¿Alguna vez te has sentido como si no dieras la talla ante Dios? En Colombia, donde la cultura de la exigencia y la perfección nos persigue desde la casa hasta la iglesia, muchos creyentes viven angustiados pensando que su salvación depende de lo buenos que sean. Pero la Biblia nos revela una noticia revolucionaria: Dios no nos cuenta nuestros pecados, sino que nos acredita la justicia perfecta de Jesucristo. Este concepto, conocido como imputación, cambia por completo cómo entendemos nuestra relación con el Creador y nos libera de la esclavitud del legalismo.
Contexto Biblico
Para entender la imputación, tenemos que remontarnos al Antiguo Testamento, específicamente al libro de Levítico y al sistema de sacrificios. El pueblo de Israel ofrecía animales en el altar, y mediante la imposición de manos, el pecado del oferente era transferido simbólicamente a la víctima inocente. Ese animal moría en lugar del pecador, y así Dios ‘contaba’ o imputaba el pecado al animal, mientras que el pecador quedaba limpio. Este ritual prefiguraba lo que Jesucristo haría de una vez por todas en la cruz del Calvario.
El apóstol Pablo desarrolla esta doctrina con claridad en Romanos 4, donde usa el ejemplo de Abraham. El patriarca no fue justificado por sus obras, sino porque creyó a Dios, y eso le fue ‘contado por justicia’. La palabra griega que usa Pablo es ‘logizomai’, que significa ‘contar en la cuenta’, ‘acreditar’ o ‘imputar’. Es un término contable: Dios toma la justicia de Cristo y la pone en nuestra cuenta, mientras que nuestros pecados son puestos en la cuenta de Cristo en la cruz. Es un intercambio divino que no tiene nada que ver con nuestro mérito.
La Historia
Imagínate a un hombre llamado Mateo, un colombiano de Medellín que creció en un hogar evangélico. Desde niño le enseñaron que debía portarse bien para que Dios lo aceptara. Cada domingo en la iglesia, escuchaba sermones sobre la santidad, pero sentía que nunca alcanzaba el estándar. Cuando fallaba, se llenaba de culpa y pensaba que Dios estaba enojado con él. Mateo oraba, ayunaba, diezmaba, pero en su interior siempre sentía que algo faltaba, que su ‘cuenta’ con Dios estaba en rojo.
Un día, en un retiro juvenil en las montañas de Antioquia, un predicador habló sobre Romanos 4. Dijo: ‘Dios no te pide que seas perfecto; te pide que creas. La justicia de Cristo te es contada como un regalo. No es que tú seas justo, es que Él te hace justo en Su Hijo’. Mateo sintió como si una cadena se rompiera en su pecho. Por años había estado tratando de pagar una deuda que ya había sido cancelada en la cruz. Esa noche, Mateo entendió que su salvación no dependía de sus esfuerzos, sino de la obra terminada de Jesús.
La vida de Mateo cambió radicalmente. Ya no oraba por miedo o por obligación, sino por gratitud. Empezó a ver a Dios como un Padre amoroso que lo había aceptado en Cristo, no por sus méritos, sino por la fe. Aunque seguía cometiendo errores, ya no vivía bajo la condenación. Entendió que su identidad no estaba en sus fracasos, sino en la justicia imputada de Cristo. Compartió esta verdad con su grupo de jóvenes, y muchos también experimentaron libertad de la culpa y el legalismo.
Sin embargo, no todos en su iglesia aceptaron esta enseñanza. Algunos líderes decían que esto podía llevar al libertinaje, que la gente iba a aprovecharse de la gracia para pecar. Pero Mateo aprendió que la verdadera gracia no produce pecado, sino que produce un corazón agradecido que quiere vivir para Dios. La imputación no es una licencia para pecar, sino la base para una vida santa por amor, no por miedo. La historia de Mateo se repite en miles de colombianos que descubren que en Cristo ya no hay condenación.
Hoy, Mateo es pastor de una iglesia en Bogotá y predica constantemente sobre la justicia imputada. Él les dice a sus hermanos: ‘Ustedes no son lo que hacen; ustedes son lo que Cristo hizo por ustedes. Cuando Dios los mira, ve la justicia perfecta de Su Hijo. Descansen en esa verdad’. Su congregación ha crecido no por programas llamativos, sino porque la gente encuentra descanso para sus almas en el evangelio de la gracia. La imputación no es una teoría fría, sino una realidad que transforma vidas.
Significado Teologico
Teológicamente, la imputación es el corazón del evangelio. Sin ella, no hay buena noticia. Si nuestra salvación dependiera en lo más mínimo de nuestro desempeño, estaríamos perdidos, porque todos fallamos. Pero Dios, en Su amor, diseñó un plan donde la justicia de Cristo nos es acreditada por medio de la fe. Esto no significa que seamos justos en nosotros mismos, sino que somos declarados justos ante Dios por causa de Cristo. Es un estatus legal que Dios nos otorga gratuitamente.
Esta doctrina también se relaciona con la expiación sustitutoria. En la cruz, Cristo llevó nuestros pecados y recibió el castigo que merecíamos. A cambio, nosotros recibimos Su justicia. Es un intercambio: Él tomó lo nuestro (pecado y muerte) y nos dio lo Suyo (justicia y vida eterna). Por eso Pablo dice en 2 Corintios 5:21: ‘Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él’. La imputación es el mecanismo por el cual este intercambio se aplica a nuestra vida.
Es crucial entender que la imputación no es lo mismo que la justicia infundida. La justicia infundida es la obra del Espíritu Santo que nos va haciendo más santos en nuestra conducta diaria (santificación). La imputación, en cambio, es una justicia externa que nos es atribuida instantáneamente en el momento de la fe. Ambas son necesarias, pero la imputación es la base: primero somos declarados justos en Cristo, y luego, como fruto, comenzamos a vivir de manera justa.
Lecciones para Hoy
En la vida cotidiana colombiana, donde el ‘yo me lo gané’ es una frase común, la imputación nos enseña a depender completamente de la gracia. Muchos creyentes viven estresados tratando de ganarse el favor de Dios con obras, ayunos o servicios. Pero la lección es clara: ya tienes el favor de Dios en Cristo. No tienes que ganarlo, solo recibirlo por fe. Esto te libera para servir a Dios por amor, no por obligación.
Otra lección poderosa es que la imputación nos da seguridad de salvación. Si nuestra justicia dependiera de nosotros, podríamos perderla en cualquier momento. Pero si está basada en la obra perfecta de Cristo, es eterna y segura. Esto no es una excusa para pecar, sino un ancla para el alma cuando enfrentamos dudas o pruebas. Saber que Dios nos ve en Cristo nos da paz en medio de la tormenta.
Finalmente, la imputación nos llama a vivir una vida de gratitud y humildad. Si todo es por gracia, no hay lugar para el orgullo espiritual. No podemos mirar por encima del hombro a otros que luchan con el pecado, porque nosotros mismos somos sostenidos solo por la gracia. En una sociedad tan competitiva como la colombiana, esta verdad nos invita a ser compasivos y a extender la misma gracia que hemos recibido.
Preguntas Frecuentes
¿La imputación significa que puedo pecar sin preocuparme?
No, para nada. La imputación no es una licencia para pecar, sino el fundamento para una vida santa. Cuando entendemos que Cristo pagó un precio tan alto por nuestros pecados, nuestro corazón se llena de gratitud y no queremos ofenderlo. Además, el Espíritu Santo mora en nosotros y nos transforma. La verdadera gracia no produce libertinaje, produce amor y obediencia voluntaria.
¿Cómo sé si realmente tengo la justicia de Cristo imputada a mí?
La Biblia es clara: todo el que cree en el Señor Jesucristo recibe esta justicia como un regalo. No se basa en tus sentimientos, sino en la promesa de Dios. Si has puesto tu fe en Cristo, confesando que Él es Señor y que resucitó de los muertos, entonces eres justificado. Los sentimientos pueden variar, pero la Palabra de Dios permanece firme. Puedes tener seguridad porque no depende de ti, sino de la fidelidad de Dios.
¿La imputación es solo para los que nunca fallan?
Todo lo contrario. La imputación es precisamente para los que fallan. Como dice Romanos 4:5, ‘al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia’. Dios justifica al impío, no al justo. Si crees que eres demasiado pecador para recibir esta gracia, entonces eres el candidato perfecto. La imputación es para todos los que reconocen su necesidad y ponen su confianza en Cristo.