Parce, hablemos claro: el tema de los diezmos y ofrendas es como el ají en la bandeja paisa, unos lo aman y otros lo evitan. En muchas iglesias de Colombia se predica que diezmar es obligatorio, pero ¿qué dice la Biblia realmente? Usted puede estar tranquilo, que aquí no venimos a juzgar a nadie, sino a mirar juntos las Escrituras con lupa y sin miedo. La idea es que usted entienda, desde el corazón y con la cabeza fría, si esto es un mandato o un acto de amor.
Contexto Bíblico
Para empezar, hay que aterrizar en el Antiguo Testamento, donde el diezmo aparece como una instrucción clara para el pueblo de Israel. La palabra ‘diezmo’ viene del hebreo ‘ma’aser’, que literalmente significa ‘la décima parte’. En Levítico 27:30 se lee que todo diezmo de la tierra, ya sea de la semilla o del fruto, es del Señor, y esto era sagrado. No era un simple aporte voluntario, sino un sistema de sostenimiento para los levitas, quienes no tenían herencia de tierra, y para los pobres, viudas y huérfanos.
Pero ojo, porque ese diezmo no era solo dinero, incluía grano, vino, aceite y hasta animales del rebaño. Era una economía agraria donde la gente llevaba lo mejor de su cosecha al templo. Además, había un diezmo cada tres años que se guardaba en las ciudades para los necesitados (Deuteronomio 14:28-29). Entender esto nos ayuda a no tomar el texto fuera de su contexto y a ver que el principio de generosidad siempre ha estado en el corazón de Dios.
La Historia
Imagínese a un campesino en las montañas de Antioquia, hace miles de años, pero también hoy. Su familia depende de la tierra, y cuando llega la cosecha, él sabe que debe apartar la décima parte. No es fácil, porque hay que pagar deudas, arreglar la casa y comprar ropa para los hijos. Sin embargo, este hombre, llamémosle José, decide obedecer porque su papá le enseñó que honrar a Dios con los primeros frutos trae bendición. Él lleva su mejor maíz y un corderito sin mancha al templo, y lo hace con alegría, porque ve que con eso se sostiene a la comunidad.
Con el paso del tiempo, José ve que su vecino, don Pedro, nunca diezma y parece que le va mejor en los negocios. Eso le genera dudas, pero recuerda las palabras del profeta Malaquías: ‘Traed todos los diezmos al alfolí… y probadme ahora en esto, dice Jehová, si no os abriré las ventanas de los cielos’. José decide seguir fiel, no por miedo, sino porque confía en que Dios es fiel. Su cosecha no siempre es la más grande, pero nunca le falta el pan en la mesa, y eso, para él, es una bendición.
Ahora, pensemos en una joven en Bogotá que gana el salario mínimo. Ella asiste a una iglesia donde el pastor enseña que el diezmo es un mandato. Cada mes, cuando le llega el pago, aparta su diezmo con esfuerzo, a veces sin saber si alcanzará para el arriendo. Un día, escucha un sermón sobre la gracia y se pregunta si está dando por amor o por obligación. Esto la lleva a estudiar el Nuevo Testamento y a descubrir que Jesús no habló tanto del diezmo como de la actitud del corazón.
En Hechos, los primeros cristianos no diezmaban, sino que compartían todo: vendían propiedades y ponían el dinero a los pies de los apóstoles. No era una regla, era un estilo de vida. Pablo, en 2 Corintios 9:7, dice que cada uno dé como propuso en su corazón, no con tristeza ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Entonces, ¿dónde quedó el diezmo? No es que se elimine, sino que se cumple en un nivel superior: la entrega total y voluntaria.
Significado Teológico
El diezmo en el Antiguo Testamento era una sombra de algo más grande. Apuntaba a Cristo, quien se dio a sí mismo por nosotros. Cuando entendemos que Jesús pagó el precio en la cruz, nuestra relación con el dinero cambia. Ya no damos para comprar la bendición, porque la bendición ya la tenemos en Él. El diezmo, entonces, se convierte en un principio de prioridad: le damos a Dios lo primero, no lo que sobra.
Además, el diezmo es una herramienta para vencer el egoísmo y la avaricia. Al entregar la décima parte, reconocemos que todo nos pertenece a Dios y que somos administradores. No es que Dios necesite nuestro dinero, porque Él es dueño de todo, pero nosotros necesitamos dar. Eso nos desapega del materialismo y nos llena de paz, sabiendo que nuestra seguridad no está en el banco sino en el proveedor celestial.
En la iglesia actual, el diezmo y las ofrendas sostienen la obra misionera, el cuidado de los pastores y la ayuda social. No es una ley que nos esclaviza, sino un medio de gracia. Cada creyente debe orar y decidir, bajo la guía del Espíritu Santo, cuánto dar. La clave es la fe y la obediencia alegre, no la presión de un púlpito que solo habla de dinero.
Lecciones para Hoy
Primero, examine su corazón antes de abrir la billetera. Pregúntese: ¿estoy dando por amor a Dios o por miedo a la maldición? La Biblia dice que Dios ama al dador alegre, así que si usted da con tristeza, mejor no dé hasta que cambie su actitud. Ore y pida un espíritu generoso, y verá cómo la obediencia se vuelve un placer.
Segundo, sea un mayordomo fiel en todo. No se trata solo del diezmo, sino de cómo administra su tiempo, sus talentos y sus recursos. Si usted es desordenado con lo poco, ¿cómo manejará lo mucho? Dios busca personas que honren los principios de su Reino, y la generosidad es uno de ellos. Empiece con lo que tiene y verá cómo Dios multiplica, no siempre en dinero, pero sí en paz y provisión.
Tercero, busque una iglesia que predique la gracia, no la culpa. Usted no se salva por diezmar, ni deja de ser salvo por no hacerlo. La salvación es por fe en Cristo. Pero si usted es parte de una comunidad, apóyela con sus ofrendas voluntarias, porque la obra necesita recursos. Sea intencional: aparte un porcentaje, no por ley, sino como un compromiso de amor.
Preguntas Frecuentes
¿El diezmo es obligatorio para el cristiano hoy?
En el Nuevo Testamento no se manda el diezmo como ley, pero se enfatiza la generosidad. Cada creyente debe dar según su conciencia y lo que haya decidido en su corazón. Si usted se siente guiado a dar el 10%, hágalo con gozo. Si puede dar más, bien. Lo importante es que su ofrenda sea voluntaria y con amor, no bajo presión.
¿Qué pasa si no diezmo, Dios me va a castigar?
No, Dios no lo va a castigar por no diezmar, porque Cristo llevó todo castigo en la cruz. Sin embargo, usted sí se pierde la bendición de depender de Dios y de ser parte de su obra. La disciplina de dar le trae paz y le ayuda a vencer el egoísmo. Recuerde: Dios no quiere su dinero, quiere su corazón.
¿Puedo dar mis diezmos a una organización benéfica en vez de a la iglesia?
Es válido apoyar obras sociales, pero la Biblia enseña que los que sirven en el templo y enseñan la Palabra deben ser sostenidos (1 Corintios 9:13-14). Lo ideal es que su iglesia local reciba una porción, y si usted siente dar a otras causas, hágalo como ofrenda adicional. El principio es que todo sea para la gloria de Dios y para ayudar a otros.