Mire, parce, la vida cristiana no es solo de ir a misa los domingos y ya. Es algo mucho más profundo, es un cambio de mentalidad que nos lleva a pensar como pensaba Jesús. En la carta a los Filipenses, el apóstol Pablo nos suelta una joya que nos invita a tener el mismo sentir de Cristo. ¿Se imagina usted cómo sería su vida si en cada situación, en cada conflicto, en cada decisión, usted pensara exactamente como pensaría Jesús? Eso no es un sueño imposible, es una realidad que Dios quiere construir en nosotros, y hoy vamos a desmenuzar ese pasaje para que lo aplique en su día a día.
Contexto Bíblico
Para entender bien este llamado a tener el sentir de Cristo, tenemos que meternos en los zapatos de Pablo cuando escribió la carta a los Filipenses. El apóstol no estaba en una situación cómoda, nada que ver. Él estaba preso, encadenado, esperando un juicio que podía costarle la vida. Pero en lugar de quejarse o amargarse, su corazón rebosaba de alegría y gratitud por la iglesia en Filipos, una comunidad que había nacido en medio de persecuciones y que se había mantenido firme en el evangelio.
Filipos era una colonia romana en Macedonia, una ciudad orgullosa de su ciudadanía romana. Los creyentes de allá vivían presionados por una cultura que exaltaba el ego, el poder y el estatus, muy parecido a lo que vivimos hoy en Colombia con el ‘todo el mundo quiere ser el más bacán’. Pablo, desde la cárcel, les escribe para animarlos a vivir de una manera que refleje el evangelio, no solo en las palabras, sino en la actitud del corazón. Y en el capítulo 2, versículos 1 al 11, les suelta el secreto: la unidad y la humildad nacen de tener la misma mente que Cristo Jesús.
El problema en Filipos no era solo externo, también había roces internos entre los mismos creyentes. Había dos señoras, Evodia y Síntique, que no se llevaban bien, y eso estaba afectando a toda la congregación. Pablo sabía que la solución no era echarles un sermón más, sino mostrarles el modelo supremo de humildad y servicio: Jesucristo. Por eso, en medio de la carta, hace una pausa y les presenta un himno cristológico, un canto que los primeros cristianos ya conocían, para recordarles que el camino hacia arriba en el Reino de Dios es hacia abajo, en servicio y amor.
La Historia
Imagínese la escena: Pablo, sentado en una celda oscura y fría, con cadenas en las muñecas, pero con una pluma en la mano y el corazón encendido por el Espíritu Santo. Él no está pensando en su propia libertad, sino en la salud espiritual de sus hijos en la fe. Mientras escribe, recuerda los días en Filipos, cuando él y Silas fueron golpeados y metidos en la cárcel, y cómo en la medianoche, en lugar de maldecir, alababan a Dios. Ese mismo sentir de Cristo los había sostenido, y ahora lo compartía con ellos.
La carta llega a manos de los filipenses, y cuando leen: ‘Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús’, se quedan callados, porque saben que Pablo no está hablando de teoría. Él está hablando de una vida vivida. Cristo, siendo Dios, no se aferró a su estatus, sino que se despojó, se vació a sí mismo, tomó forma de siervo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Eso es el sentir de Cristo: renunciar a los derechos propios por amor a los demás.
Piense en la presión social que había en Filipos. Ser ciudadano romano era un orgullo, la gente competía por honores y títulos. Y Pablo les dice: ‘Miren a Jesús, Él tenía todo el derecho de ser adorado como Dios, pero prefirió hacerse nada por ustedes’. Eso rompía todos los esquemas. La historia de Jesús no es la de un héroe que viene a conquistar con espada, sino la de un Rey que viene a lavar pies. Ese es el modelo que Pablo les pone enfrente, no para que lo admiren, sino para que lo imiten.
Y no solo eso, Pablo les recuerda que ese mismo Jesús, después de humillarse, fue exaltado por Dios hasta lo sumo, y le dio un nombre que está sobre todo nombre. La lección es clara: la humildad no es debilidad, es el camino a la verdadera exaltación. En una cultura donde todos quieren ser los primeros, el sentir de Cristo nos invita a ser los últimos, a servir, a poner al otro por encima de nosotros mismos. Eso no es fácil, parce, pero es la esencia del evangelio.
La historia no termina ahí. Pablo les dice que este sentir no es algo que ellos tengan que fabricar por sus propias fuerzas, sino que es el mismo Espíritu de Cristo obrando en ellos. Es como cuando uno se casa y con el tiempo empieza a pensar como su pareja, o cuando uno trabaja tanto con un jefe que ya sabe cómo va a reaccionar en cada situación. Así es con Cristo: mientras más pasamos tiempo con Él, más Su mente se vuelve nuestra mente.
Significado Teológico
El sentir de Cristo, en el original griego, es la palabra ‘phroneo’, que significa tener una mentalidad, una disposición, una manera de pensar que dirige las acciones. No es solo un sentimiento pasajero, es una orientación de vida. Cuando Pablo dice ‘haya en vosotros este sentir’, está hablando de una decisión consciente y continua de adoptar la perspectiva de Jesús en cada área de la vida. Esto implica una transformación radical del ego, porque el ego humano siempre busca su propio interés, pero el sentir de Cristo busca el interés del otro.
Teológicamente, este pasaje es fundamental porque revela la kenosis, el auto-vaciamiento de Cristo. Jesús no dejó de ser Dios cuando se hizo hombre, pero sí renunció voluntariamente a los privilegios de su deidad para vivir como siervo. Eso es asombroso: el Creador del universo se hizo criatura, el Rey se hizo súbdito, el Juez se hizo condenado. Y todo por amor. Ese es el modelo de humildad que Pablo presenta como base para la unidad de la iglesia. No podemos tener unidad si cada uno quiere imponer su opinión o su estatus.
Además, este pasaje nos muestra la doble naturaleza de Cristo: verdadero Dios y verdadero hombre. Él no fingió ser humano, realmente lo fue, con todas las limitaciones y sufrimientos. Y al final, su exaltación no es un premio por buen comportamiento, sino la vindicación de su obediencia. Para nosotros, esto significa que el camino de la humildad y el servicio no termina en la cruz, sino en la resurrección. Hay esperanza, hay victoria, pero solo si pasamos por el camino del servicio.
Lecciones para Hoy
En el día a día colombiano, tener el sentir de Cristo se traduce en acciones concretas. Por ejemplo, en la fila del banco cuando alguien se quiere colar, en el trancón cuando otro conductor se pone agresivo, en la casa cuando la pareja no está de acuerdo. El sentir de Cristo nos lleva a responder con gracia, a ceder el derecho, a buscar la paz antes que tener la razón. No es ser un ‘pendejo’, es ser sabio, porque sabemos que Dios ve el corazón y exalta al humilde.
Otra lección práctica es en el trabajo o en el ministerio. Muchas veces competimos por el reconocimiento, por el puesto, por el ‘like’. Pero Pablo nos dice: ‘nada hagáis por contienda o por vanagloria, antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo’. Eso no significa que usted sea menos, sino que valora al otro y lo pone primero. En una junta, en lugar de imponer su idea, escuche. En lugar de buscar su promoción, ayude a su compañero a brillar. Eso es tener el sentir de Cristo.
Finalmente, esta mentalidad nos protege del orgullo espiritual. A veces, después de años de iglesia, creemos que ya ‘llegamos’ y juzgamos a los que están empezando. Pero Jesús, siendo el Maestro, lavó los pies de sus discípulos. El sentir de Cristo nos mantiene con los pies en la tierra, serviciales, disponibles, amables. No importa si usted es pastor, líder o miembro nuevo, todos estamos llamados a imitar a Jesús en su humildad. Y cuando fallamos, porque fallamos, Su gracia nos levanta y nos invita a intentarlo de nuevo.
Preguntas Frecuentes
¿Qué significa exactamente ‘tener el mismo sentir de Cristo’?
Tener el mismo sentir de Cristo significa adoptar la mentalidad y la actitud que Jesús tuvo durante su vida terrenal. No es solo pensar como Él, sino también sentir y actuar como Él. Esto implica humildad, servicio, obediencia a Dios y amor sacrificial por los demás, poniendo sus necesidades por encima de las nuestras, así como Cristo se humilló a sí mismo por nosotros.
¿Cómo puedo desarrollar el sentir de Cristo en mi vida diaria?
Se desarrolla a través de la oración constante, el estudio de la Palabra y la comunión con otros creyentes. También requiere decisiones conscientes de ceder, perdonar y servir, incluso cuando es difícil. El Espíritu Santo es quien obra en nosotros para producir este sentir, así que mientras más nos sometemos a Él, más natural se vuelve pensar como Cristo en cada situación.
¿Es posible tener el sentir de Cristo en medio de conflictos o injusticias?
Sí, es posible, pero no es fácil. Jesús mismo enfrentó la mayor injusticia de la historia con amor y perdón. Tener Su sentir no significa ser pasivo o permitir el abuso, sino responder con sabiduría y gracia, buscando la reconciliación y confiando en que Dios es el justo Juez. En medio del conflicto, podemos orar pidiendo la mente de Cristo para no responder con ira sino con verdad y amor.
