Uno de los santos más queridos por los colombianos es Francisco de Asís, ese hombre que dejó todo por seguir a Cristo. Su vida radical nos confronta con una pregunta incómoda: ¿estamos dispuestos a soltar las comodidades para anunciar el evangelio? En un país donde a veces la fe se mezcla con intereses materiales, su ejemplo de pobreza y predicación es un espejo que nos obliga a mirar hacia adentro. Aquí exploraremos cómo este santo transformó la Iglesia de su tiempo y qué nos dice hoy a los creyentes de Colombia.
Contexto Bíblico
Para entender la pobreza y la predicación de Francisco de Asís hay que remontarse a las Escrituras, especialmente a los evangelios sinópticos. Jesús llamó a sus discípulos a dejar redes, barcas y familias para seguirle, y les dijo: ‘No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias’ (Lucas 10,4). Francisco tomó este mandato al pie de la letra, como si el mismo Cristo se lo hubiera susurrado al oído en la iglesia de San Damián. La Biblia está llena de pasajes que exaltan la confianza en la providencia divina, como cuando Jesús alimenta a la multitud con cinco panes y dos peces; Francisco creyó que Dios proveería para sus necesidades mientras él se dedicara a anunciar el Reino.
El profeta Isaías también habla de una vocación de predicación sin ataduras: ‘¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas!’ (Isaías 52,7). Francisco entendió que la pobreza no era un fin en sí misma, sino un medio para ser libre y llegar a todos sin depender de riquezas que estorban. En el Nuevo Testamento, Pablo anima a los corintios a dar gratuitamente lo que han recibido gratis (2 Corintios 9,7), y Francisco vivió esa gratuidad absoluta, mendigando su comida y durmiendo en el suelo para que su mensaje no estuviera contaminado por el dinero. Este contexto bíblico es la raíz de todo lo que hizo.
Además, el Salmo 34 proclama: ‘Los pobres comerán y se saciarán’, una promesa que Francisco experimentó en carne propia cuando Dios le enviaba pan y techo a través de la gente sencilla. La pobreza evangélica no es romanticismo ni miseria, sino una opción radical por la confianza en el Padre celestial. En la historia de la Iglesia, pocos han encarnado este ideal como Francisco, y su predicación nació de esa confianza desnuda, sin redes de seguridad humanas. Por eso, al leer la Biblia con ojos franciscanos, descubrimos que el llamado a la pobreza es un llamado a la libertad para anunciar a Cristo sin ataduras.
La Historia
Giovanni di Pietro Bernardone, mejor conocido como Francisco, nació en Asís, Italia, alrededor de 1181, en el seno de una familia rica de comerciantes de telas. Su juventud fue la de un joven burgués que soñaba con gloria militar, pero después de una enfermedad y una visión en la que Cristo le habló desde un crucifijo en la capilla de San Damián, todo cambió. La voz le dijo: ‘Francisco, repara mi casa, que se derrumba’. Al principio pensó que se refería a la capillita, pero pronto entendió que era la Iglesia entera la que necesitaba una renovación desde las bases. Ese momento marcó el inicio de una vida entregada a la pobreza y la predicación.
La ruptura con su padre, Pedro Bernardone, fue dramática y pública. Francisco devolvió hasta la ropa que llevaba puesta, declarando que desde ese momento solo tendría al Padre del cielo. Se fue a vivir entre leprosos, abrazando a los marginados que la sociedad evitaba, y empezó a predicar el evangelio por las calles de Asís con una alegría contagiosa. Poco a poco, otros jóvenes se unieron a él, como Bernardo de Quintaval, que vendió todas sus posesiones y dio el dinero a los pobres. Así nació la primera comunidad franciscana, sin propiedades, sin libros costosos, solo con la Biblia en el corazón y el deseo de imitar a Cristo literalmente.
En 1209, Francisco escribió una regla de vida basada en los evangelios y viajó a Roma para que el papa Inocencio III la aprobara. La escena es legendaria: el papa soñó que la basílica de Letrán se caía y un hombre pequeño y pobre la sostenía. Al ver a Francisco, lo reconoció como ese hombre y aprobó verbalmente su forma de vida. La orden creció como un incendio: hombres y mujeres, como Clara de Asís, se sintieron atraídos por esa espiritualidad sencilla y profunda. Francisco no quería ser sacerdote, solo predicador laico, pero la Iglesia lo ordenó para que pudiera predicar con autoridad. Su predicación no era de púlpitos elevados, sino en las plazas, en los campos, y hasta a los pájaros, como cuenta la tradición.
El punto cumbre de su vida fue la estigmatización en el monte Alvernia en 1224, cuando recibió las marcas de la crucifixión de Cristo. Esto no fue un premio a su esfuerzo, sino una confirmación de que su identificación con Jesús era total. Francisco, que ya estaba ciego y enfermo, compuso el ‘Cántico de las criaturas’, alabando a Dios por el hermano sol, la hermana luna, y hasta la hermana muerte. Su predicación final fue una lección de humildad: pidió que lo llevaran desnudo al suelo de la Porciúncula, su iglesia favorita, para morir como había vivido, sin nada, pero con todo. Falleció el 3 de octubre de 1226, y dos años después fue canonizado por el papa Gregorio IX.
La historia de Francisco no es un cuento bonito, sino un testimonio crudo de lo que significa tomar el evangelio en serio. En un mundo donde la Iglesia medieval estaba llena de lujos y poder, él mostró que se podía ser feliz sin posesiones. Su predicación no era moralista ni condenatoria, sino una invitación a la alegría de vivir en la presencia de Dios. Los colombianos, que sabemos de contrastes entre riqueza y pobreza, podemos encontrar en Francisco un espejo que nos desafía a no acomodarnos, a salir de nuestra zona de confort y a anunciar a Cristo con la vida más que con las palabras.
Significado Teológico
La teología de Francisco de Asís se centra en la encarnación y la pobreza como camino de identificación con Cristo. Él no escribió tratados, pero su vida fue un comentario vivo del evangelio. Para Francisco, la pobreza no era una virtud ascética más, sino la ‘señora’ que lo llevaba a imitar a Jesús, que siendo rico se hizo pobre. Esto tiene un profundo significado: la redención no viene por acumular méritos, sino por vaciarse de uno mismo, como Cristo se vació a sí mismo tomando forma de siervo (Filipenses 2,7). La predicación franciscana brota de esa kénosis, de ese despojamiento que hace creíble el mensaje.
Otro aspecto teológico clave es la fraternidad universal. Francisco llamaba hermanos al sol, al agua, a la muerte, porque veía a Dios en todas las cosas. Esto no es panteísmo, sino una visión sacramental de la creación: todo refleja al Creador. Para los colombianos, que vivimos en un país bendecido por la naturaleza, esta teología nos invita a cuidar la tierra y a ver en cada persona, especialmente en los pobres, a un hermano. La predicación de Francisco no separaba lo espiritual de lo material; todo estaba unido en el amor de Dios. Su ‘Cántico de las criaturas’ es una oración que reconoce la bondad de la creación sin idolatrarla.
Finalmente, la estigmatización de Francisco tiene un significado teológico profundo: es la prueba de que la santidad no es una meta lejana, sino una transformación real en Cristo. Francisco no solo habló de la cruz, sino que la llevó en su cuerpo. Esto recuerda a los creyentes que la predicación auténtica implica sufrimiento y entrega total. En la historia de la Iglesia, Francisco es un modelo de cómo la teología se hace vida, de cómo el evangelio se encarna en una persona que no tiene miedo de ser vulnerable. Su mensaje sigue siendo una llamada a la conversión, a dejar atrás las seguridades humanas y a confiar solo en Dios.
Lecciones para Hoy
En la Colombia de hoy, donde la desigualdad social es un clamor, Francisco de Asís nos enseña que la pobreza voluntaria es un acto profético. No se trata de romantizar la miseria, sino de elegir la sencillez para solidarizarnos con los que menos tienen. Muchos colombianos viven en condiciones difíciles, y el ejemplo de Francisco nos reta a no buscar la riqueza como meta, sino a compartir lo que tenemos. Su predicación nos recuerda que el evangelio no es un discurso bonito, sino una forma de vida que se demuestra en el servicio a los demás, especialmente a los más necesitados.
Otra lección para hoy es la importancia de la alegría en medio de las pruebas. Francisco era conocido por su espíritu festivo, por cantar y bailar mientras predicaba. En un país que a veces está marcado por la violencia y el dolor, su ejemplo nos anima a no perder la esperanza. La predicación no tiene que ser aburrida ni pesada; puede ser una celebración de la vida que Dios nos da. Las comunidades cristianas en Colombia pueden aprender de Francisco a ser espacios de acogida y alegría, donde la gente se sienta amada y motivada a seguir a Cristo con entusiasmo.
Finalmente, Francisco nos desafía a salir de los templos y llevar el mensaje a las calles, a los barrios, a las plazas de mercado. No podemos quedarnos encerrados en nuestras iglesias esperando que la gente llegue. La predicación franciscana era itinerante, sin miedo al rechazo, confiando en que Dios prepara el camino. En un mundo digital, esto también significa usar las redes sociales para compartir el evangelio con creatividad y sin hipocresía. La lección es clara: la pobreza y la predicación van de la mano, y en Colombia necesitamos más franciscanos que vivan lo que predican.
Preguntas Frecuentes
¿Por qué Francisco de Asís eligió la pobreza como estilo de vida?
Francisco eligió la pobreza porque quería imitar a Jesús de la manera más literal posible. En los evangelios, Cristo no tenía dónde reclinar la cabeza y envió a sus discípulos sin nada. Francisco entendió que la pobreza lo liberaba de ataduras materiales y le permitía confiar plenamente en la providencia de Dios. Además, al ser pobre, podía identificarse con los marginados y predicar sin que su mensaje fuera cuestionado por intereses económicos. Para él, la pobreza era un camino de libertad y de amor radical.
¿Qué significa la predicación de Francisco para la Iglesia de hoy?
La predicación de Francisco nos recuerda que el evangelio debe anunciarse con la vida más que con las palabras. En un mundo donde a veces la Iglesia es vista como una institución lejana, el ejemplo de Francisco muestra que la autenticidad y la sencillez son poderosas. Su predicación era inclusiva, llegaba a todos, y estaba llena de alegría. Hoy, la Iglesia está llamada a ser una comunidad que predica con acciones concretas de servicio y amor, especialmente hacia los pobres, siguiendo el espíritu franciscano.
¿Cómo puedo aplicar la espiritualidad de Francisco en mi vida cotidiana?
Puedes empezar por practicar la gratitud y la sencillez, como Francisco alababa a Dios en las cosas pequeñas. Intenta vivir con menos, compartir lo que tienes y servir a los necesitados en tu comunidad. También puedes dedicar tiempo a la oración en la naturaleza, viendo a Dios en la creación. La clave es no aferrarte a lo material y confiar en que Dios proveerá. Finalmente, predica con tu ejemplo: sé amable, alegre y generoso, y verás cómo tu vida se convierte en un testimonio del amor de Dios.