¿Alguna vez te has preguntado por qué en algunas iglesias bautizan a adultos y no a niños? Pues eso tiene una historia bien interesante que se remonta al siglo XVI, en plena Reforma Protestante. Mientras Lutero y Calvino peleaban con la Iglesia Católica, un grupo de creyentes decidió ir más allá y cuestionar cosas que hoy nos parecen normales, como la separación entre iglesia y estado. Estos valientes fueron los anabautistas, y su historia está llena de persecución, fe inquebrantable y lecciones que todavía nos tocan el corazón. Prepárate para conocer a esos cristianos radicales que, sin miedo al qué dirán, le apostaron todo a seguir a Jesús a su manera.
Contexto Bíblico
Para entender a los anabautistas tenemos que volver a la Biblia, específicamente al Nuevo Testamento. En Hechos 2:38-41 vemos que cuando la gente escuchó el mensaje de Pedro, preguntaron: ‘¿Qué debemos hacer?’. La respuesta fue clara: ‘Arrepiéntanse y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo’. Los primeros cristianos no bautizaban bebés, sino personas que voluntariamente decidían seguir a Cristo. Ese es el modelo que los anabautistas querían recuperar, porque para ellos la fe no era algo que se hereda, sino una decisión personal y consciente.
Además, en Mateo 28:19-20 Jesús dice: ‘Vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos… enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado’. Los anabautistas notaron que el orden es importante: primero se hace un discípulo, luego se bautiza y después se enseña. Para ellos, bautizar a un bebé que no puede decidir ni entender era como poner el carro delante del caballo. Por eso rechazaban el bautismo infantil y practicaban el bautismo de creyentes, que en griego se llama ‘bautismo de fe’.
Otro pasaje clave es Romanos 6:3-4, donde Pablo explica que el bautismo simboliza nuestra muerte al pecado y resurrección a una nueva vida en Cristo. Los anabautistas entendían que esa nueva vida solo es posible cuando uno decide libremente seguir a Jesús. No se trata de un rito mágico que salva por sí mismo, sino de una señal externa de una decisión interna. Por eso ellos insistían en que el bautismo debía ser por inmersión y solo para quienes podían dar testimonio de su fe.
La Historia
Corría el año 1525 en la ciudad suiza de Zúrich, cuando un grupo de estudiantes de la Biblia, liderados por Conrad Grebel, Félix Manz y Jorge Blaurock, se reunieron en secreto en la casa de este último. Estaban decepcionados con Ulrico Zwinglio, el reformador local, porque aunque había roto con Roma, seguía manteniendo el bautismo infantil y la unión entre iglesia y gobierno. En esa reunión del 21 de enero, Blaurock le pidió a Grebel que lo bautizara, y luego ellos bautizaron a otros. Así nació el movimiento anabautista, que significa ‘rebautizadores’, aunque ellos preferían llamarse ‘hermanos en Cristo’.
La noticia se regó como pólvora, y las autoridades se asustaron. Para ellos, bautizar a adultos era un delito tanto religioso como político, porque desafiaba el sistema donde todos eran ciudadanos y cristianos por nacimiento. En 1526, el ayuntamiento de Zúrich decretó que cualquiera que bautizara a un adulto sería ahogado. Félix Manz fue el primer mártir: lo ataron, lo metieron en un saco y lo lanzaron al río Limmat. Mientras se ahogaba, su madre y su hermano desde la orilla le gritaban que se mantuviera firme en la fe. Ese día empezó una persecución que duraría más de cien años.
A pesar del peligro, el movimiento creció como la espuma. Aparecieron líderes como Menno Simons, un exsacerdote católico que se unió a los anabautistas en 1536 y se convirtió en su principal organizador. Menno viajó por los Países Bajos y el norte de Alemania predicando el bautismo de creyentes, la no violencia y la separación entre iglesia y estado. Bajo su liderazgo, comunidades enteras se escondían en graneros, bosques y casas seguras para adorar a Dios sin que los atraparan. De ahí vienen los menonitas, que hoy son millones en todo el mundo.
Pero no todo fue color de rosa. En 1534, un grupo radical llamado los anabautistas de Münster tomó la ciudad alemana de Münster por la fuerza y estableció un reino teocrático con poligamia y violencia. Eso fue un desastre: el ejército católico-protestante los masacró, y la reputación de todos los anabautistas quedó manchada. Menno Simons y otros líderes condenaron esos excesos, pero el daño ya estaba hecho. Durante siglos, la palabra ‘anabautista’ se asoció con herejía y locura, aunque la mayoría eran pacifistas que solo querían vivir su fe en paz.
La persecución fue brutal: en los Países Bajos, entre 1530 y 1600, más de 2.500 anabautistas fueron ejecutados. Los quemaban vivos, los decapitaban o los ahogaban, a veces en público para que sirviera de escarmiento. Pero en lugar de desaparecer, el movimiento se fortaleció. Los sobrevivientes huían a lugares más tolerantes como Polonia, Moravia y más tarde a América. Allí fundaron comunidades que hoy conocemos como menonitas, amish, huteritas y hermanos en Cristo. Todos ellos son herederos espirituales de aquellos primeros radicales que se atrevieron a decir ‘no’ al sistema.
Significado Teológico
El corazón de la teología anabautista es el discipulado radical. Para ellos, ser cristiano no es solo creer en Jesús, sino seguirlo en todo, incluso si eso cuesta la vida. Esto se basa en pasajes como Lucas 14:27: ‘El que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo’. Los anabautistas tomaron este versículo en serio: no había cristianismo de domingo, sino un compromiso diario que transformaba cada aspecto de la vida, desde el trabajo hasta la familia.
Otro pilar teológico es la no violencia. Inspirados en el Sermón del Monte (Mateo 5-7), creían que un seguidor de Jesús no puede matar, ni siquiera en defensa propia o por orden del gobierno. Esto los llevó a rechazar el servicio militar, los juicios y cualquier forma de coerción. Para ellos, la iglesia debía ser una comunidad alternativa que mostrara el amor de Dios a través de la paz y el perdón, no del poder político.
Finalmente, los anabautistas defendían la separación entre iglesia y estado. En su época, eso era una locura: todo el mundo daba por sentado que el gobernante debía controlar la religión. Pero ellos decían que la iglesia es el cuerpo de Cristo, voluntario y espiritual, mientras que el estado usa la espada para mantener el orden. Mezclarlos corrompe a la iglesia y la vuelve un instrumento de opresión. Por eso rechazaban que los magistrados nombraran pastores o que los impuestos financiaran el culto.
Lecciones para Hoy
En un mundo donde muchos quieren usar la fe para ganar poder político, los anabautistas nos recuerdan que el Reino de Dios no se impone por decreto. La verdadera transformación empieza en el corazón de cada persona que decide libremente seguir a Jesús. Esto nos invita a ser más cuidadosos con las alianzas entre iglesia y gobierno, y a no confundir patriotismo con fe.
Además, en una época de violencia y polarización, el pacifismo anabautista es un testimonio poderoso. Nos desafía a preguntarnos: ¿realmente estamos dispuestos a amar a nuestros enemigos como Jesús enseñó? Esto no es pasividad, sino una forma activa de resistir el mal sin usar sus mismas armas. En Colombia, donde tanto hemos sufrido por la violencia, esta lección es especialmente valiosa.
Por último, los anabautistas nos enseñan que la fe cuesta. Vivir como discípulos de Jesús implica renuncias, a veces hasta la vida misma. Pero también nos muestran que vale la pena: no hay mayor libertad que la de obedecer a Dios antes que a los hombres. Que su ejemplo nos anime a tomar nuestra fe en serio, sin miedo a ser ‘radicales’ en el amor y la entrega.
Preguntas Frecuentes
¿Los anabautistas son lo mismo que los evangélicos de hoy?
No exactamente. Los anabautistas fueron un movimiento del siglo XVI que influyó en muchas iglesias evangélicas, pero no son idénticos. Los evangélicos actuales suelen aceptar el bautismo de niños y adultos, mientras que los anabautistas solo bautizan a creyentes conscientes. Además, los anabautistas históricos eran pacifistas estrictos y rechazaban cualquier participación en el gobierno, algo que no todas las iglesias evangélicas comparten.
¿Por qué los perseguían tanto si solo querían adorar a Dios?
Porque en esa época, la religión y la política estaban completamente mezcladas. Ser ciudadano significaba ser miembro de la iglesia oficial, y viceversa. Al negarse a bautizar a sus hijos y al reunirse en secreto, los anabautistas estaban desafiando el orden social. Las autoridades los veían como una amenaza al estado, no solo a la iglesia. Por eso los perseguían con tanta dureza.
¿Qué iglesias actuales vienen de los anabautistas?
Las principales son los menonitas, los amish, los huteritas y los hermanos en Cristo. También hay grupos como los bautistas del séptimo día y algunas ramas de los bautistas generales que tienen raíces anabautistas. En Colombia, existen comunidades menonitas en departamentos como Cundinamarca y Antioquia, aunque son pequeñas. Si quieres conocer más, busca una iglesia menonita cerca de ti.