Mire, usted sabe que en la vida hay momentos en que uno siente que todo se viene abajo, que el trabajo no da, que la familia tiene problemas, que la plata no alcanza. Pero justo ahí, en medio del afán y el ruido de la ciudad, la Biblia nos da una palmada en el hombro. El apóstol Pablo, escribiendo a los colosenses, nos recuerda algo que a veces se nos olvida: si hemos resucitado con Cristo, nuestra mirada tiene que cambiar. Ya no podemos vivir como si esto fuera todo, como si lo único que importara fuera lo que vemos, lo que tocamos o lo que nos duele. La invitación es clara: busque las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Y eso, hermano, no es un simple consejo bonito; es una orden de vida que transforma hasta la forma en que usted ve su propia realidad.
Contexto Bíblico
Para entender bien este versículo tan poderoso, tenemos que meternos en los zapatos de los colosenses. Colosas era una ciudad pequeña en lo que hoy es Turquía, pero eso no la hacía menos complicada. La iglesia de allá estaba recibiendo toda clase de enseñanzas raras: unos decían que para ser un buen cristiano había que seguir reglas judías, otros hablaban de ángeles y visiones, y algunos hasta mezclaban filosofías paganas con el evangelio. Pablo, preso en Roma, les escribe para poner las cosas en orden. Y no se anda con rodeos: lo primero que les dice es que Cristo es suficiente, que no necesitan más. El capítulo 3 de Colosenses arranca con un ‘por lo tanto’ que conecta todo lo que Pablo ya había dicho sobre la resurrección de Cristo y nuestra unión con Él.
Cuando Pablo dice ‘si habéis resucitado con Cristo’, no está hablando de un futuro lejano, sino de una realidad presente. Para él, cuando usted aceptó a Jesús, algo pasó en el mundo espiritual: usted murió al pecado y resucitó a una vida nueva. No es que usted vaya a resucitar algún día, es que ya resucitó. Claro, el cuerpo sigue aquí, pero el espíritu ya está vivo para Dios. Por eso el apóstol usa ese ‘si’ que en griego no es de duda, sino de afirmación. Es como si dijera: ‘ya que esto es cierto, entonces actúe en consecuencia’. Y esa consecuencia tiene nombre: buscar las cosas de arriba. Pero ojo, no se trata de andar con la cabeza en las nubes, sino de tener la brújula del corazón apuntando hacia el cielo.
El contexto histórico nos muestra que los colosenses estaban como muchos de nosotros hoy: confundidos, buscando seguridad en reglas, en tradiciones o en experiencias espirituales. Pablo les dice que eso no funciona. Lo que funciona es entender que usted ya está sentado con Cristo en los lugares celestiales. Eso cambia la perspectiva. Ya no es usted el que lucha solo, ya no es usted el que tiene que ganarse el favor de Dios. Usted ya está en Cristo, y desde esa posición puede vivir de manera diferente. Por eso el versículo 1 del capítulo 3 es tan clave: ‘Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba’. No es una sugerencia, es una instrucción basada en un hecho consumado.
La Historia
Imagínese a un hombre llamado Lucas, un colombiano como usted y como yo, que vivía en Cali y trabajaba en una ferretería del centro. Lucas había conocido a Cristo en una campaña evangelística, pero su vida no había cambiado tanto como él esperaba. Seguía con las mismas deudas, los mismos problemas en la casa, las mismas ganas de renunciar a todo. Un día, el pastor de su iglesia predicó sobre Colosenses 3, y Lucas sintió que le hablaban directo al corazón. ‘Si has resucitado con Cristo’, le dijo el pastor, ‘entonces deja de vivir como si todavía estuvieras muerto’. Esa noche, Lucas se arrodilló en su cuarto y le pidió a Dios que le enseñara a buscar las cosas de arriba.
Al principio, Lucas no sabía ni por dónde empezar. Él pensaba que buscar las cosas de arriba era solo ir a la iglesia los domingos y leer la Biblia de vez en cuando. Pero Dios le fue mostrando que era mucho más que eso. Una mañana, mientras organizaba los tornillos en la ferretería, un cliente llegó furioso porque un producto que había comprado estaba dañado. Lucas sintió que la rabia le subía por el pecho, pero en ese momento recordó las palabras de Pablo: ‘buscad las cosas de arriba’. Respiró hondo, le pidió a Dios paciencia, y en lugar de responder mal, le dijo al cliente: ‘Tranquilo, señor, lo arreglamos sin costo’. El cliente se quedó callado, y Lucas sintió una paz que no venía de él.
Con el tiempo, Lucas empezó a notar que su forma de ver la vida cambiaba. Ya no se desesperaba tanto cuando el negocio iba mal, porque sabía que su verdadero tesoro no estaba en la caja registradora. Empezó a orar en la mañana antes de salir de casa, no solo para pedir, sino para agradecer. Y algo curioso pasó: su esposa, que era escéptica con la religión, le dijo un día: ‘Usted está diferente, más tranquilo’. Lucas sonrió y le contó lo que había aprendido: que él ya había resucitado con Cristo, y que por eso podía vivir sin miedo. No es que los problemas desaparecieran, sino que él ya no los veía con los mismos ojos. Ahora veía a Dios en medio de todo.
La historia de Lucas no es un cuento de hadas. Él todavía tenía que pagar cuentas, lidiar con clientes difíciles y soportar el tráfico de Cali. Pero había algo distinto en su interior. Cuando un amigo le preguntó cómo hacía para no estresarse, Lucas le respondió: ‘Es que yo ya resucité. Lo que me pasaba antes ya quedó sepultado. Ahora vivo para algo más grande’. Ese algo más grande era Cristo. Y así, sin darse cuenta, Lucas se convirtió en un testimonio vivo de lo que Pablo les decía a los colosenses: que buscar las cosas de arriba no es escaparse de la realidad, sino enfrentarla con la certeza de que usted ya ganó.
Lo hermoso de esta historia es que Lucas no tuvo que irse a un monasterio ni dejar su trabajo. Siguió en la ferretería, pero ahora era un hombre con una misión: mostrar el amor de Dios en lo cotidiano. Aprendió que buscar las cosas de arriba significa poner a Cristo en el centro de cada decisión, cada palabra, cada pensamiento. Y eso, hermano, es lo que Pablo quería que los colosenses entendieran. No se trata de despreciar lo de acá abajo, sino de darle a cada cosa su lugar. Usted puede estar en la oficina, en la cocina o en la calle, y al mismo tiempo tener el corazón fijo en el cielo. Eso es vivir resucitado.
Significado Teológico
El versículo de Colosenses 3:1 no es una frase aislada; es la culminación de una enseñanza profunda sobre la identidad del creyente. Pablo explica en capítulos anteriores que nosotros fuimos sepultados con Cristo en el bautismo y resucitamos con Él por la fe. Eso significa que nuestra vieja naturaleza, esa que nos llevaba a pecar y a vivir para nosotros mismos, quedó enterrada. Ahora tenemos una nueva naturaleza, una que está alineada con la voluntad de Dios. Por eso buscar las cosas de arriba no es un esfuerzo humano, sino la consecuencia natural de quien ha sido transformado por el Espíritu Santo. Es como cuando usted se casa: ya no vive como soltero, sino como casado. Así mismo, si usted resucitó con Cristo, ya no puede vivir como si estuviera muerto espiritualmente.
La expresión ‘cosas de arriba’ en griego se refiere a la esfera celestial donde Cristo reina. No es un lugar geográfico, sino una dimensión espiritual donde la voluntad de Dios se cumple perfectamente. Buscar esas cosas implica poner nuestra mente en los valores del Reino: el amor, la justicia, la misericordia, la humildad. Es un cambio de prioridades. Ya no nos afanamos por acumular riquezas o fama, porque sabemos que eso se queda acá abajo. En cambio, invertimos en lo eterno: en el carácter, en las relaciones, en el servicio a los demás. Pablo es muy práctico: después de decirnos que busquemos las cosas de arriba, nos da una lista de comportamientos que debemos dejar (ira, codicia, mentira) y otros que debemos vestir (compasión, bondad, perdón).
Otro punto teológico clave es que Cristo está sentado a la diestra de Dios. Esa posición indica autoridad y victoria. Jesús no está luchando; ya ganó. Y nosotros, al estar unidos a Él, compartimos esa victoria. Eso significa que el pecado, la muerte y el diablo ya no tienen poder sobre nosotros. Claro, todavía sentimos la tentación, pero no estamos obligados a caer. Buscar las cosas de arriba es vivir desde esa victoria, no para alcanzarla. Es como un soldado que ya sabe que la guerra terminó, pero todavía tiene que limpiar el campo de batalla. Usted ya es más que vencedor en Cristo, así que puede enfrentar cualquier situación con la certeza de que el resultado final ya está escrito.
Lecciones para Hoy
En medio del trajín diario, es fácil olvidar que usted ya resucitó. El celular le suena, el jefe le exige, los hijos le gritan, y usted termina reaccionando como si Dios no existiera. Pero la lección de Colosenses es que usted puede vivir de manera diferente. Una forma práctica es empezar el día recordando quién es usted en Cristo. Antes de revisar las redes sociales, tómese un minuto para decir: ‘Señor, yo ya resucité contigo. Hoy voy a buscar tus cosas’. Eso cambia la perspectiva. Otra lección es que usted no tiene que vivir angustiado por el futuro. Si usted está sentado con Cristo en los lugares celestiales, entonces su futuro está seguro. Puede planificar, trabajar y esforzarse, pero sin la ansiedad de que todo depende de usted.
También aprendemos que la santidad no es aburrida. Mucha gente piensa que buscar las cosas de arriba es volverse un amargado que no disfruta la vida. Todo lo contrario: cuando usted vive con la mirada en el cielo, puede disfrutar más lo de acá abajo porque sabe que todo es un regalo de Dios. Puede reírse con los amigos, comer una buena bandeja paisa, trabajar con alegría, porque todo eso lo hace para la gloria de Dios. La diferencia está en el corazón: no vive para las cosas, sino para el Dueño de las cosas. Y eso le da una libertad que el mundo no entiende. Usted puede perder el empleo y no perder la paz, puede enfermarse y no perder la esperanza, porque su vida está escondida con Cristo en Dios.
Finalmente, esta enseñanza nos llama a ser intencionales. Buscar no es algo pasivo; es una acción continua. Así como usted busca las llaves cuando las pierde, así debe buscar las cosas de arriba todos los días. Eso implica leer la Biblia, orar, congregarse, servir, perdonar. No es perfecto, pero es constante. Y en ese proceso, el Espíritu Santo va transformando su carácter. Usted se vuelve más paciente, más generoso, más parecido a Jesús. Y eso, hermano, es el mayor testimonio que puede dar en una Colombia que necesita ver a cristianos que no solo hablan de Dios, sino que viven como si realmente hubieran resucitado con Él.
Preguntas Frecuentes
¿Qué significa exactamente ‘buscar las cosas de arriba’ en la vida diaria?
Buscar las cosas de arriba significa poner a Dios en primer lugar en todo lo que hace. No es solo ir a misa o leer la Biblia, sino que en cada decisión, desde cómo trata a su familia hasta cómo maneja su dinero, usted pregunta: ‘¿Esto honra a Dios?’. Es vivir con la conciencia de que usted ya resucitó con Cristo, y por eso sus valores y prioridades cambian. Por ejemplo, si le ofrecen un negocio deshonesto, usted dice que no, porque su verdadera riqueza está en el cielo. O si alguien lo ofende, usted perdona, porque Cristo ya lo perdonó a usted. Es una forma de vida que transforma lo ordinario en extraordinario.
¿Cómo puedo aplicar Colosenses 3 si siento que no he cambiado nada desde que me convertí?
Mire, el cambio no siempre es instantáneo. A veces uno se convierte y sigue viendo los mismos defectos, las mismas luchas. Pero Colosenses 3 no le pide que sienta algo, sino que actúe basado en lo que ya es verdad. Usted ya resucitó con Cristo, aunque no lo sienta. Así que empiece por declararlo: ‘Señor, gracias porque ya estoy contigo’. Luego, dé pasos pequeños: lea un versículo cada día, pida perdón cuando se equivoque, ayude a alguien sin esperar nada a cambio. El sentimiento viene después de la obediencia. No espere a sentirse cambiado para actuar; actúe y verá que el cambio llega.
¿Es pecado preocuparse por las cosas materiales si soy cristiano?
No es pecado tener necesidades materiales o preocuparse por ellas; la Biblia misma nos enseña a trabajar y proveer para nuestra familia. El problema es cuando esas cosas se vuelven el centro de su vida y usted deja de confiar en Dios. Buscar las cosas de arriba no significa que usted no pague las cuentas o que no se esfuerce en el trabajo. Significa que usted sabe que Dios es su proveedor, y que aunque las cosas no salgan como espera, su identidad y su seguridad están en Cristo. Preocúpese, pero no se angustie. Entréguele a Dios sus necesidades y siga buscando Su Reino, que Él prometió añadir todo lo demás.
