Mire, usted sabe que en Colombia siempre estamos pendientes del vecino, del primo, del compañero de trabajo. Pero, ¿alguna vez se ha preguntado qué significa realmente agradar al prójimo sin perderse a uno mismo? El apóstol Pablo nos dejó un capítulo entero, Romanos 15, que habla justo de eso: de cargar con las debilidades de los demás y buscar lo que edifica. No es un tema fácil, porque a veces confundimos agradar con complacer a todo el mundo. Vamos a desmenuzar este pasaje con calma, como quien toma un tinto bien cargado, para entender cómo aplicarlo en nuestra vida diaria.
Contexto Biblico
Para entender Romanos 15, hay que mirar atrás, al capítulo 14, donde Pablo ya venía hablando de un problema serio en la iglesia de Roma. Había dos grupos: los que creían que podían comer de todo y los que solo comían verduras; los que celebraban ciertos días y los que no. Estas diferencias estaban causando divisiones, y Pablo les estaba enseñando que no se trataba de tener la razón, sino de recibirse mutuamente como Cristo los recibió. El capítulo 15 es la continuación directa de ese sermón, la conclusión práctica de toda esa enseñanza sobre la libertad cristiana y el amor.
Además, este capítulo está escrito en un tono pastoral, no de regaño. Pablo no está dictando leyes, sino recordando principios. Él mismo se presenta como ejemplo de alguien que no busca su propio beneficio, sino la gloria de Dios. También menciona que Cristo se hizo servidor de los judíos para confirmar las promesas de Dios y abrir la puerta a los gentiles. O sea, todo el contexto es sobre la unidad en medio de la diversidad, un tema que nos pega duro hoy en día, sobre todo en un país tan diverso como Colombia, donde hasta por el acento nos podemos pelear.
La Historia
Imagínese la escena: una iglesia en Roma, a mediados del siglo primero, con gente de todas partes del imperio. Judíos que habían conocido a Jesús y gentiles que venían del paganismo, todos reunidos, pero mirándose de reojo. Los judíos tenían años de tradición, de leyes sobre alimentos y días santos; los gentiles no entendían por qué tanto escándalo con un pedazo de carne. En ese ambiente tenso, Pablo escribe: ‘Nosotros, los que somos fuertes, debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos’. Eso es como decirle al costeño que aguante el frío del rolo y al rolo que aguante el calor costeño, pero en lo espiritual.
Pablo no se queda en el consejo bonito, sino que pone a Cristo como el ejemplo máximo. Él dice que ni Cristo se agradó a sí mismo, sino que soportó la cruz, los insultos y el rechazo para salvarnos. Es más, cita un salmo: ‘Los vituperios de los que te vituperaban cayeron sobre mí’. O sea, Jesús cargó con lo que no le correspondía, y nosotros, que nos llamamos fuertes en la fe, tenemos que hacer lo mismo con nuestros hermanos. No es agachar la cabeza y dejar que nos pisoteen, sino entender que hay hermanos que están empezando o que tienen conciencias más sensibles, y no vamos a hacerlos tropezar por una libertad que a ellos les causa conflicto.
Luego, Pablo pasa de la teoría a la oración. Él les dice: ‘Y el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús’. Es una bendición, pero también un reto. No se trata de que todos pensemos igual, sino de que todos tengamos el mismo sentir, la misma actitud de servicio. Y remata con una nota de esperanza: ‘Para que unánimes, a una sola voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo’. La unidad no es para sentirse bien, sino para que Dios sea glorificado. Ese es el norte de todo: que cuando la gente nos vea amarnos, aunque seamos diferentes, le den gloria a Dios.
El capítulo también tiene una parte muy personal, donde Pablo habla de su ministerio y de sus planes de viajar a España, pasando por Roma. Él no es un teórico que escribe desde un escritorio; es un misionero que ha sufrido naufragios, cárceles y golpes por predicar el evangelio. Y aun así, dice que no ha querido predicar donde Cristo ya había sido anunciado, para no edificar sobre fundamento ajeno. Eso nos enseña que agradar al prójimo también tiene límites y sabiduría: no se trata de meterse en los planes de otros, sino de cumplir la misión que Dios nos dio, con humildad y con apoyo de los hermanos.
Finalmente, Pablo pide oración por él y por su viaje a Jerusalén, porque sabía que había peligro. Él no era un superhéroe; era un hombre que necesitaba las oraciones de la iglesia. Y termina con una bendición: ‘Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo’. Esa es la meta: que la esperanza abunde, no por nuestras fuerzas, sino por el Espíritu. Así que la historia de Romanos 15 no es solo un capítulo, es un manual de convivencia para una iglesia que quiere crecer en amor y en misión.
Significado Teologico
El significado teológico de Romanos 15 es profundo porque conecta la ética cristiana con la cristología. Pablo no dice ‘pórtense bien’ como un simple consejo moral, sino que dice ‘recibidlos como Cristo os recibió’. Es decir, la base de nuestro comportamiento hacia el prójimo es la obra de Cristo en la cruz. Él no nos aceptó porque éramos perfectos, sino que nos aceptó a pesar de nuestras fallas. De la misma manera, nosotros debemos aceptar a los hermanos que tienen opiniones diferentes en temas no esenciales, sin juzgarlos ni menospreciarlos.
Otro punto teológico clave es la relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Pablo cita varios pasajes de los salmos y de Isaías para mostrar que el plan de Dios siempre fue incluir a los gentiles en su pueblo. Cristo es el siervo que confirma las promesas hechas a los patriarcas y que extiende la misericración a todas las naciones. Esto nos recuerda que la Biblia no es un libro de reglas sueltas, sino una historia de redención donde Dios siempre buscó un pueblo para sí mismo, de toda tribu y lengua.
Además, el capítulo nos muestra que la esperanza cristiana no es una ilusión, sino una certeza basada en las Escrituras. Pablo dice que todo lo que se escribió antes fue para nuestra enseñanza, para que por la paciencia y la consolación de las Escrituras tengamos esperanza. O sea, la Palabra de Dios es el ancla que nos sostiene cuando las relaciones humanas se ponen difíciles. No podemos agradar al prójimo con nuestras propias fuerzas, necesitamos que el Dios de la esperanza nos llene de gozo y paz.
Lecciones para Hoy
Hoy, en nuestras iglesias colombianas, seguimos teniendo debates sobre si la alabanza debe ser con tambora o con guitarra, si las mujeres deben usar falda o pantalón, si el diezmo es para el pastor o para los pobres. Y en medio de esas discusiones, Romanos 15 nos llama a preguntarnos: ¿esto edifica a mi hermano o solo me hace sentir bien a mí? La lección es clara: no todo lo que es lícito es conveniente, y no todo lo que me gusta a mí es lo mejor para la comunidad. El amor busca el bien del otro, no su propia satisfacción.
Otra lección es sobre la paciencia. Pablo menciona que Dios es el Dios de la paciencia, y nosotros necesitamos mucha paciencia para soportar las debilidades de los demás. No es fácil convivir con alguien que tiene miedo de comer carne ofrecida a los ídolos, o que cree que bailar es pecado. Pero la paciencia no es aguantar con cara de fastidio, sino soportar con amor, buscando la unidad. En un país donde nos estresamos por el tráfico, por la plata y por la política, la paciencia cristiana es un testimonio poderoso.
Finalmente, Romanos 15 nos enseña que la misión sigue siendo importante. Pablo no se quedó cómodo en Roma; tenía planes de ir a España. Nosotros también tenemos una misión: llevar el evangelio a nuestros vecinos, a nuestras familias, a nuestras ciudades. Y esa misión se hace mejor cuando estamos unidos, cuando nos apoyamos en oración y cuando nos animamos mutuamente. No podemos agradar al prójimo solo para evitar conflictos, sino para que juntos glorifiquemos a Dios y llevemos su esperanza a un mundo que la necesita.
Preguntas Frecuentes
¿Qué significa ‘agradar al prójimo’ según Romanos 15?
Agradar al prójimo no significa complacer a la gente para que nos quieran, sino buscar lo que es bueno para su edificación espiritual. Pablo dice que el que es fuerte debe soportar las debilidades del débil, sin buscar su propio agrado. En la práctica, es ceder en cosas que no son pecado para no hacer tropezar a un hermano, siempre con amor y buscando la unidad de la iglesia.
¿Cómo puedo aplicar Romanos 15 en mi vida diaria sin perder mi identidad?
La clave está en entender que nuestra identidad está en Cristo, no en nuestras preferencias personales. Puedes tener tus opiniones sobre música, comida o estilo de vida, pero cuando esas opiniones causan conflicto con un hermano, el amor debe tener prioridad. No se trata de dejar de ser uno mismo, sino de poner el bien del otro por encima de nuestros gustos, como Cristo hizo con nosotros.
¿Por qué Pablo menciona tanto la esperanza en este capítulo?
Porque la esperanza es lo que nos sostiene cuando las relaciones son difíciles. Pablo sabía que vivir en unidad con personas diferentes requiere paciencia y consuelo, y eso solo viene de las Escrituras y del Espíritu Santo. La esperanza cristiana no es optimismo barato, sino la confianza en que Dios cumplirá sus promesas, y esa certeza nos llena de gozo y paz.