Mire, usted ha recibido la visita de dos jóvenes con camisa blanca y corbata, portando un libro azul o negro titulado El Libro de Mormón. Le dicen que su iglesia es la única verdadera, que el cristianismo tradicional se corrompió, y que José Smith fue un profeta restaurador. Tal vez un familiar o amigo se ha unido a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y usted nota cambios en su fe, preguntas que antes no hacía. No se preocupe, porque como colombianos, sabemos que la verdad se defiende con amor pero también con conocimiento. En este artículo vamos a desmenuzar las enseñanzas mormonas desde la Biblia, que es nuestra única regla de fe y práctica, y le daremos herramientas claras para responder con firmeza y respeto.
Contexto Biblico
La Biblia nos advierte repetidamente sobre la aparición de falsos profetas y doctrinas engañosas. En Gálatas 1:8, el apóstol Pablo es contundente: ‘Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema’. Esto es clave porque José Smith afirmó que un ángel llamado Moroni se le apareció en 1823 para revelarle un evangelio ‘restaurado’. La Biblia no necesita restauración, pues fue completada con la muerte de los apóstoles, y Cristo prometió que el Espíritu Santo guiaría a su Iglesia a toda verdad (Juan 16:13). Cualquier ‘nueva revelación’ que contradiga las Escrituras ya está condenada por Dios mismo.
Además, en 2 Pedro 2:1 leemos: ‘Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina’. El mormonismo niega doctrinas fundamentales como la Trinidad, la salvación solo por gracia mediante la fe, y la suficiencia de Cristo. Aunque usan términos cristianos como ‘Jesucristo’ o ‘salvación’, les dan significados completamente diferentes. Es como si alguien dijera ‘arroz’ pero se refiriera a una piedra: la palabra es la misma, pero el contenido no. Por eso debemos conocer bien la Biblia para no ser engañados.
La Historia
Corría el año 1820 en Palmyra, Nueva York, cuando un joven llamado José Smith, de 14 años, dijo haber tenido una visión donde Dios Padre y Jesucristo se le aparecieron como dos seres separados. Según su relato, le dijeron que todas las iglesias cristianas estaban equivocadas, que sus credos eran abominables, y que no debía unirse a ninguna. Tres años después, en 1823, afirmó que el ángel Moroni se le presentó y le reveló la existencia de unas planchas de oro enterradas en una colina cercana, con escritura ‘egipcia reformada’ que contenía la historia de los antiguos habitantes de América.
En 1830, Smith publicó El Libro de Mormón, que según él era una traducción divina de esas planchas. Allí se narra que un grupo de israelitas, liderados por un tal Lehi, llegó a América alrededor del 600 a.C. Luego, después de la resurrección de Cristo, Jesús visitó personalmente este continente. El libro también habla de batallas entre dos civilizaciones: los nefitas (buenos) y los lamanitas (malos), estos últimos supuestos ancestros de los indígenas americanos. Sin embargo, la arqueología, la genética y la historia no respaldan ninguna de estas afirmaciones: no hay evidencia de caballos, trigo, acero ni escritura hebrea en América precolombina en las fechas que el libro menciona.
Joseph Smith fundó la Iglesia en 1830, pero su vida estuvo llena de controversias. Enseñó la poligamia (matrimonio plural) en secreto, algo que la Biblia condena (1 Timoteo 3:2). También afirmó que los hombres podían llegar a ser dioses, gobernando sus propios planetas, basado en una interpretación retorcida de Salmos 82:6. Smith fue asesinado en 1844 por una turba en Illinois, pero la iglesia siguió creciendo bajo el liderazgo de Brigham Young, quien llevó a los mormones a Utah. Hoy, el mormonismo cuenta con más de 16 millones de miembros, pero sus doctrinas siguen siendo las mismas: una mezcla de cristianismo con mitología estadounidense del siglo XIX.
Es importante entender que los mormones no son simplemente ‘otra denominación cristiana’. Ellos creen que la Biblia fue traducida incorrectamente y que solo es confiable ‘en la medida en que esté traducida correctamente’, pero El Libro de Mormón es considerado ‘el libro más correcto de la tierra’. También tienen otros libros sagrados: Doctrina y Convenios (revelaciones de Smith) y La Perla de Gran Precio. En la práctica, un mormón devoto sigue más las enseñanzas de sus líderes actuales (profetas, videntes y reveladores) que la Biblia misma. Esto choca directamente con Apocalipsis 22:18-19, que advierte no añadir ni quitar nada de las palabras del libro de la profecía.
Significado Teologico
El mormonismo presenta un dios diferente al de la Biblia. Mientras que el cristianismo histórico afirma que Dios es un Espíritu eterno, inmutable, omnisciente y omnipotente (Juan 4:24, Malaquías 3:6), José Smith enseñó que Dios es un ser exaltado de carne y huesos, que una vez fue un hombre como nosotros, y que progresó hasta convertirse en dios. Incluso dijo: ‘Así como el hombre es, Dios una vez fue; así como Dios es, el hombre puede llegar a ser’. Esto es una negación total de la soberanía y unicidad de Dios (Isaías 43:10, 44:6). La Biblia dice claramente que no hay otro Dios fuera de Jehová, y que Él no es un hombre para que mienta (Números 23:19).
Otro punto crucial es la salvación. El mormonismo enseña que la fe en Cristo es necesaria, pero insuficiente: hay que añadir obras como el bautismo por los muertos, la investidura en el templo, el matrimonio eterno, el pago del diezmo, y la obediencia a los mandamientos actuales de los profetas. Enseñan tres grados de gloria (celestial, terrestre y telestial) y que casi todos serán salvos, excepto unos pocos ‘hijos de perdición’. Pero la Biblia es clara: ‘Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe’ (Efesios 2:8-9). Cristo dijo: ‘Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí’ (Juan 14:6), sin añadiduras humanas.
Lecciones para Hoy
Primero, debemos estar firmes en la Palabra de Dios. No podemos confiar en sueños, visiones o sentimientos para determinar la verdad. Los mormones a menudo invitan a ‘orar para saber si El Libro de Mormón es verdadero’, basándose en Moroni 10:4-5. Pero la Biblia nos dice que el corazón es engañoso (Jeremías 17:9) y que Satanás se disfraza como ángel de luz (2 Corintios 11:14). La verdad se conoce por la Escritura, no por una ‘sensación cálida en el pecho’. Jesús mismo dijo: ‘Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad’ (Juan 17:17). Así que, cuando un mormón le pida que ore para probar su libro, usted puede responder: ‘Mi fe está basada en la Biblia, que es la verdad revelada y suficiente’ (2 Timoteo 3:16-17).
Segundo, debemos amar a los mormones como personas, pero no aceptar su doctrina. Muchos son sinceros, dedicados y de buenas costumbres; evitan el alcohol, el tabaco y el café, y valoran la familia. Pero la sinceridad no salva; solo la verdad en Cristo salva (Hechos 4:12). Al hablar con ellos, sea respetuoso, pero no transija. Pregúnteles: ‘¿Cree usted que la Biblia es suficiente para conocer a Dios y ser salvo?’ Si dicen que no, muéstreles versículos como 2 Pedro 1:3: ‘Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder’. No discuta por ganar, sino por amor a la verdad. Recuerde que no estamos peleando contra personas, sino contra engaños espirituales (Efesios 6:12).
Finalmente, la iglesia local debe prepararse. Organice estudios bíblicos sobre sectas, invite a pastores o hermanos capacitados en apologética, y ore por los que están siendo seducidos. En Colombia, el mormonismo ha crecido especialmente en ciudades como Bogotá, Medellín y Cali, con templos y centros de reunión. No tema invitar a un mormón a su iglesia, pero asegúrese de que su congregación sepa responder con mansedumbre y temor (1 Pedro 3:15). La mejor defensa es un cristiano que ama la Biblia, la estudia y la vive. No se trata de tener miedo, sino de estar preparados.
Preguntas Frecuentes
¿Los mormones son cristianos?
No, aunque ellos se llamen a sí mismos ‘Santos de los Últimos Días’ y digan creer en Jesús, su Jesús es diferente al de la Biblia. Para ellos, Jesús es un espíritu hermano de Lucifer, creado por el Padre celestial (que también fue un hombre). La Biblia enseña que Jesús es Dios eterno, el Creador (Juan 1:1-3, Colosenses 1:16-17). Además, niegan la Trinidad, la salvación solo por gracia, y la suficiencia de las Escrituras. Por lo tanto, no podemos considerarlos hermanos en la fe, sino personas a las que debemos predicar el verdadero evangelio.
¿Qué dice la Biblia sobre el bautismo por los muertos?
La Biblia no enseña el bautismo por los muertos. En 1 Corintios 15:29, Pablo menciona una práctica de algunos en Corinto que se bautizaban por los muertos, pero él no la aprueba ni la ordena; simplemente la usa como argumento retórico sobre la resurrección. El versículo dice: ‘De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan?’. No es una doctrina, sino una referencia a una costumbre pagana o equivocada. El mormonismo la tomó para justificar su práctica de bautizar a vivos en representación de ancestros fallecidos, lo cual contradice Hebreos 9:27: ‘Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio’.
¿Cómo responder cuando un mormón dice que su iglesia es la única verdadera?
Con amor y firmeza, pregúntele: ‘¿En qué basa esa afirmación?’ Ellos dirán que en la Gran Apostasía, la idea de que la iglesia primitiva se corrompió y desapareció hasta José Smith. Pero Jesús prometió que las puertas del Hades no prevalecerían contra su iglesia (Mateo 16:18) y que Él estaría con nosotros hasta el fin del mundo (Mateo 28:20). La iglesia verdadera no es una organización con un edificio en Salt Lake City, sino el cuerpo de todos los creyentes en Cristo, en todo el mundo, que confiesan que Jesús es el Señor (Romanos 10:9-10). Muéstrele que la unidad cristiana no está en una sede, sino en la fe en el evangelio bíblico.