¿Cuántas veces hemos tomado decisiones apresuradas y luego nos hemos arrepentido? En la vida cotidiana, entre el afán del trabajo, las relaciones y los compromisos, es fácil actuar sin detenernos a consultar a Dios. Pero la Biblia nos enseña que antes de dar un paso, debemos buscar dirección en Su Palabra. Para nosotros los colombianos, que vivimos entre el correcorre de la ciudad y la tranquilidad del campo, esta práctica puede transformar nuestra manera de vivir y evitar muchos dolores de cabeza.
Contexto Bíblico
La Biblia está llena de ejemplos donde el pueblo de Dios actuó sin consultar primero Su voluntad, y las consecuencias fueron nefastas. En el Antiguo Testamento, vemos cómo los israelitas, después de recibir la ley en el Sinaí, muchas veces se lanzaron a hacer lo que les parecía correcto sin buscar el consejo del Señor. Por ejemplo, en Josué 9, los gabaonitas engañaron a los líderes de Israel porque estos ‘no pidieron consejo al Señor’ (Josué 9:14). Ese pequeño descuido les costó una alianza que trajo problemas generaciones después.
En el Nuevo Testamento, Jesús mismo nos dejó el modelo perfecto de cómo consultar al Padre antes de actuar. Él se retiraba a lugares solitarios para orar, incluso antes de tomar decisiones importantes como elegir a sus doce discípulos (Lucas 6:12-13). El apóstol Pablo también nos exhorta en Colosenses 3:16 a que ‘la palabra de Cristo more en abundancia en vosotros’, indicando que la Escritura debe ser nuestra guía constante, no un libro que abrimos solo los domingos.
La Historia
Doña Lucía, una abuela de Sincelejo, siempre había sido conocida por su fe inquebrantable. Pero un día, su hijo menor, Andrés, llegó con una oferta de trabajo en una ciudad lejana. El sueldo era tentador, pero implicaba mudarse a un lugar donde no conocían a nadie. Doña Lucía, emocionada por la oportunidad, estuvo a punto de decir que sí de inmediato. Sin embargo, algo en su interior le recordó lo que su pastor siempre decía: ‘Antes de mover un dedo, consulta la Palabra’. Esa noche, en lugar de empacar maletas, abrió su Biblia.
Mientras leía Proverbios 3:5-6, sintió que el texto le hablaba directamente: ‘Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas’. Doña Lucía entendió que no se trataba de rechazar la oportunidad, sino de someterla a la voluntad de Dios. Decidió entonces orar con su esposo y buscar consejo en la iglesia. Durante una semana, pidió a sus hermanos de la congregación que intercedieran por ellos.
Al cabo de esos días, mientras leía el Salmo 37, un versículo la impactó: ‘Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará’. Doña Lucía sintió paz al confirmar que, si Dios quería que fueran, Él mismo abriría las puertas. Pero también notó que no había una clara confirmación; en cambio, surgieron obstáculos: la vivienda ofrecida no era segura, y el contrato tenía cláusulas sospechosas. Ella y su esposo decidieron esperar, aunque la presión de la familia era grande.
Seis meses después, se enteraron de que la empresa para la que trabajaría Andrés había quebrado, dejando a muchos empleados sin pago. Doña Lucía dio gracias a Dios por haberla guiado a través de Su Palabra. Su testimonio se volvió una enseñanza en la iglesia: no se trataba de tener una visión mística, sino de ser obediente a lo que la Biblia ya dice. Ella aprendió que consultar la Escritura no es un ritual, sino un acto de confianza diaria.
Hoy, Doña Lucía tiene un cuaderno donde anota las decisiones que debe tomar y al lado escribe los versículos que Dios le muestra. No es perfecta, pero ha visto cómo esa disciplina la ha librado de errores costosos. Su historia es un recordatorio de que la Palabra no es un libro de autoayuda, sino una lámpara para nuestros pies (Salmo 119:105), especialmente cuando el camino se ve oscuro.
Significado Teológico
Consultar la Palabra antes de actuar no es una fórmula mágica para que todo salga bien, sino un principio de sumisión a la autoridad de Dios. En teología, esto se conoce como ‘sola Scriptura’, la idea de que la Biblia es nuestra regla de fe y conducta. Cuando actuamos sin consultarla, estamos diciendo implícitamente que nuestra sabiduría es suficiente, lo cual es una forma de orgullo espiritual. Proverbios 14:12 nos advierte: ‘Hay camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muerte’.
Además, la Palabra nos transforma la mente (Romanos 12:2). No se trata solo de leer para obtener respuestas inmediatas, sino de permitir que el Espíritu Santo moldee nuestros deseos y prioridades. Muchas veces, cuando consultamos la Biblia, Dios no nos da una respuesta directa sobre si comprar una casa o cambiar de trabajo, sino que nos recuerda principios como la mayordomía, la honestidad y el amor al prójimo. Eso nos ayuda a tomar decisiones que honren a Dios, sin importar el resultado.
El teólogo Wayne Grudem explica que la suficiencia de la Escritura significa que ‘la Biblia contiene todo lo que necesitamos para conocer a Dios y vivir para Él’. Esto no quiere decir que la Biblia hable de tecnología o finanzas modernas, pero sí nos da sabiduría para aplicar sus verdades a cualquier situación. Por eso, un cristiano maduro no actúa por impulso o por presión social, sino que se detiene a preguntar: ‘¿Qué dice la Palabra sobre esto?’.
Lecciones para Hoy
Primero, debemos cultivar el hábito de la lectura diaria de la Biblia, no como una obligación religiosa, sino como un diálogo con Dios. En Colombia, con el ritmo de vida que llevamos, es fácil saltarse el devocional. Pero si no conocemos la Palabra, no podremos consultarla cuando llegue la crisis. Así que vale la pena levantarse 15 minutos antes o aprovechar el tiempo en el transporte público para meditar en un salmo o un proverbio.
Segundo, aprendamos a diferenciar entre una decisión sabia y una decisión simplemente cómoda. La Palabra nos llama a la obediencia, no a la conveniencia. Por ejemplo, si estamos considerando un negocio que nos dará ganancias rápidas pero implica mentir o explotar a otros, la Biblia es clara: ‘No hurtarás’ y ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No necesitamos una señal del cielo; ya tenemos la respuesta en la Escritura.
Tercero, consultar la Palabra también implica buscar consejo piadoso. Proverbios 11:14 dice: ‘Donde no hay consejo, los proyectos fracasan; pero en la multitud de consejeros se afirman’. No estamos solos; la iglesia local es un recurso invaluable. Cuando tengas dudas, habla con tu pastor o con hermanos maduros en la fe, y compáralo con lo que la Biblia enseña. Así evitarás decisiones impulsivas que después lamentes.
Preguntas Frecuentes
¿Cómo sé si Dios me está hablando a través de la Biblia o si solo estoy leyendo lo que quiero oír?
Es una pregunta muy común. La clave está en la honestidad y el contexto. No podemos tomar un versículo suelto y aplicarlo a cualquier situación sin considerar el contexto histórico y literario. Por ejemplo, si estás decidiendo si mudarte a otra ciudad, no basta con abrir la Biblia al azar y leer ‘Vete de tu tierra’ (Génesis 12:1), porque ese mandato fue específico para Abraham. En lugar de eso, busca principios generales como la paz (Colosenses 3:15), el consejo sabio (Proverbios 15:22) y la provisión de Dios (Filipenses 4:19). Ora pidiendo discernimiento y pide a otros hermanos que oren contigo. Si el versículo que lees va en contra de la enseñanza general de la Escritura, probablemente no es de Dios.
¿Qué hago si he orado y leído la Biblia, pero aún no tengo claridad sobre qué decisión tomar?
En esos casos, la Biblia nos enseña a esperar en el Señor. El Salmo 27:14 dice: ‘Espera a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová’. La falta de claridad inmediata no significa que Dios te haya abandonado; a veces Él quiere que confíes en Su soberanía mientras actúas con la sabiduría que ya tienes. Evalúa si la decisión que estás considerando contradice algún mandato bíblico. Si no lo hace, puedes avanzar con fe, sabiendo que Dios enderezará tu camino si te equivocas. También es válido pedir una señal, pero no como prueba, sino como confirmación, siempre sujeto a la Palabra.
¿Consultar la Palabra significa que nunca debo tomar riesgos o decisiones difíciles?
Para nada. La Biblia está llena de personas que tomaron riesgos enormes por fe, como Noé construyendo un arca en tierra seca o David enfrentando a Goliat. Consultar la Palabra no elimina el riesgo, sino que nos da la certeza de que estamos en la voluntad de Dios, pase lo que pase. El riesgo debe ser calculado con principios bíblicos: no puedes lanzarte a una inversión sin haber consultado con consejeros y sin tener un plan, pero tampoco puedes quedarte paralizado por el miedo. La fe no es imprudencia; es obediencia activa. Como dice 2 Timoteo 1:7: ‘Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio’.