Mire, usted no necesita ser un teólogo para darse cuenta de que este mundo no se sostiene solo. Cuando uno ve el amanecer en la sabana colombiana o el ciclo de las lluvias en el Valle del Cauca, se pregunta: ¿quién pone orden en todo esto? La Biblia nos enseña que Dios no solo creó el universo de la nada, sino que cada segundo está sosteniendo todo con Su poder. Esa es la verdad que cambia la forma en que vemos nuestra vida diaria, porque significa que no estamos solos ni abandonados al azar.
Contexto Bíblico
Desde el primer versículo de la Biblia, en Génesis 1:1, se establece una verdad fundamental: ‘En el principio creó Dios los cielos y la tierra’. Esta declaración no es un mito ni una leyenda, sino la base de toda la teología cristiana. El Dios que adoramos no es un ser distante que armó el reloj del universo y lo dejó funcionando solo. Al contrario, la Escritura lo presenta como un Padre activo, que está íntimamente involucrado en cada detalle de Su creación. Los salmos están llenos de esta confianza, como cuando el salmista declara: ‘De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan’ (Salmo 24:1).
Pero no se queda solo en la creación inicial. El Nuevo Testamento nos da una perspectiva aún más clara sobre el papel de Dios como sustentador. Colosenses 1:16-17 dice que ‘por medio de Él fueron creadas todas las cosas… y todas las cosas en Él subsisten’. Esa palabra ‘subsisten’ es clave: significa que Cristo, como Dios, mantiene unido el tejido mismo del cosmos. Sin Su voluntad constante, todo se desmoronaría en un caos total. Esto no es poesía bonita; es una verdad científica y espiritual que nos da una base sólida para la fe.
Además, el Salmo 104 es un himno completo a la providencia de Dios. Allí se describe cómo Él hace brotar el pasto para el ganado, las plantas para el servicio del hombre, y cómo esconde su rostro y las criaturas se espantan. Este salmo nos recuerda que la dependencia de la creación hacia el Creador es total. No hay un solo átomo que se mueva sin el permiso y el poder de Dios. Para nosotros los colombianos, que vivimos en un país bendecido con tanta biodiversidad, este salmo debería resonar de manera especial cada vez que vemos una montaña o un río.
La Historia
Imagínese por un momento el silencio absoluto antes de que existiera algo. No había luz, ni sonido, ni espacio, ni tiempo. Solo existía Dios en Su comunión trinitaria: Padre, Hijo y Espíritu Santo. En ese instante eterno, el Padre decidió crear. No porque estuviera solo o aburrido, sino por puro amor y para compartir Su gloria. Con solo hablar, dijo ‘sea la luz’, y la luz existió. Así, en seis días literales o en períodos que solo Él conoce, fue formando el universo: separó las aguas, hizo la tierra firme, plantó los árboles, llenó los mares de peces y el cielo de aves.
Pero el clímax de esta historia no fue el sol ni las estrellas. Fue cuando Dios formó al hombre del polvo de la tierra. No usó un molde ni una máquina; con Sus propias manos, como un alfarero, fue moldeando a Adán. Luego sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre fue un ser viviente. Ese soplo no fue cualquier cosa; fue el mismo aliento de Dios, lo que nos hace únicos entre toda la creación. El Padre no solo nos hizo, sino que nos hizo a Su imagen y semejanza, con capacidad de amar, razonar y tener comunión con Él.
Sin embargo, la historia no terminó en un jardín perfecto. El pecado entró, y la creación quedó sujeta a corrupción. Pero Dios no abandonó Su obra. Desde Génesis 3 en adelante, vemos al Padre buscando al hombre, preguntando ‘¿dónde estás?’. No era una pregunta por ubicación, sino un clamor de restauración. A lo largo del Antiguo Testamento, Dios sustentó a Su pueblo en el desierto con maná, agua de la roca y ropa que no se envejecía. Cada milagro era una muestra de que Él seguía siendo el Sustentador fiel.
El punto más alto de esta historia de sustentación es la encarnación. Dios mismo se hizo carne en la persona de Jesucristo. Colosenses 2:9 dice que en Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Eso significa que el Creador del universo caminó sobre esta tierra, sintió hambre, cansancio y dolor. Y en la cruz, mientras el cielo se oscurecía y la tierra temblaba, el Sustentador del mundo estaba sosteniendo el mismo madero donde moría. Esa paradoja solo se entiende cuando vemos que Dios estaba llevando a cabo el plan más grande de redención.
Después de la resurrección, el Padre sigue siendo el Sustentador. Hoy, por medio del Espíritu Santo, Él mantiene unida a la iglesia, provee para nuestras necesidades y nos da la fuerza para vivir cada día. Romanos 8:28 nos recuerda que ‘a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien’. Eso no significa que no haya problemas, sino que el Sustentador está obrando en medio de cada situación, incluso en las que no entendemos. La historia de la creación y la sustentación sigue escribiéndose hoy en la vida de cada creyente.
Significado Teológico
El hecho de que Dios sea Creador y Sustentador tiene implicaciones profundas para nuestra teología. Primero, establece que Dios es soberano. No hay nada en este universo que esté fuera de Su control. Cada gota de lluvia, cada germen de enfermedad, cada gobierno humano está bajo Su autoridad. Esto le quita el poder al azar y a la suerte. Para el cristiano colombiano que enfrenta incertidumbre económica o violencia, saber que el Creador tiene el control es un ancla para el alma. No es un control pasivo, sino activo y amoroso.
Segundo, nos habla de la inmanencia de Dios. A diferencia de los dioses paganos que vivían lejos en el Olimpo, nuestro Dios está cerca. Él no solo hizo el mundo, sino que lo mantiene. Jesús dijo que ni un pajarillo cae a tierra sin la voluntad del Padre (Mateo 10:29). Eso significa que Dios está presente en el detalle más pequeño de nuestra vida. Cuando usted ora por la comida, no está repitiendo una fórmula vacía; está reconociendo que el Sustentador proveyó ese pan. Esta cercanía transforma la oración de una lista de pedidos a una conversación íntima con el Padre que nos cuida.
Tercero, la creación y sustentación nos muestran la bondad de Dios. Todo lo que Él hizo era ‘bueno en gran manera’ (Génesis 1:31). El placer de comer una buena bandeja paisa, la belleza de un atardecer en el mar Caribe, el gozo de una familia unida: todo eso viene de la mano del Creador. El pecado distorsionó estas cosas, pero no las eliminó. Por eso, como cristianos, podemos disfrutar de la creación sin caer en la idolatría, sabiendo que todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces (Santiago 1:17).
Lecciones para Hoy
Una de las lecciones más prácticas que podemos aprender es la confianza en la provisión diaria. En un país como Colombia, donde la economía puede ser inestable y el rebusque es parte de la cultura, es fácil angustiarse por el futuro. Pero si Dios es el Sustentador, entonces podemos confiar que Él proveerá. Jesús lo dijo claramente: ‘No os afanéis por el día de mañana’ (Mateo 6:34). Eso no significa ser irresponsables, sino vivir con la certeza de que el mismo Dios que alimenta las aves y viste los lirios del campo se encargará de nuestras necesidades.
Otra lección es el cuidado de la creación. Si Dios es el Creador y Sustentador, nosotros somos los administradores de Su obra. No somos dueños de la tierra, sino mayordomos. Esto nos llama a tener una ética ambiental que honre a Dios. Cuidar los ríos, no contaminar, sembrar árboles, no es solo una moda ecológica; es un acto de adoración. En las iglesias colombianas, deberíamos ser los primeros en promover el respeto por la naturaleza, no por activismo político, sino porque amamos al Creador y valoramos lo que Él hizo.
Finalmente, esta verdad nos invita a la humildad. Reconocer que Dios es el Creador y Sustentador nos pone en nuestro lugar. No somos el centro del universo; Dios lo es. Nuestro orgullo, nuestra autosuficiencia y nuestra arrogancia se derriten cuando nos damos cuenta de que sin Él no podemos ni respirar. Cada amanecer es un recordatorio de que Dios nos ha dado un nuevo día de gracia. Vivir con esa conciencia nos hace más agradecidos, más dependientes de la oración y más dispuestos a adorar a Aquel que es digno de toda gloria.
Preguntas Frecuentes
¿Cómo puedo experimentar a Dios como mi Sustentador en medio de una crisis económica?
Cuando llegan las dificultades financieras, lo primero es recordar que Dios no ha cambiado. Él sigue siendo el mismo que proveyó maná en el desierto. Busque en la Biblia promesas como Filipenses 4:19: ‘Mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades’. Ore específicamente, pidiendo sabiduría para administrar y oportunidades para trabajar. A veces, Dios sustenta por medio de la familia, la iglesia o un trabajo inesperado. Mantenga un corazón agradecido por lo que tiene hoy, y verá que el Sustentador nunca falla.
¿Si Dios sustenta todo, por qué permite el sufrimiento y los desastres naturales?
Esa es una pregunta profunda que ha desafiado a creyentes por siglos. La Biblia enseña que el mundo está bajo la maldición del pecado (Romanos 8:20-22). Los desastres naturales son consecuencia de una creación que gime. Sin embargo, Dios sigue sustentando incluso en medio del caos. Él no causa el mal, pero puede redimirlo para Su gloria y nuestro bien. En el sufrimiento, Dios no nos abandona; más bien, nos sostiene con Su gracia suficiente (2 Corintios 12:9). La cruz es la mayor prueba de que Dios está con nosotros en el dolor.
¿Qué diferencia hay entre creer que Dios es el Creador y creer en la evolución?
La principal diferencia está en el origen y el propósito. La evolución naturalista dice que todo surgió por azar y procesos ciegos, sin un diseñador ni un propósito final. La Biblia, en cambio, afirma que Dios creó todo con intención y amor, y que la humanidad fue creada a Su imagen con un propósito eterno. Muchos cristianos aceptan ciertos aspectos científicos de la evolución como un mecanismo, pero siempre bajo la soberanía de Dios como Creador. Lo importante es que el corazón reconozca que ‘por Él, para Él y en Él subsisten todas las cosas’ (Romanos 11:36).