Mire, en Colombia uno escucha cada cosa: que fulano profetizó que iba a temblar, que mengano recibió una palabra de parte de Dios para la nación. Pero la pregunta del millón es si hoy en día existen profetas verdaderos como los del Antiguo Testamento, o si todo eso quedó en el pasado. La gente anda confundida, viendo videos en YouTube de supuestos profetas que fallan más que escopeta de feria, y eso genera dudas bien serias. Por eso es clave que volvamos a la Biblia, que es nuestra única fuente de verdad, para entender qué dice Dios sobre este tema tan delicado.
Contexto Bíblico
Para entender si hay profetas verdaderos hoy, primero tenemos que mirar cómo funcionaba la profecía en la Biblia. En el Antiguo Testamento, los profetas eran hombres y mujeres que Dios escogía directamente para transmitir su mensaje al pueblo de Israel. Personajes como Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel no hablaban por cuenta propia, sino que recibían revelaciones específicas de parte de Jehová. Su labor no era solo predecir el futuro, sino también llamar al arrepentimiento, denunciar el pecado y anunciar juicio o bendición según la obediencia del pueblo.
Ahora, la cosa cambió radicalmente con la llegada de Jesucristo. En Hebreos 1:1-2 leemos que Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras por medio de los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo. Eso significa que Jesús es la revelación final y completa de Dios. Además, el Nuevo Testamento nos enseña que la iglesia fue edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo mismo la piedra angular. Pero ojo, porque ese fundamento ya está puesto, y no se necesita ponerlo otra vez.
Mucha gente cree que el don de profecía del que habla Pablo en 1 Corintios 12 y 14 es lo mismo que ser profeta en el Antiguo Testamento, y ahí está el revoltijo. En la iglesia primitiva, el don de profecía era una manifestación del Espíritu Santo para edificar, exhortar y consolar a los creyentes, no para añadir doctrina nueva ni para reemplazar la autoridad de las Escrituras. Por eso es tan importante distinguir entre el oficio profético del Antiguo Testamento y el don espiritual que opera en la congregación.
La Historia
Para aclarar esto, pongámonos en los zapatos de la iglesia de Corinto. Esta era una comunidad que tenía un montón de dones espirituales, pero también un montón de desorden. Pablo les escribe en 1 Corintios 14 para poner orden en el culto, especialmente en el uso del don de profecía. Él les dice que procuren el amor y que deseen los dones espirituales, sobre todo el de profecía. Pero inmediatamente aclara que los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas, porque Dios no es Dios de confusión, sino de paz. O sea, todo tenía que hacerse con orden y decencia.
Imagínese a un hermano en Corinto que se levantaba en medio de la reunión y decía: ‘Así dice el Señor…’. Pablo no le decía que se callara, sino que evaluaran lo que decía. En 1 Corintios 14:29 dice: ‘Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen’. Esa palabra ‘juzguen’ significa discernir, evaluar si lo que se dijo está alineado con la doctrina de Cristo. No se trataba de recibir una palabra como si fuera un telegrama divino incuestionable, sino que la comunidad tenía la responsabilidad de examinarlo todo y retener lo bueno.
Avancemos un poquito en la historia. Después de la muerte de los apóstoles, la iglesia fue enfrentando herejías que pretendían añadir revelaciones nuevas a la Biblia. Por eso, los padres de la iglesia como Ireneo y Tertuliano insistieron en que la regla de fe era la enseñanza apostólica transmitida en las Escrituras. Ellos no negaban que el Espíritu Santo seguía guiando a la iglesia, pero sí dejaban claro que nadie podía venir con una supuesta profecía que contradijera lo que ya había sido revelado por los apóstoles.
Ya en el siglo XX, con el surgimiento del movimiento pentecostal y carismático, el tema del don de profecía volvió a tomar fuerza. Lamentablemente, también aparecieron muchos falsos profetas que aprovecharon la buena fe de la gente para manipular, pedir plata o hacer predicciones sensacionalistas que nunca se cumplían. Eso ha hecho que muchos colombianos desconfíen de todo lo que huele a profecía, y no es para menos. Pero ojo, que el abuso de algo no significa que la cosa en sí sea mala.
La pregunta clave es: ¿Hay profetas verdaderos hoy? Si nos referimos al oficio de profeta como en el Antiguo Testamento, donde la persona recibía revelación directa de Dios para escribir Escritura o establecer doctrina, la respuesta es no. La Biblia está completa, y nadie tiene autoridad para añadirle ni quitarle una coma. Pero si hablamos del don de profecía como una manifestación del Espíritu que edifica a la iglesia, entonces sí, ese don sigue vigente, pero siempre bajo el escrutinio de la Palabra de Dios y con sujeción a los líderes de la congregación.
Significado Teológico
El significado teológico de la profecía hoy está directamente relacionado con la suficiencia de las Escrituras. La Biblia es nuestra autoridad final en todo asunto de fe y conducta. Si alguien dice tener una palabra profética, esa palabra no puede contradecir ni añadir nada a lo que ya está escrito. El profeta de hoy no es un canal para nuevas doctrinas, sino un instrumento para aplicar las verdades eternas de la Biblia a situaciones específicas. Es como un predicador que, bajo la unción del Espíritu, trae una palabra que edifica, exhorta y consuela.
Otro punto teológico bien importante es que el verdadero don de profecía siempre apunta a Jesucristo y a la gloria de Dios. En Apocalipsis 19:10 dice que el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía. O sea, toda profecía genuina tiene que centrarse en la persona y obra de Cristo, no en el profeta ni en sus habilidades. Si alguien se la pasa hablando de sí mismo, de su ministerio o de cuántas profecías ha acertado, eso es una bandera roja grandota.
Además, la profecía en el Nuevo Testamento no es infalible. Pablo mismo dice en 1 Corintios 13:9 que ‘en parte conocemos, y en parte profetizamos’. Eso significa que el don de profecía es parcial y limitado. Por eso, los profetas del Nuevo Testamento no tienen el mismo nivel de autoridad que los profetas bíblicos. Sus palabras deben ser evaluadas, y si se equivocan, no pasa nada, porque no están escribiendo Escritura. Eso les quita la presión a muchos que tienen miedo de ejercer el don por temor a equivocarse.
Lecciones para Hoy
La primera lección para nosotros los colombianos es que debemos ser como los bereanos, que examinaban las Escrituras cada día para ver si las cosas eran así. No podemos tragar entero cualquier palabra que venga de alguien que dice ser profeta. Hay que pedirle a Dios discernimiento y comparar todo con la Biblia. Si una profecía te lleva a adorar a Dios y a amar a tu prójimo, buen síntoma. Si te genera miedo, dependencia emocional o te pide que des plata, cuidado, que ahí hay gato encerrado.
Otra lección bien práctica es que el don de profecía no es un carné que te da derecho a decirle a la gente qué hacer con su vida. Muchos supuestos profetas se la pasan dando ‘palabras’ sobre con quién casarse, qué negocio montar o a qué ciudad mudarse. Eso no es bíblico. El Espíritu Santo guía a los creyentes, pero no a través de personas que controlan sus decisiones. La profecía genuina confirma lo que Dios ya está haciendo en tu corazón, no te impone una voluntad externa.
Finalmente, recuerde que el amor tiene que ser la base de todo. En 1 Corintios 13, justo en medio de la enseñanza sobre los dones, Pablo dice que sin amor, de nada sirve tener el don de profecía. Un profeta sin amor es puro ruido. Así que antes de buscar a alguien que te profetice, busque tener un corazón lleno del amor de Dios. Y si usted cree tener este don, úselo para servir a los demás, no para hacerse famoso ni para llenar sus bolsillos. La iglesia de Cristo necesita más humildad y menos espectáculo.
Preguntas Frecuentes
¿Cómo puedo saber si alguien es un profeta verdadero o falso?
Para saber si alguien es un profeta verdadero, primero mire si lo que dice está alineado con la Biblia. Si contradice las Escrituras, es falso. Segundo, observe su fruto: ¿es una persona humilde, que vive lo que predica, o busca protagonismo y dinero? Tercero, vea si sus predicciones se cumplen. Deuteronomio 18:22 dice que si lo que el profeta anuncia no sucede, no es palabra de Jehová. Y cuarto, evalúe si su mensaje glorifica a Jesús o a él mismo.
¿Puede una persona común tener el don de profecía hoy?
Sí, según 1 Corintios 12, el don de profecía es una manifestación del Espíritu Santo que puede ser dada a cualquier creyente. No es exclusivo de pastores o líderes. Sin embargo, debe ejercerse con orden, bajo la autoridad de la iglesia local, y siempre con amor. No es un título ni un oficio, sino un regalo para edificar a los demás. Si usted siente que Dios le da una palabra para alguien, compártala con humildad y permítale a la iglesia evaluarla.
¿Qué hago si recibo una profecía que me genera duda o miedo?
Si recibe una profecía que le genera duda o miedo, no la acepte de una vez. Ore, pídale a Dios discernimiento y hable con sus líderes espirituales de confianza. Compare la palabra con la Biblia: si no está en conflicto con las Escrituras, puede considerarla, pero si le causa ansiedad o contradice lo que Dios ya le ha mostrado en su Palabra, descártela. Dios no es autor de confusión, sino de paz. Una palabra genuina siempre le acercará más a Cristo y le dará paz en el corazón.