con amor está edificando tanto como el que da una palabra profética. Deje de compararse y empiece a servir donde usted está. Su don puede ser pequeño a sus ojos, pero enorme para el Reino.
Finalmente, recuerde que los dones se desarrollan en comunidad. No espere tenerlo todo claro para empezar. En su grupo pequeño, en su célula, en su ministerio, pida oportunidades para servir. Si cree que tiene don de fe, ore por los enfermos. Si cree que tiene don de enseñanza, prepare un devocional para su familia. El Espíritu Santo va confirmando y puliendo el don a medida que usted lo usa. Y si se equivoca, no pasa nada; el amor cubre multitud de errores. Lo importante es que no deje de procurar.
Preguntas Frecuentes
¿Cómo sé cuál es mi don espiritual?
Para descubrir su don espiritual, empiece por orar y pedirle a Dios que le muestre. Luego, observe qué actividades le apasionan y en cuáles ve fruto: ¿le gusta enseñar, servir, animar, dar, liderar o tener misericordia? Pregúntele a su pastor o a hermanos de confianza qué ven en usted. También puede hacer pruebas de dones espirituales que hay en internet, pero recuerde que la confirmación viene cuando usted sirve y ve que otros son edificados. No se estrese, el Espíritu Santo no es un acertijo, sino un Padre que quiere guiarlo.
¿Los dones espirituales son para todos los cristianos?
Sí, según 1 Corintios 12:7, ‘a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para el bien común’. Todos los que han recibido a Cristo tienen al menos un don, pero no todos tienen el mismo. Así como en un cuerpo cada miembro tiene una función, en la iglesia cada creyente tiene un don específico. Si usted es creyente, tiene un don; solo necesita descubrirlo y usarlo. No se sienta menos si su don no es llamativo; el servicio humilde es tan valioso como la predicación poderosa.
¿Se pueden perder los dones espirituales?
Los dones espirituales no se pierden porque son un regalo de Dios, pero sí pueden quedar inactivos si no se usan. Es como un músculo que se atrofia si no lo ejercita. Si usted descuida su don, deja de orar, de servir y se aleja de la comunidad, ese don puede dormirse. Pero Dios no lo quita; siempre está disponible para reactivarlo cuando usted vuelve a buscarlo con corazón sincero. ‘Procurad los dones espirituales’ es un llamado a mantenerlos activos y en crecimiento.
