¿Alguna vez has sentido que en la iglesia hay algo más para ti, un llamado especial que no terminas de comprender? Muchos creyentes en Colombia anhelan vivir una fe poderosa, pero se quedan cortos al no entender los dones que Dios ya les entregó. La Biblia no nos deja en la ignorancia, sino que nos invita a buscar con pasión esas herramientas espirituales. En 1 Corintios 12 y 14, el apóstol Pablo nos da una guía clara y transformadora. Prepárate para descubrir que procurar los dones no es un lujo, sino una necesidad para la iglesia de hoy.
Contexto Biblico
La carta de 1 Corintios fue escrita por el apóstol Pablo a una iglesia joven y vibrante en la ciudad de Corinto, un puerto comercial lleno de diversidad cultural y religiosa. Esta comunidad enfrentaba problemas serios: divisiones internas, inmoralidad sexual, pleitos entre hermanos y un mal entendimiento de los dones espirituales. En medio de ese caos, Pablo no solo corrige, sino que edifica con amor y sabiduría, mostrando el camino que agrada a Dios.
El capítulo 12 comienza con una declaración poderosa: ‘Acerca de los dones espirituales, no quiero, hermanos, que ignoréis’. Pablo sabía que la ignorancia en este tema trae confusión, orgullo o temor. Por eso, dedica varios capítulos a explicar la diversidad de dones, pero siempre bajo un principio unificador: el Espíritu Santo es el mismo que reparte a cada uno como quiere. La meta no es la exhibición personal, sino el bien común del cuerpo de Cristo.
Es crucial entender que en Corinto, algunos creyentes menospreciaban ciertos dones y exaltaban otros, especialmente el hablar en lenguas. Esto generaba desorden y rivalidad. Pablo, con sabiduría divina, no apaga el Espíritu, pero pone cada manifestación en su lugar correcto. La edificación de la iglesia es el termómetro para medir el uso correcto de cualquier don, y ese principio sigue siendo válido para nosotros hoy en nuestras congregaciones colombianas.
La Historia
Imagina una reunión en una casa amplia de Corinto, con hermanos de diferentes clases sociales: esclavos y libres, judíos y gentiles, ricos y pobres. Todos han experimentado el amor de Cristo, pero cuando llega el momento de adorar, el caos se apodera del ambiente. Unos hablan en lenguas sin intérprete, otros profetizan al mismo tiempo, y algunos callan por sentirse menos espirituales. La reunión parece una torre de Babel, y los visitantes piensan que están locos.
Pablo escribe para poner orden, pero no con reglas frías, sino con una visión clara del cuerpo. Él compara la iglesia con un cuerpo humano: ‘Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo’. Ningún miembro puede decirle al otro ‘no te necesito’, ni el pie puede envidiara la mano. Cada don, por pequeño que parezca, es indispensable para el funcionamiento saludable de la congregación.
Luego de explicar la diversidad, Pablo revela algo sorprendente: hay un camino más excelente. En el capítulo 13, el famoso himno al amor, él deja claro que sin amor, los dones más espectaculares son como un metal que resuena o un címbalo que retiñe. Hablar en lenguas de hombres y ángeles, tener toda la fe para mover montañas, repartir todos los bienes… si no hay amor, nada aprovecha. El amor es el motor que da valor eterno a cada manifestación espiritual.
Finalmente, en el capítulo 14, Pablo da instrucciones prácticas para la reunión: que todo se haga para edificación, que profetizar es mayor que hablar en lenguas sin interpretación, y que el orden debe reinar. ‘Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas’, dice, porque Dios no es Dios de confusión, sino de paz. La iglesia no es un escenario para lucirse, sino un hospital donde cada miembro sirve al otro con el don que recibió.
La historia de Corinto es un espejo para nosotros. ¿Cuántas veces hemos visto iglesias divididas por celos espirituales? ¿Cuántas veces hemos menospreciado a un hermano porque su don no es visible? Pablo nos recuerda que el mismo Espíritu obra en todos, y que la diversidad es una bendición, no una amenaza. Procurar los dones es urgente, pero siempre con el amor como brújula.
Significado Teologico
El fundamento teológico de este pasaje es la soberanía del Espíritu Santo en la distribución de los dones. Pablo es enfático: ‘Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere’. No somos nosotros quienes elegimos nuestro don, ni podemos envidiarlo de otro. Esta verdad nos libera de la competencia y nos invita a la gratitud por lo que Dios nos confió.
Además, el propósito final de los dones es la edificación del cuerpo de Cristo, no el beneficio personal. La palabra griega usada es ‘oikodomé’, que significa construir una casa. Cada don es un ladrillo que aporta a la estructura espiritual de la iglesia. Por eso, cuando usamos un don sin amor, estamos poniendo un ladrillo torcido que debilita la construcción. El amor no es un don más, sino el contexto obligatorio donde todos los dones funcionan bien.
Otro punto teológico clave es la relación entre los dones y la madurez espiritual. Pablo dice que cuando sea perfecto venga, lo que es en parte se acabará, pero el amor nunca deja de ser. Esto nos enseña que los dones son temporales y parciales, pero el amor es eterno. No debemos despreciar los dones, pero tampoco convertirlos en ídolos. La meta es crecer en amor, que es el fruto del Espíritu que permanece para siempre.
Lecciones para Hoy
En nuestra Colombia, donde el fervor religioso es alto pero el conocimiento bíblico a veces escaso, este pasaje nos llama a un equilibrio sano. No se trata de apagar el fuego del Espíritu, pero tampoco de encender fogatas que solo dan humo. Necesitamos iglesias donde se procure la profecía, es decir, hablar de parte de Dios para edificar, exhortar y consolar, pero con orden y amor. Un culto sin desorden no es un culto sin Espíritu; al contrario, es un culto donde el Espíritu reina en paz.
Otra lección práctica es la valoración de todos los miembros. En muchas congregaciones, solo se destacan los que predican, cantan o tienen dones visibles. Pero Pablo nos recuerda que los miembros que parecen más débiles son más necesarios. El que sirve en la cocina, el que limpia la iglesia, el que ora en secreto, todos son vitales. Procurar los dones también implica descubrir y animar a aquellos que parecen estar en la sombra.
Finalmente, te animamos a que no te conformes con una fe pasiva. Pídele a Dios que te muestre tu don y úsalo con valentía. No esperes a ser perfecto; el amor cubre la imperfección. Busca la edificación de tu iglesia local, no la fama personal. Recuerda que el mayor don no es el más espectacular, sino el que más amor demuestra. La iglesia en Colombia necesita creyentes que procuren los dones con un corazón rendido al Señor.
Preguntas Frecuentes
¿Cómo puedo descubrir cuál es mi don espiritual?
Primero, ora y pide al Espíritu Santo que te revele tu llamado. Luego, ponte al servicio en tu iglesia local; muchas veces los dones se descubren sirviendo. Observa qué actividades te producen gozo y fruto, y pide retroalimentación a líderes maduros. No te compares con otros, porque Dios te hizo único. También estudia las listas de dones en Romanos 12, 1 Corintios 12 y Efesios 4, y pide confirmación a tu comunidad de fe.
¿Todos los dones espirituales siguen vigentes hoy?
La Biblia no enseña que los dones hayan cesado, sino que deben usarse conforme al amor y el orden. Sí, los dones como profecía, sanidad, lenguas e interpretación siguen disponibles, pero siempre para edificación. El problema no es el don, sino el mal uso. En la iglesia colombiana, debemos mantener una actitud abierta pero equilibrada: no prohibir lo que el Espíritu hace, pero tampoco forzar manifestaciones que causen confusión. Todo debe someterse a la Palabra.
¿Qué significa ‘procurad los dones espirituales’ en la práctica diaria?
Procurar significa buscar con diligencia y deseo ardiente. En la práctica, esto implica orar pidiendo dones, estudiar la Palabra para entenderlos, y estar dispuesto a usarlos en el momento que Dios lo indique. También significa valorar los dones de los demás y crear un ambiente donde todos puedan ministrar. No es una búsqueda egoísta, sino un anhelo por ser más útil en la viña del Señor. Dios honra a quien busca servir.