En las iglesias de Colombia, el tema del diezmo genera todo tipo de opiniones. Algunos pastores insisten en que es obligatorio, mientras que otros creyentes se preguntan si realmente aplica hoy. ¿Será que Dios nos exige el 10% de nuestros ingresos o se trata de una enseñanza del Antiguo Testamento que ya no nos ata? En este artículo vamos a explorar qué dice la Biblia completa, desde el Génesis hasta el libro de Hebreos, para que puedas tomar una decisión informada y de corazón. No se trata de imponer una regla, sino de entender el propósito detrás de la mayordomía cristiana.
Contexto Biblico
Para entender el diezmo, tenemos que viajar al Antiguo Testamento, donde la palabra hebrea ‘ma’aser’ aparece por primera vez. En Génesis 14, Abraham le da el diezmo de todo el botín a Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo. Este acto no fue una ley escrita, sino un gesto voluntario de gratitud y reconocimiento. Luego, en Génesis 28, Jacob promete dar el diezmo si Dios lo protege y lo trae de vuelta a casa. En ambos casos, el diezmo nace de una relación personal con Dios, no de una imposición legal.
La cosa cambia drásticamente en la Ley de Moisés. En Levítico 27:30, Dios ordena: ‘El diezmo de la tierra, tanto de la semilla de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es’. Aquí el diezmo se vuelve un mandato para sostener a la tribu de Leví, que no heredó tierras y servía en el templo. Además, en Deuteronomio 14, encontramos un segundo diezmo para las fiestas y un tercer diezmo cada tres años para los pobres. Así que, en el Antiguo Testamento, los israelitas daban aproximadamente un 23% anual entre impuestos religiosos y sociales.
Cuando llegamos al Nuevo Testamento, la palabra ‘diezmo’ aparece solo en cuatro pasajes, y tres de ellos son en el contexto de Jesús reprendiendo a los fariseos. En Mateo 23:23, Jesús dice: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe’. Jesús no está aprobando el diezmo como práctica cristiana, sino criticando a quienes lo cumplen al pie de la letra pero descuidan el amor. El único otro pasaje es Hebreos 7, que habla de Melquisedec y la superioridad del sacerdocio de Cristo, no de una instrucción para la iglesia.
La Historia
Imagínate a Pedro, un pescador galileo que dejó sus redes para seguir a Jesús. En los primeros años de la iglesia, los creyentes se reunían en casas, compartían todo lo que tenían y nadie decía que algo era suyo propio. No había un templo con levitas que sostener, ni una ley que exigiera el 10%. En Hechos 2:44-45, leemos que vendían sus propiedades y repartían según la necesidad de cada uno. El corazón de la iglesia primitiva no era el porcentaje, sino la generosidad radical y el cuidado mutuo.
Ahora saltemos al año 50 d.C., cuando el apóstol Pablo escribe a los corintios sobre una ofrenda especial para los hermanos pobres de Jerusalén. En 2 Corintios 9:7, Pablo da una instrucción clara: ‘Cada uno dé como propuso en su corazón, no con tristeza ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre’. No menciona ni un solo diezmo. En cambio, habla de dar según lo que uno haya decidido en su corazón, sin presión externa. La ofrenda en el Nuevo Testamento es voluntaria, alegre y proporcional a los ingresos, pero nunca fijada en un 10%.
Sigamos la historia hacia el siglo II, cuando la iglesia comenzó a institucionalizarse. Los padres de la iglesia como Ireneo y Justino Mártir enseñaban que los cristianos debían dar más que el diezmo, porque la gracia de Cristo superaba la ley. Sin embargo, para el año 300 d.C., con el crecimiento de la iglesia y la necesidad de sostener edificios y clérigos, algunos líderes empezaron a enseñar el diezmo como un estándar cristiano. Fue en el Concilio de Tours, en el año 567 d.C., cuando el diezmo se volvió obligatorio para todos los cristianos en la Europa medieval.
En la Reforma Protestante del siglo XVI, Martín Lutero y Juan Calvino recuperaron la idea de que el diezmo no era una ley divina para la iglesia, sino una práctica del Antiguo Testamento. Ellos enseñaban que los creyentes debían dar generosamente, pero sin atarse a un porcentaje. En las iglesias evangélicas colombianas de hoy, el debate sigue vivo: algunos pastores citan Malaquías 3:10 para decir que no diezmar es robarle a Dios, mientras que otros enseñan que bajo la nueva alianza en Cristo, somos libres para dar como el Espíritu nos guíe.
Finalmente, pensemos en una hermana en Bogotá que gana el salario mínimo. Si diezma, le quedan 900.000 pesos para vivir, pagar arriendo y mantener a sus hijos. ¿Será que Dios quiere que ella pase necesidad para cumplir un mandato del Antiguo Testamento? O, por otro lado, un empresario en Medellín que gana 50 millones al mes: si da el 10%, son 5 millones que pueden bendecir a muchos. La historia del diezmo nos muestra que el principio bíblico no es una fórmula matemática, sino una actitud del corazón que reconoce a Dios como dueño de todo.
Significado Teologico
Teológicamente, el diezmo en el Antiguo Testamento tenía un propósito específico: sostener el sistema levítico de sacrificios y el templo. Pero cuando Jesús murió en la cruz, el velo del templo se rasgó, y el sacerdocio de Leví fue reemplazado por el sacerdocio de todos los creyentes (1 Pedro 2:9). Ya no necesitamos un grupo de sacerdotes que reciban el diezmo para ofrecer sacrificios por nosotros, porque Cristo es nuestro único y suficiente Sumo Sacerdote. Por eso, Hebreos 7:12 dice que cuando cambia el sacerdocio, también cambia la ley.
Además, el Nuevo Testamento no establece un porcentaje mínimo para la ofrenda. En 2 Corintios 8:12, Pablo dice: ‘Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene’. La generosidad cristiana se mide por el amor y la disposición, no por una regla externa. Dios mira el corazón, no el monto. De hecho, Jesús elogió a la viuda que dio dos monedas porque dio todo lo que tenía, mientras que los ricos daban de lo que les sobraba (Marcos 12:41-44).
Otro punto teológico clave es que nosotros no somos dueños de nada, sino administradores. El Salmo 24:1 declara: ‘De Jehová es la tierra y su plenitud’. Todo lo que tenemos es un préstamo de Dios, y nuestra mayordomía incluye cómo usamos el 100% de nuestros recursos, no solo el 10%. El diezmo puede ser una herramienta útil para disciplinarnos a dar, pero si se convierte en una obligación legalista, puede apagar la generosidad espontánea que el Espíritu Santo quiere producir en nosotros.
Lecciones para Hoy
Como cristianos colombianos, enfrentamos realidades económicas diversas. Hay quienes tienen empleo formal, otros trabajan por días en la plaza, y algunos son independientes. La lección principal es que nuestra ofrenda debe ser un acto de adoración, no un impuesto religioso. Antes de preguntarte ‘¿debo dar el 10%?’, pregúntate ‘¿estoy dando con alegría y según lo que Dios ha puesto en mi corazón?’. La Biblia nos llama a ser generosos, no a cumplir una cuota.
Otra lección práctica es que el dinero no debe ser un ídolo. En Mateo 6:24, Jesús dice que no podemos servir a Dios y a las riquezas. Si el diezmo se convierte en una manera de sentir que hemos cumplido con Dios y luego gastamos el resto como nos da la gana, estamos perdiendo el punto. La verdadera mayordomía implica preguntarle a Dios: ‘Señor, ¿cómo quieres que use todo mi dinero para tu reino y para bendecir a otros?’. Eso puede significar dar más del 10% algunos meses, o menos en otros, según la necesidad.
Finalmente, no juzgues a otros creyentes por lo que dan o dejan de dar. Romanos 14:4 nos recuerda que cada uno dará cuenta a Dios de sí mismo. En las iglesias colombianas, hay hermanos que diezman fielmente y otros que prefieren dar ofrendas misioneras o ayudar directamente a los pobres. Ambas posturas pueden ser bíblicas si nacen de un corazón sincero. Lo importante es que nuestra confianza esté en Dios, no en el dinero, y que seamos generosos como Él lo es con nosotros.
Preguntas Frecuentes
¿Es pecado no diezmar?
No, no es pecado, porque el Nuevo Testamento no impone el diezmo como un mandato para los cristianos. El pecado sería no dar nada cuando tienes la capacidad de ayudar, o dar de mala gana. Si sientes en tu corazón que debes dar el 10%, hazlo con alegría, pero si no, ofrenda según Dios te guíe. Lo que sí es pecado es robarle a Dios, pero eso se refiere a los israelitas en Malaquías, no a la iglesia de hoy.
¿A dónde debo llevar mi diezmo u ofrenda?
La Biblia no especifica una única institución. En el Nuevo Testamento, las ofrendas se daban para sostener a los hermanos necesitados, a los misioneros como Pablo, y a la iglesia local. Busca una comunidad donde puedas crecer espiritualmente y donde confíes en que los recursos se usan para el reino. Puedes dar a tu iglesia local, a misiones, o a obras de caridad. Lo importante es que sea un lugar donde se predique el evangelio y se ayude a los pobres.
¿Qué hago si mi pastor exige el diezmo para ser miembro?
Eso es una decisión personal, pero recuerda que la membresía en la iglesia de Cristo no se basa en el dinero, sino en la fe en Jesús. Si tu pastor enseña el diezmo como requisito, puedes dialogar con él desde las Escrituras, mostrándole que el Nuevo Testamento enfatiza la ofrenda voluntaria. Si después de orar y conversar, sientes que esa iglesia te pone una carga que no es bíblica, considera buscar una comunidad donde la gracia de Dios sea el centro, no una obligación financiera.