¿Alguna vez te has preguntado qué pasó después de que Jesús resucitó? Pues resulta que no se quedó aquí en la tierra para siempre, sino que subió al cielo en un evento que llamamos la Ascensión. Esta historia es clave para entender nuestra fe, porque no solo marca el final de su vida terrenal, sino que nos da una esperanza bien grande. En Colombia, donde valoramos tanto la familia y las promesas, este momento nos recuerda que Jesús no nos dejó botados, sino que nos preparó un lugar y nos envió al Espíritu Santo.
Contexto Bíblico
La Ascensión de Jesús aparece en varios libros del Nuevo Testamento, pero los relatos más completos los encontramos en Lucas 24:50-53 y en Hechos de los Apóstoles 1:6-11. Lucas, que era un médico y compañero de Pablo, escribió estos dos textos como una sola obra en dos partes: primero el Evangelio y luego los Hechos. En el Evangelio, Lucas nos cuenta que Jesús llevó a sus discípulos hasta Betania, alzó sus manos y los bendijo, y mientras los bendecía, fue llevado al cielo. En Hechos, el relato es un poco más detallado: después de cuarenta días de enseñarles sobre el Reino de Dios, Jesús fue elevado en una nube y dos ángeles aparecieron para decirles que volvería de la misma manera.
Para los colombianos, entender el contexto de la Ascensión es como armar un rompecabezas familiar. Los discípulos habían pasado por la montaña rusa emocional de ver a Jesús crucificado, luego resucitado, y ahora se iba otra vez. Pero a diferencia de la primera partida, esta vez no era una despedida triste, sino una promesa de algo mejor. En la cultura judía, el cielo era visto como la morada de Dios, y que Jesús subiera allí significaba que había completado su misión. Además, el número cuarenta es importante en la Biblia: representa un tiempo de preparación, como los cuarenta días del diluvio o los cuarenta años en el desierto. Así que esos cuarenta días entre la resurrección y la ascensión fueron un tiempo de enseñanza intensiva para los apóstoles.
La Ascensión no fue un evento aislado, sino la culminación de todo lo que Jesús vino a hacer. Desde el Antiguo Testamento, los profetas habían anunciado que el Mesías sería exaltado. Por ejemplo, en el Salmo 110:1, David escribe: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies’. Los primeros cristianos vieron en la Ascensión el cumplimiento de esta profecía. Jesús no solo resucitó, sino que fue exaltado al lugar de honor en el cielo, sentado a la derecha de Dios Padre. Esto le da un peso teológico enorme, porque muestra que Jesús tiene autoridad sobre todo lo creado.
La Historia
Imagínate la escena: estamos en Jerusalén, cuarenta días después de esa mañana de domingo cuando María Magdalena encontró la tumba vacía. Los discípulos han estado reunidos con Jesús, comiendo con Él, tocándolo, viéndolo hacer milagros como antes de morir. Pero ahora Jesús les dice que se vayan a Galilea, a un monte que les había indicado. Allá va todo el grupo, unos once apóstoles y más de quinientos hermanos, según cuenta Pablo en 1 Corintios 15:6. El ambiente es de expectativa, porque Jesús les ha estado hablando del Reino de Dios, y ellos todavía tienen la esperanza de que va a restaurar el reino terrenal de Israel. Pero Jesús tiene otros planes.
Cuando llegan al monte, Jesús les da las últimas instrucciones. Les dice que no se vayan de Jerusalén, sino que esperen la promesa del Padre: el Espíritu Santo. ‘Recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes’, les dice, ‘y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra’ (Hechos 1:8). Es como si les estuviera pasando la batuta. Ya no va a estar físicamente con ellos, pero les deja una misión y la herramienta para cumplirla. Luego, levanta sus manos y los bendice. En ese gesto de bendición, que es tan familiar en nuestras iglesias colombianas cuando el pastor alza la mano al final del culto, Jesús está transmitiendo su amor y su autoridad.
De repente, mientras los bendice, comienza a elevarse lentamente. Los discípulos lo ven subir, cada vez más alto, hasta que una nube lo cubre y ya no lo ven más. Imagínate el asombro de esos hombres y mujeres. Se quedan mirando fijamente al cielo, como cuando uno ve algo increíble y no puede apartar la mirada. Pero entonces, dos varones vestidos de blanco aparecen a su lado. Son ángeles, y les dicen: ‘Varones galileos, ¿por qué están mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de ustedes al cielo, vendrá así como lo han visto ir al cielo’ (Hechos 1:11). Esa frase es una promesa: Jesús va a volver. No se fue para siempre, sino que regresará en gloria.
Los discípulos entonces vuelven a Jerusalén, pero no con tristeza, sino con gran gozo. Lucas dice que ‘se postraron ante Él y lo adoraron, y volvieron a Jerusalén con gran alegría’ (Lucas 24:52). Esto es clave: no es una despedida triste como cuando un ser querido se va para siempre. Es una celebración porque saben que Jesús está con el Padre, intercediendo por ellos, y que pronto enviará al Espíritu Santo. Se quedan en el aposento alto, orando y esperando, hasta que llega Pentecostés. Y allí, el Espíritu Santo desciende como lenguas de fuego, y la iglesia nace con poder.
En Colombia, esta historia nos toca el corazón porque nos recuerda que las despedidas no son eternas. Cuando un familiar se va a vivir a otra ciudad o al exterior, siempre queda la esperanza del reencuentro. La Ascensión nos enseña que Jesús se fue para prepararnos un lugar, pero que va a volver. Mientras tanto, no estamos solos: tenemos al Espíritu Santo, que nos da fuerzas para ser testigos en nuestras comunidades, en el trabajo, en la universidad. Es como cuando un papá le dice a su hijo: ‘Me voy, pero te dejo las herramientas para que sigas adelante’. Eso es exactamente lo que hizo Jesús.
Significado Teológico
La Ascensión de Jesús tiene un significado profundo que va más allá de una simple subida al cielo. En primer lugar, marca la exaltación de Jesús como Señor y Cristo. Después de su humillación en la cruz, donde fue tratado como un criminal, Dios lo exaltó hasta lo más alto y le dio un nombre sobre todo nombre (Filipenses 2:9-11). Sentarse a la diestra de Dios significa que Jesús tiene autoridad absoluta sobre el universo, sobre los ángeles, sobre los demonios y sobre la historia. Para nosotros los colombianos, esto es un alivio: sabemos que quien gobierna el mundo no es un político corrupto ni un dictador, sino Jesús, que nos ama y dio su vida por nosotros.
En segundo lugar, la Ascensión inaugura el sacerdocio celestial de Jesús. En la carta a los Hebreos, se nos dice que Jesús entró en el santuario celestial para interceder por nosotros (Hebreos 4:14-16). Así como en el Antiguo Testamento el sumo sacerdote entraba una vez al año al Lugar Santísimo para ofrecer sangre por los pecados del pueblo, Jesús entró de una vez por todas con su propia sangre para obtener redención eterna. Esto significa que tenemos un abogado en el cielo, alguien que nos defiende delante del Padre. Cuando fallamos, cuando pecamos, no tenemos que tener miedo: Jesús está allí, diciendo: ‘Yo pagué por eso’. Eso es una gracia inmensa.
En tercer lugar, la Ascensión es la garantía de nuestra propia resurrección. Jesús subió al cielo como las primicias de los que durmieron (1 Corintios 15:20). Así como Él resucitó y ascendió, nosotros también resucitaremos y, si somos fieles, estaremos con Él para siempre. Esa esperanza transforma nuestra manera de vivir. Ya no vivimos como si esto fuera todo, sino que caminamos hacia una meta eterna. En un país como Colombia, donde a veces la violencia, la desigualdad y la incertidumbre nos agobian, saber que hay una vida después de esta nos da fuerzas para seguir luchando y amando.
Lecciones para Hoy
La primera lección que podemos aplicar hoy es que no estamos solos. Jesús se fue físicamente, pero envió al Espíritu Santo para que esté con nosotros siempre. En nuestra vida diaria, cuando enfrentamos problemas en el trabajo, en la familia o en la salud, podemos recordar que el mismo poder que resucitó a Jesús está disponible para nosotros. El Espíritu Santo nos da sabiduría, paz y fortaleza. Por eso, no tenemos que cargar con todo nosotros solos; podemos orar y pedir su ayuda. En Colombia, donde somos tan dados a pedirle favores a los santos, recordemos que el único mediador es Jesús, y que el Espíritu Santo es nuestro consuelo.
La segunda lección es que tenemos una misión. Antes de ascender, Jesús nos encargó ser sus testigos. Esto no es solo para pastores o misioneros, sino para todos los que creemos en Él. Ser testigos significa hablar de Jesús con nuestra vida y con nuestras palabras. En el barrio, en la tienda, en la universidad, podemos mostrar el amor de Dios siendo honestos, serviciales y compasivos. No se trata de imponer nuestra fe a la brava, sino de vivir de tal manera que otros pregunten por la esperanza que hay en nosotros. Como dice el dicho colombiano: ‘El ejemplo arrastra’. Si vivimos como Jesús, la gente va a notar la diferencia.
La tercera lección es que debemos vivir con esperanza. La Ascensión nos asegura que Jesús va a volver. Esto no es una excusa para quedarnos cruzados de brazos, sino un motor para trabajar con entusiasmo. Sabemos que la historia no termina en tragedia, sino en victoria. Por más oscuro que se ponga el panorama, la última palabra la tiene Dios. En Colombia, hemos visto tantas situaciones difíciles, pero la fe nos sostiene. La Ascensión nos recuerda que nuestro ciudadano es el cielo, y que mientras esperamos, debemos hacer el bien, amar a nuestro prójimo y mantenernos firmes en la fe.
Preguntas Frecuentes
¿Por qué fue necesario que Jesús ascendiera al cielo?
Jesús ascendió al cielo para cumplir su misión de ser exaltado como Señor, para interceder por nosotros ante el Padre y para enviar al Espíritu Santo. Si no se hubiera ido, el Espíritu Santo no habría venido (Juan 16:7). Además, su ascensión nos da la certeza de que Él reina sobre todo y que volverá por nosotros.
¿Dónde está Jesús ahora según la Biblia?
Según la Biblia, Jesús está sentado a la diestra de Dios Padre, en el cielo, en un lugar de honor y autoridad. Desde allí, Él intercede por nosotros y gobierna sobre toda la creación. No está físicamente en la tierra, pero está presente espiritualmente en medio de su iglesia y en el corazón de los creyentes.
¿Cómo se celebra la Ascensión en la iglesia cristiana?
La Ascensión se celebra cuarenta días después del Domingo de Resurrección, generalmente en un jueves. Muchas iglesias realizan cultos especiales con lecturas bíblicas, himnos y reflexiones sobre el significado de este evento. En Colombia, algunas congregaciones aprovechan para recordar la Gran Comisión y motivar a los creyentes a ser testigos de Jesús en su comunidad.
