Mire, en la vida diaria uno a veces se pregunta qué será lo que pasa en el cielo mientras nosotros estamos aquí bregando con el tráfico, las cuentas y el afán. Pues déjeme contarle que hay una escena que la Biblia nos muestra bien clara: los ángeles alrededor del trono de Dios adorándolo sin parar. No es un cuento de ciencia ficción ni una película de Hollywood, es la realidad espiritual que nos espera y que ya está ocurriendo. Cuando usted entienda esto, su propia adoración aquí en la tierra va a cambiar por completo.
Contexto Bíblico
Para entender bien este tema tenemos que irnos a la Palabra de Dios, específicamente al libro de Apocalipsis y también al profeta Isaías. Allá en el capítulo 4 de Apocalipsis, el apóstol Juan nos cuenta que fue llevado en el Espíritu y vio un trono establecido en el cielo, y Alguien estaba sentado en él. Alrededor de ese trono había veinticuatro tronos más con ancianos vestidos de blanco y coronas de oro, pero lo más impactante es que también estaban los cuatro seres vivientes llenos de ojos por delante y por detrás, y una multitud de ángeles que no se podía contar. Todo el ambiente era de una adoración constante, como un río que nunca se seca.
En Isaías 6, el profeta también tuvo un encuentro similar cuando vio al Señor alto y sublime, y el templo se llenó de humo. Allí los serafines volaban y se cubrían el rostro y los pies, y clamaban el uno al otro: ‘Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria’. Eso no era un evento de una sola vez, era una adoración continua, día y noche, sin cansancio. Fíjese que en ambos relatos, los ángeles no están ocupados en otra cosa, su propósito principal es adorar a Dios y proclamar su santidad.
La palabra ‘ángel’ viene del griego ‘angelos’ que significa mensajero, pero en el contexto del trono, ellos son mucho más que eso: son adoradores profesionales, por decirlo así. Y lo hermoso es que nosotros, los seres humanos redimidos por la sangre de Cristo, también estamos llamados a unirnos a ese coro celestial. No es que los ángeles sean los únicos que adoran, sino que ellos nos muestran el modelo de cómo debe ser nuestra alabanza: sincera, humilde y enfocada completamente en la gloria de Dios.
La Historia
Imagínese por un momento que usted está parado en la puerta del cielo. No es un lugar aburrido con nubes y arpas como a veces pintan las caricaturas, sino un lugar de una luz tan intensa que no hay palabras para describirla. En el centro de todo hay un trono, y de ese trono salen relámpagos, truenos y voces. Alrededor del trono hay un mar de vidrio como de cristal, y más allá, una multitud de ángeles que no para de moverse. Unos vuelan, otros están postrados, otros alzan sus voces en cánticos que retumban por toda la creación. Es un espectáculo que deja sin aliento.
Los cuatro seres vivientes, que algunos estudiosos identifican como querubines o serafines, están llenos de ojos, lo que significa que ven todo y no se pierden ningún detalle de la gloria de Dios. Ellos cantan sin cesar: ‘Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir’. Y cada vez que ellos hacen eso, los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, adoran al que vive por los siglos de los siglos y echan sus coronas delante del trono, diciendo: ‘Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas’.
Lo curioso es que estos ancianos representan al pueblo de Dios, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Ellos tienen coronas, pero no se las quedan, las devuelven a Dios porque reconocen que todo el mérito es de Él. Los ángeles, por su parte, no tienen coronas porque ellos no han sido redimidos como nosotros, pero su adoración es igual de intensa. Hay una jerarquía en el cielo, pero todos están unidos en un mismo propósito: glorificar a Dios. No hay competencia ni envidia, solo una armonía perfecta.
En Apocalipsis 5, la escena se vuelve aún más conmovedora cuando aparece el Cordero de Dios, Jesucristo, como inmolado. Entonces los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postran ante Él, y luego millones de ángeles alzan la voz y dicen: ‘El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza’. Y toda criatura que está en el cielo, en la tierra, debajo de la tierra y en el mar se une a ese coro. Es la adoración más grande que jamás se haya visto, y usted y yo estamos invitados a esa fiesta.
Ahora, piense en esto: los ángeles nunca han pecado, nunca han necesitado un Salvador, pero aún así adoran a Dios con todo su ser. Nosotros, que hemos sido perdonados y rescatados del infierno, ¿cómo no vamos a adorarlo con más pasión todavía? La historia del trono no es solo para que la admiremos, es para que nos inspire a vivir en una actitud de alabanza constante, no solo los domingos en la iglesia, sino en la casa, en el trabajo, en la calle.
Significado Teológico
La adoración de los ángeles alrededor del trono nos enseña que Dios es el centro de todo. No es el hombre, no son nuestros problemas, no son nuestras necesidades. Dios es santo, y esa santidad es el fundamento de toda adoración. Los ángeles no están pidiendo nada, no están intercediendo por nadie en ese momento, simplemente están reconociendo quién es Dios. Eso nos confronta con nuestra propia adoración, que muchas veces está llena de peticiones y de ‘yo, yo, yo’. La adoración verdadera es cuando nos olvidamos de nosotros mismos y nos enfocamos en la majestad de Dios.
Otro punto importante es que la adoración angelical es corporativa y ordenada. No es un desorden ni un relajo, sino que cada uno sabe su lugar. Los serafines claman, los ancianos se postran, los ángeles cantan. Hay un orden divino que refleja la naturaleza de Dios, que no es de confusión sino de paz. Esto nos recuerda que la alabanza en la iglesia debe ser decente y con orden, pero también con libertad y gozo, porque el cielo no es un funeral, es una celebración.
Además, la presencia del Cordero en el trono nos muestra que la adoración es posible gracias a la redención. Sin la sangre de Jesús, nosotros no podríamos acercarnos al trono de Dios. Los ángeles adoran porque son criaturas santas, pero nosotros adoramos porque somos criaturas redimidas. Eso le da un sabor especial a nuestra alabanza, porque sabemos lo que costó. No es solo un deber, es un privilegio que nos ganó Cristo en la cruz.
Lecciones para Hoy
La primera lección que podemos aplicar es que la adoración no es opcional, es el propósito de nuestra existencia. Así como los ángeles fueron creados para adorar, nosotros también fuimos creados para eso. Mucha gente anda buscando su propósito en la vida en el dinero, la fama o las relaciones, pero el propósito más alto es glorificar a Dios y disfrutarlo para siempre. Cuando usted entiende eso, su vida cambia porque ya no vive para usted mismo, sino para Aquel que merece toda la gloria.
Otra lección es que la adoración debe ser constante, no solo cuando nos va bien. Los ángeles no dejan de adorar porque tengan un mal día o porque estén cansados. Ellos perseveran en la alabanza. En medio de sus problemas, deudas, enfermedades o tristezas, usted puede levantar su voz y decir: ‘Santo, santo, santo es el Señor’. Eso no es negar la realidad, sino poner a Dios en el lugar que le corresponde por encima de cualquier circunstancia. La alabanza es un arma espiritual que rompe cadenas y trae paz al corazón.
Por último, aprendamos a adorar en comunidad. En el cielo, los ángeles no adoran solos, lo hacen juntos. La iglesia es el lugar donde nos reunimos para unirnos a esa alabanza celestial. No se aísle, busque una congregación donde pueda cantar, orar y celebrar a Dios con otros hermanos. La adoración colectiva tiene un poder especial porque cuando dos o tres se reúnen en el nombre de Jesús, Él está en medio. Y quién sabe, tal vez mientras usted canta aquí en la tierra, los ángeles están cantando con usted allá en el cielo.
Preguntas Frecuentes
¿Los ángeles nos ven cuando adoramos?
La Biblia no dice explícitamente que los ángeles nos estén observando durante nuestros cultos, pero sí sugiere que ellos están atentos a lo que sucede en la iglesia. En 1 Corintios 11:10, Pablo menciona que la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza por causa de los ángeles. También en Lucas 15:10, los ángeles se regocijan por un pecador que se arrepiente. Así que es probable que ellos sean testigos de nuestra adoración y se alegren cuando glorificamos a Dios.
¿Podemos adorar a los ángeles?
No, rotundamente no. La Biblia prohíbe la adoración a los ángeles. En Apocalipsis 22:8-9, Juan intentó adorar a un ángel y el ángel le dijo: ‘Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios’. Los ángeles son criaturas, no el Creador. Solo Dios y Jesucristo son dignos de nuestra adoración. Adorar a un ángel es idolatría, así que siempre dirija su alabanza al único Dios verdadero.
¿Cómo puedo unirme a la adoración de los ángeles?
Usted puede unirse a esa adoración celestial desde ahora mismo a través de la oración y la alabanza. Cuando usted canta un himno, cuando ora en el Espíritu, cuando proclama la santidad de Dios, está sintonizando su corazón con la frecuencia del cielo. Hebreos 12:22-24 dice que usted se ha acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, a la Jerusalén celestial, y a millares de ángeles. Así que no espere hasta la muerte, comience hoy a adorar con los ángeles, aunque sea en el tráfico de Bogotá o en la cocina de su casa.