¿Alguna vez has sentido que compartir tu fe es solo cosa de pastores o misioneros profesionales? En Colombia, donde el 88% de la población se declara cristiana según el DANE, muchos creyentes piensan que la Gran Comisión es un encargo exclusivo para los que estudiaron teología. Pero nada más lejos de la realidad: cuando Jesús dio sus últimas instrucciones antes de ascender al cielo, no estaba hablando a un grupo selecto de apóstoles, sino a todos los que le seguían. Y eso te incluye a ti, a tu vecino, a tu compañero de trabajo y a tu familia entera.
Contexto Bíblico
La Gran Comisión aparece registrada en los cuatro evangelios y en el libro de los Hechos, pero el pasaje más conocido está en Mateo 28:16-20. Allí, Jesús resucitado se encuentra con sus discípulos en un monte de Galilea, justo antes de regresar al Padre. Este momento es crucial porque marca la transición entre el ministerio terrenal de Cristo y la misión de la iglesia primitiva. En medio de la incertidumbre que vivían aquellos hombres después de la crucifixión, Jesús les entrega una promesa y una tarea que cambiaría la historia del mundo para siempre.
Para entender bien este mandato, hay que mirar el contexto histórico. Los discípulos eran hombres comunes: pescadores, cobradores de impuestos, campesinos. Ninguno tenía estudios rabínicos ni experiencia en oratoria pública. Sin embargo, Jesús los escogió precisamente por eso, para demostrar que el poder no está en la preparación humana sino en la autoridad divina. En una cultura donde el estatus y la educación lo definían todo, Dios decidió usar a personas sencillas para llevar su mensaje a todas las naciones. Esto debería darnos confianza a los colombianos de a pie, que muchas veces nos sentimos poco preparados para hablar de la Biblia.
La Historia
Imagínate la escena: es un amanecer en Galilea, el aire huele a tierra mojada y a hierba fresca. Los discípulos han caminado toda la noche desde Jerusalén, con los pies doloridos y el corazón lleno de preguntas. Han visto a Jesús resucitado, lo han tocado, han comido con él, pero todavía no entienden del todo lo que significa. Cuando llegan al monte señalado, ven a Jesús esperándolos, con una luz diferente en sus ojos, como si ya no perteneciera del todo a este mundo. Algunos se postran para adorarlo, pero otros, dice la Escritura, dudaban todavía. Esa mezcla de fe y duda es tan humana, tan nuestra.
Jesús los mira a todos, incluso a los que dudan, y comienza a hablar. ‘Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra’, dice con una voz que no admite réplica. No es un ruego ni una sugerencia; es una declaración de poder absoluto. En ese momento, los discípulos entienden que quien les habla no es solo el maestro que conocieron, sino el Rey del universo. Y con esa autoridad, les da la instrucción: ‘Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones’. La palabra ‘id’ en griego es ‘poreuthentes’, que implica un movimiento constante, un estilo de vida, no un viaje de una sola vez.
Luego Jesús detalla el método: bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñarles a obedecer todo lo que él ha mandado. Nota que no dice ‘enseñarles todo lo que ustedes saben’, sino ‘todo lo que yo he mandado’. La misión no es propagar nuestras opiniones o tradiciones, sino transmitir fielmente las enseñanzas de Cristo. Y para cerrar, les da la promesa que sostiene toda la empresa: ‘Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo’. No los deja solos, no los abandona a su suerte.
Los discípulos, que horas antes estaban escondidos por miedo a los judíos, salen de allí transformados. Pedro, el mismo que negó a Jesús tres veces, se convierte en el predicador principal del día de Pentecostés. Tomás, el incrédulo, lleva el evangelio hasta la India. Andrés predica en Grecia y Escitia. Todos ellos, hombres comunes, cambiaron el mundo porque entendieron que la Gran Comisión no era una opción, sino un mandato respaldado por la autoridad de Cristo y acompañado por su presencia constante.
Significado Teológico
La Gran Comisión no es un simple encargo, sino la extensión del reinado de Dios en la tierra. Cuando Jesús dice ‘toda autoridad me ha sido dada’, está afirmando que su resurrección lo ha constituido como Señor absoluto sobre toda la creación. Por eso, hacer discípulos no es solo ganar almas para el cielo, sino someter cada área de la vida a la autoridad de Cristo. En Colombia, donde muchas veces reducimos el evangelio a una experiencia emocional o a una tradición familiar, este pasaje nos recuerda que el discipulado implica una transformación integral de la persona y la sociedad.
Otro aspecto clave es la universalidad del llamado. Jesús dice ‘a todas las naciones’, usando la palabra griega ‘ethne’, que se refiere a grupos étnicos y culturales, no a estados políticos. Esto significa que el evangelio debe trascender fronteras, idiomas y costumbres. Para nosotros los colombianos, esto tiene una aplicación práctica: no podemos quedarnos cómodos en nuestras iglesias locales mientras millones de personas en nuestro país y en el mundo aún no han escuchado el nombre de Jesús. La comisión nos saca de nuestra zona de confort y nos lanza a las calles, a las veredas, a las ciudades y a las naciones.
Lecciones para Hoy
La primera lección es que no necesitas ser un experto para compartir tu fe. En Colombia, muchos creyentes se sienten intimidados porque no saben responder preguntas difíciles o porque creen que deben tener un título en teología. Pero la Gran Comisión fue dada a pescadores y campesinos, no a doctores de la ley. Lo que Dios busca es disponibilidad, no capacidad. Si tienes un testimonio de cómo Jesús cambió tu vida, ya tienes suficiente para empezar. Comparte tu historia con naturalidad, como cuando le cuentas a un amigo dónde encontraste la mejor bandeja paisa.
La segunda lección es que la misión incluye enseñanza, no solo predicación. Hacer discípulos implica acompañar a las personas en su proceso de crecimiento espiritual, no solo llevarlas al altar para que repitan una oración. En la cultura colombiana, donde el ‘rebusque’ y la inmediatez son parte del día a día, a veces queremos resultados rápidos. Pero Jesús nos llama a invertir tiempo en las personas, a enseñarles a obedecer sus mandamientos, a caminar con ellas en las buenas y en las malas. El discipulado es una relación, no un evento.
Preguntas Frecuentes
¿La Gran Comisión es solo para pastores y misioneros?
No, la Gran Comisión es para todo creyente. En Mateo 28, Jesús habla directamente a sus discípulos, que representan a todos los que le siguen. No hay una distinción entre ‘clero’ y ‘laicos’ en este mandato. Cada cristiano, sin importar su ocupación o nivel de conocimiento bíblico, tiene la responsabilidad de compartir el evangelio y hacer discípulos. En Colombia, esto significa que el ama de casa, el taxista, el profesor y el empresario están igualmente llamados a esta misión.
¿Qué significa exactamente ‘hacer discípulos’?
Hacer discípulos implica mucho más que bautizar personas. Es un proceso continuo de enseñar a otros a seguir a Jesús en todas las áreas de la vida. Esto incluye compartir el evangelio, bautizar a los nuevos creyentes, y luego entrenarlos para que ellos también obedezcan las enseñanzas de Cristo. En la práctica, se traduce en acompañar a alguien en su caminar espiritual, responder sus preguntas, orar con ellos y modelar una vida cristiana auténtica.
¿Cómo puedo empezar a cumplir la Gran Comisión si me siento inseguro?
Empieza por donde estás. No necesitas ir a otro país ni hablar frente a multitudes. Puedes comenzar orando por tus vecinos y compañeros de trabajo, y buscando oportunidades para compartir tu fe de manera natural. También es útil estudiar la Biblia con otros creyentes para crecer en tu conocimiento y confianza. Recuerda la promesa de Jesús: ‘Yo estoy con ustedes todos los días’. No estás solo en esta tarea; el Espíritu Santo te guiará y te dará las palabras adecuadas en cada situación.