¿Alguna vez has visto a un ser querido tomando malas decisiones y no has sabido qué hacer? Esa incomodidad en el pecho, ese nudo en la garganta cuando sabes que deberías decir algo pero te da miedo ofender. En Mateo 18, Jesús nos da una instrucción clara que muchos pasamos por alto: si tu hermano peca, repréndelo. Pero ojo, no se trata de andar juzgando a todo el mundo, sino de un proceso amoroso para restaurar. Hoy vamos a desmenuzar este pasaje tan importante para nuestra vida cristiana, especialmente para nosotros los colombianos que valoramos tanto la familia y las relaciones cercanas.
Contexto Biblico
El Evangelio de Mateo fue escrito principalmente para una audiencia judía, y el capítulo 18 es conocido como el ‘discurso comunitario’ de Jesús. Aquí el Señor está enseñando sobre la vida en comunidad, la humildad, el perdón y la disciplina eclesiástica. Este capítulo viene después de la transfiguración y justo antes de las parábolas sobre el perdón, así que todo está conectado. Los discípulos acababan de preguntar quién sería el mayor en el reino de los cielos, y Jesús responde con una lección sobre la grandeza del servicio y la humildad.
En la cultura judía del primer siglo, la sinagoga era el centro de la vida comunitaria, y las disputas entre hermanos se resolvían según la Ley de Moisés, con testigos y autoridades religiosas. Jesús toma este modelo pero lo transforma radicalmente: ya no se trata solo de cumplir la ley, sino de restaurar al hermano. Además, la palabra ‘repréndelo’ en el griego original es ‘elegcho’, que significa ‘exponer con evidencia para convencer’, pero con un tono de corrección amorosa, no de condena. Es como cuando un papá corrige a su hijo no para humillarlo sino para protegerlo del peligro.
La Historia
Imagínate la escena: Jesús está sentado con sus discípulos en algún lugar de Galilea, tal vez en una casa con piso de tierra y paredes encaladas. Los discípulos vienen de discutir entre ellos quién sería el más importante en el reino. Jesús, con paciencia, toma a un niño y lo pone en medio como ejemplo de humildad. Luego les habla sobre las ovejas perdidas, y en ese contexto les da las instrucciones sobre cómo tratar el pecado dentro de la comunidad. No es un discurso frío y legalista, sino una conversación íntima entre maestro y alumnos que necesitan orientación práctica.
El pasaje de Mateo 18:15-20 es una progresión de pasos: primero, habla a solas con tu hermano. Segundo, si no te escucha, lleva contigo a uno o dos testigos. Tercero, si aún así se niega, cuéntaselo a la iglesia. Y finalmente, si desoye a la iglesia, trátalo como a un gentil o recaudador de impuestos. Pero espera, no te confundas: Jesús no está dando permiso para excluir personas sin amor. Al contrario, los gentiles y recaudadores eran precisamente a quienes Jesús buscaba para salvar. Es decir, la meta siempre es la restauración, no la condenación.
Lo hermoso de este pasaje es que Jesús no se queda en el ‘qué hacer’ sino que explica el ‘por qué’. Él dice: ‘De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra será atado en el cielo’. Esto no es un poder mágico, sino la promesa de que cuando la iglesia actúa en unidad y bajo la guía del Espíritu, hay respaldo divino. Además, añade la promesa de que donde dos o tres se reúnen en su nombre, allí está Él en medio. Qué consuelo saber que no estamos solos en estos procesos difíciles de corrección fraterna.
La historia continúa con Pedro preguntando cuántas veces debe perdonar, si hasta siete veces, y Jesús responde que hasta setenta veces siete. Esto no es un número literal sino una forma de decir que el perdón debe ser ilimitado. El proceso de reprensión no termina con la exclusión, sino con la restauración y el perdón. Es como en nuestras familias colombianas: cuando un hijo se descarría, no lo botamos a la calle, sino que con amor y firmeza lo corregimos para que vuelva al camino correcto. La disciplina siempre va acompañada de esperanza.
Significado Teologico
Teológicamente, este pasaje nos muestra el corazón de Dios hacia el pecador. No es un Dios que disfruta castigar, sino un Padre que busca a la oveja perdida hasta encontrarla. La reprensión fraterna no es un castigo sino una expresión del amor comunitario. En la teología bíblica, el pecado no es solo un asunto personal sino comunitario, porque afecta a todo el cuerpo de Cristo. Por eso Pablo dice que si un miembro sufre, todos sufren. La disciplina eclesiástica es un acto de misericordia que busca evitar que el pecado se propague como una enfermedad contagiosa.
Además, Jesús está estableciendo un principio de autoridad espiritual: la iglesia tiene la responsabilidad de mantener la pureza doctrinal y moral. Pero esta autoridad no es autoritaria sino servicial, modelada en la cruz. El poder de ‘atar y desatar’ se refiere a la autoridad rabínica para interpretar la ley, pero aplicada a la comunidad cristiana en el contexto del Reino. La presencia de Jesús entre los reunidos en su nombre es la garantía de que estas decisiones no son humanas sino divinas, siempre que estén alineadas con su Palabra y su Espíritu.
Otro aspecto teológico importante es que este pasaje no contradice el ‘no juzguéis’ de Mateo 7. Allí Jesús condena la hipocresía de juzgar sin examinarnos primero, pero aquí nos llama a la responsabilidad de corregir con amor y humildad. Es como el médico que debe diagnosticar una enfermedad para poder tratarla; no juzga al paciente, lo ayuda. La diferencia está en el motivo: juzgar para condenar versus reprender para restaurar. Dios no nos llama a ser jueces implacables sino médicos espirituales que llevan a las personas a la sanidad en Cristo.
Lecciones para Hoy
En nuestra Colombia actual, donde las redes sociales nos vuelven jueces instantáneos de todo el mundo, este pasaje nos llama a la discreción y la privacidad. Antes de publicar un video o un trino criticando a alguien, Jesús nos dice: ve y habla con él a solas. Cuántos conflictos familiares y eclesiásticos se resolverían si siguiéramos este orden divino. La reprensión no es para alimentar nuestro ego ni para sentirnos superiores, sino para ganar a nuestro hermano. Es un acto de amor que busca la reconciliación, no la separación.
Otra lección práctica es que necesitamos comunidad para vivir la fe. En una época de cristianismo ‘a la carta’, donde cada uno hace su fe por su cuenta, Jesús nos recuerda que la vida cristiana es comunitaria. Necesitamos hermanos que nos digan la verdad con amor, y nosotros debemos estar dispuestos a recibir corrección. La iglesia no es un club de perfectos sino un hospital de pecadores en proceso de sanidad. Cuando entendemos esto, podemos acercarnos a otros con gracia y humildad, sabiendo que también nosotros necesitamos ser corregidos.
Finalmente, este pasaje nos enseña que la meta siempre es la restauración. Incluso cuando alguien es excluido de la comunidad, no es para abandonarlo sino para que tenga un encuentro con Dios que lo haga volver. Como iglesia, debemos mantener las puertas abiertas y los brazos dispuestos para recibir al que se arrepiente. La disciplina sin amor es crueldad, pero el amor sin disciplina es permisividad destructiva. Equilibrio es lo que necesitamos, y eso es exactamente lo que Jesús nos muestra en este pasaje.
Preguntas Frecuentes
¿Qué significa exactamente ‘repréndelo’ en Mateo 18:15?
La palabra griega ‘elegcho’ significa ‘exponer, convencer, reprender’ pero con la intención de llevar a la persona al arrepentimiento. No es una confrontación agresiva ni un regaño público, sino una conversación privada y amorosa donde se presenta el error con evidencia y se busca la restauración. El objetivo no es humillar al hermano sino ganarlo, es decir, restaurar la relación con Dios y con la comunidad.
¿Cuándo debo llevar el asunto a la iglesia según este pasaje?
El proceso tiene tres pasos: primero, hablar a solas con el hermano; segundo, si no escucha, ir con uno o dos testigos; tercero, si persiste en su pecado, contárselo a la iglesia. Pero esto no significa que debamos ir corriendo a contarle a todo el mundo. La idea es darle todas las oportunidades al hermano para que se arrepienta, y solo cuando se agotan los recursos privados se hace público para proteger a la comunidad y buscar la restauración final.
¿Esto significa que debo juzgar a otros cristianos por sus pecados?
No, este pasaje no nos da licencia para andar de fiscal espiritual con todos. Se refiere a pecados específicos y conocidos dentro de la comunidad de fe, y se enfoca en la restauración, no en la condenación. Antes de reprender a alguien, debemos examinar nuestro propio corazón (Mateo 7:3-5) y asegurarnos de que nuestras motivaciones son puras. La reprensión fraterna es un acto de amor y responsabilidad, no un pretexto para sentirnos superiores o para chismear.