Mire, en la Biblia hay personajes que pasan desapercibidos, pero Esteban no es uno de ellos. Este hombre, lleno de fe y del Espíritu Santo, hizo cosas que dejaron a la gente boquiabierta. ¿Sabía usted que Esteban realizó grandes milagros y señales entre el pueblo? No era apóstol, pero su ministerio fue tan poderoso que hasta sus enemigos no podían resistir su sabiduría. Aquí en Colombia, donde a veces nos toca bregar con la incredulidad, la historia de Esteban nos recuerda que el poder de Dios no depende de títulos, sino de un corazón entregado.
Contexto Bíblico
Para entender los milagros de Esteban, tenemos que meternos en el libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulos 6 y 7. La iglesia primitiva estaba creciendo como espuma, pero también llegaron los problemas: los viudos de habla griega se quejaban de que no los atendían bien en la repartición de alimentos. Los apóstoles, viendo que no podían descuidar la predicación, pidieron que escogieran a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, para que se encargaran de esa labor. Esteban fue uno de ellos, y no era cualquier persona: la Biblia dice que era ‘varón lleno de fe y del Espíritu Santo’.
Lo interesante es que Esteban no se quedó solo en el servicio de mesas. El mismo capítulo 6 de Hechos nos cuenta que ‘Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo’. Imagínese usted: un diácono, alguien que empezó repartiendo comida, terminó haciendo milagros que llamaban la atención de todos. En ese contexto, el pueblo judío esperaba señales del Mesías, y Dios usó a Esteban para confirmar su mensaje con obras poderosas. No era magia, era el poder del Espíritu Santo obrando a través de un hombre común y corriente.
Además, la oposición no se hizo esperar. Unos judíos de la sinagoga de los Libertos se pusieron a discutir con Esteban, pero no podían resistir la sabiduría y el Espíritu con que hablaba. Esa es la clave: los milagros no eran para hacer show, sino para respaldar la verdad del evangelio. En un mundo como el nuestro, donde muchos buscan experiencias vacías, el ejemplo de Esteban nos enseña que la verdadera señal es la que transforma vidas y glorifica a Dios.
La Historia
La historia de Esteban comienza en Jerusalén, en medio de una comunidad que aprendía a vivir en unidad. Cuando los apóstoles nombraron a los siete diáconos, Esteban fue el primero en la lista. Pero lo que pocos esperaban era que este hombre, dedicado a servir en lo práctico, también estuviera ungido para lo sobrenatural. La Biblia no detalla cada milagro, pero dice que hacía ‘grandes prodigios y señales’. Eso implica sanidades, liberaciones, y quizás cosas que ni imaginamos. La gente lo veía y sabía que Dios estaba con él.
Pronto, la controversia llegó. Unos hombres de la sinagoga de los Libertos, junto con otros de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se levantaron a discutir con Esteban. Pero no pudieron ganarle el debate, porque él hablaba con sabiduría celestial. Entonces, como suele pasar cuando la verdad incomoda, recurrieron a la mentira: sobornaron a testigos para que dijeran que Esteban blasfemaba contra Moisés y contra Dios. Lo llevaron ante el concilio, y todos los que estaban sentados vieron su rostro ‘como el rostro de un ángel’. Eso no lo inventa uno, está escrito en Hechos 6:15.
Cuando Esteban tuvo la oportunidad de hablar, no se defendió con excusas. En lugar de eso, hizo un recorrido por la historia de Israel, desde Abraham hasta Salomón, mostrando cómo Dios siempre había guiado a su pueblo, pero ellos se habían resistido. Fue un discurso valiente y directo, señalando que ellos, como sus antepasados, resistían al Espíritu Santo y habían matado al Justo, a Jesús. Eso sí que encendió los ánimos. Los líderes religiosos se enfurecieron y crujían los dientes contra él.
Pero en ese momento de máxima tensión, Esteban, lleno del Espíritu Santo, miró al cielo y vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la diestra de Dios. Y dijo: ‘He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios’. Esa visión fue su fortaleza. Mientras lo apedreaban, Esteban oró: ‘Señor Jesús, recibe mi espíritu’, y luego, arrodillándose, clamó a gran voz: ‘Señor, no les tomes en cuenta este pecado’. Y después de decir esto, durmió. Así murió el primer mártir cristiano, un hombre que hizo milagros y que selló su testimonio con su propia sangre.
Lo impactante es que sus milagros no lo salvaron de la muerte, pero sí dejaron una huella imborrable. La gente que lo vio, los que fueron testigos de sus señales, nunca pudieron negar que Dios había estado con él. Y su muerte no fue en vano: en ese mismo lugar estaba Saulo de Tarso, aprobando la ejecución, y la semilla del evangelio siguió creciendo. A veces, el milagro más grande no es la sanidad física, sino la fidelidad hasta el final.
Significado Teológico
Desde la teología, los milagros de Esteban nos muestran que el poder de Dios no está limitado a los apóstoles. El Espíritu Santo se derramó sobre todos los creyentes, y Esteban, siendo diácono, fue un canal de bendición. Esto es importante porque rompe con la idea de que solo los ‘supercreyentes’ pueden hacer milagros. Dios usa a quien quiere, y la condición es la fe y la llenura del Espíritu. Además, los milagros de Esteban no fueron un fin en sí mismos, sino una confirmación del mensaje del evangelio. En un mundo lleno de falsos profetas, las señales verdaderas siempre apuntan a Jesús.
Otro punto clave es la relación entre milagros y persecución. Esteban hizo milagros, pero también enfrentó la muerte. Esto nos enseña que el poder de Dios no siempre nos libra del sufrimiento, sino que nos da la fuerza para atravesarlo. La teología de la prosperidad a veces vende la idea de que si tienes fe, todo te sale bien y no te enfermas, pero la vida de Esteban contradice eso. Él tuvo fe, hizo milagros, y murió apedreado. Su verdadero milagro fue la gracia para perdonar a sus verdugos, reflejando a Cristo en la cruz.
Finalmente, la visión de Esteban de Jesús ‘de pie a la diestra de Dios’ tiene un significado profundo. En la Biblia, Jesús normalmente está sentado, indicando que su obra de redención está completa. Pero aquí está de pie, como listo para recibir a su siervo. Es una imagen de esperanza: cuando nosotros enfrentamos pruebas, Jesús no está indiferente, sino que se levanta a nuestro favor. Los milagros de Esteban fueron el preludio de una vida que terminó en gloria, y eso nos da una perspectiva eterna.
Lecciones para Hoy
Para nosotros los colombianos, que vivimos en un país donde a veces la violencia y la injusticia nos golpean, la historia de Esteban nos invita a no tener miedo. Él no se calló frente a los poderosos, y nosotros tampoco deberíamos callar la verdad. Los milagros que Dios hace hoy pueden ser desde una sanidad física hasta la reconciliación de una familia. Lo importante es que estemos llenos del Espíritu Santo, como Esteban, para ser instrumentos de bendición. No necesitamos ser pastores o líderes reconocidos; un creyente común, como usted o como yo, puede ser usado por Dios.
Otra lección es que el servicio humilde abre puertas al poder de Dios. Esteban empezó sirviendo mesas, y de ahí pasó a hacer milagros. Muchas veces queremos grandes ministerios, pero descuidamos lo pequeño. Si usted es fiel en lo poco, Dios le dará más. Además, los milagros no siempre son espectaculares; a veces el milagro es tener paz en medio de la tormenta, o poder perdonar a quien le hizo daño. Eso también es sobrenatural.
Finalmente, Esteban nos enseña a morir a nosotros mismos. Él no buscó su propia gloria, sino la de Dios. Hoy en día, hay mucha gente que busca fama con ‘milagros’ falsos, pero el verdadero siervo de Dios prefiere pasar desapercibido. La pregunta es: ¿estamos dispuestos a ser como Esteban, aun si eso significa enfrentar críticas o dificultades? Porque el poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad, y un corazón dispuesto es el mejor escenario para que Él obre.
Preguntas Frecuentes
¿Qué tipo de milagros hizo Esteban?
La Biblia no detalla uno por uno, pero dice que hacía ‘grandes prodigios y señales entre el pueblo’. Esto probablemente incluía sanidades, liberaciones de demonios, y otros actos sobrenaturales que confirmaban que Dios estaba con él. Lo importante es que estos milagros no eran para su fama, sino para mostrar el poder de Jesús y atraer a la gente al evangelio.
¿Por qué Esteban murió si hacía milagros?
Porque los milagros no garantizan una vida sin sufrimiento. Esteban fue fiel hasta la muerte, y Dios usó su martirio para esparcir el evangelio. Su muerte no fue una derrota, sino una victoria, porque él vio la gloria de Dios antes de morir. A veces el milagro más grande es la gracia para enfrentar la muerte con paz y perdón.
¿Cómo puedo tener el mismo poder de Esteban en mi vida?
El secreto está en Hechos 6: ‘lleno de fe y del Espíritu Santo’. Para tener ese poder, necesita buscar a Dios en oración, leer su Palabra, y estar dispuesto a servir a los demás sin esperar nada a cambio. También es clave vivir en obediencia y no tener miedo de hablar la verdad con amor. El Espíritu Santo es quien da el poder, no nuestros esfuerzos humanos.
