Mire, usted alguna vez se ha preguntado por qué está vivo hoy, por qué está leyendo esto justo ahora? En la vida uno a veces siente que todo es casualidad, que las cosas pasan porque sí. Pero la Biblia nos revela una verdad que le va a volar la cabeza: usted no es un accidente ni un producto del azar. Desde antes de que existiera el universo, Dios ya tenía su mirada puesta en usted, y esa elección no fue porque usted fuera especial, sino porque Él es especial.
Contexto Biblico
El apóstol Pablo escribió la carta a los Efesios estando preso en Roma, alrededor del año 60 d.C. Esta no es una carta para corregir problemas, como otras que escribió, sino para revelar los misterios más profundos del plan de Dios. Efesios es como el manual del cielo para entender quiénes somos en Cristo y qué propósito tenemos. En el capítulo 1, versículos 3 al 14, encontramos una de las bendiciones más grandes de toda la Escritura: Dios nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales.
El versículo 4 es clave: ‘según nos escogió en él antes de la fundación del mundo’. Eso significa que antes de que Dios dijera ‘hágase la luz’, antes de que existieran los ángeles, antes de que Adán respirara, usted ya estaba en la mente y el corazón del Padre. No es que Dios miró hacia el futuro y vio que usted sería bueno, sino que por pura gracia y soberanía, decidió amarlo y elegirlo en Cristo. Esto no es una doctrina fría, es el fundamento de nuestra seguridad eterna.
La Historia
Imagínese por un momento el silencio absoluto antes de la creación. No había tiempo, no había espacio, no había estrellas ni galaxias, solo existía la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo en perfecta comunión y amor. En ese instante eterno, antes de que existiera el primer átomo, el Padre miró al Hijo y en Él vio a cada persona que sería redimida. Usted estaba allí, no como un holograma o una posibilidad, sino como un elegido real en Cristo.
Dios no necesitaba crear el mundo, pero lo hizo por amor. Y al crear a Adán y Eva, sabía que ellos desobedecerían, que el pecado entraría al mundo y que la humanidad necesitaría un Salvador. Pero eso no lo tomó por sorpresa. Desde antes de la fundación del mundo, ya había preparado el Cordero que quitaría el pecado: Jesucristo. Cada profecía del Antiguo Testamento, cada sacrificio de animales, cada sombra de la ley apuntaba a esa elección eterna.
Avancemos en la historia: siglos después, un judío llamado Saulo de Tarso perseguía a los cristianos hasta que se encontró con Jesús en el camino a Damasco. Ese encuentro cambió todo. Saulo entendió que no era su celo religioso lo que lo salvaba, sino la elección soberana de Dios. Por eso escribió en Efesios 1:5 que Dios ‘nos predestinó para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo’. No es que nosotros buscamos a Dios, sino que Él nos buscó primero.
Y esa historia no terminó en el primer siglo. Cada persona que ha creído en Jesús a lo largo de la historia es la evidencia viva de esa elección. Usted no llegó a Cristo porque un amigo lo invitó a la iglesia o porque leyó un libro; usted llegó porque el Padre lo atrajo. Como dijo Jesús en Juan 6:44: ‘Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere’. Su fe no es un acto de voluntad humana, es el resultado de un decreto eterno.
Significado Teologico
La elección en Cristo antes de la fundación del mundo nos enseña que nuestra salvación es completamente por gracia, no por obras. Si Dios nos escogió antes de que hiciéramos algo bueno o malo, entonces no hay nada de qué jactarnos. Esto no es para generar orgullo espiritual, sino para generar humildad y gratitud. Como colombianos, a veces creemos que por ser ‘buena gente’ o por venir de familias cristianas ya estamos salvados, pero la Biblia dice que la salvación es un regalo inmerecido.
Otro punto clave es que esta elección es ‘en Cristo’. No hay elección fuera de Él. Dios no tiene dos planes de salvación: uno para los judíos y otro para los gentiles. Todos los elegidos están unidos en Cristo, formando un solo pueblo, una sola familia. Esto rompe cualquier barrera de raza, clase social o nacionalidad. En un país como Colombia, donde a veces el conflicto y la división nos separan, esta verdad nos llama a la unidad en el cuerpo de Cristo.
Finalmente, la elección eterna nos da seguridad. Si nuestra salvación dependiera de nosotros, la perderíamos cada vez que pecáramos. Pero si depende de Dios, que nos escogió antes de la fundación del mundo, entonces nada ni nadie nos puede separar de su amor. Romanos 8:38-39 lo confirma. Esto no es una excusa para pecar, sino un motivo para vivir agradecidos y en santidad, porque fuimos comprados por la sangre de Cristo.
Lecciones para Hoy
En la vida cotidiana, esta verdad transforma cómo vemos nuestras dificultades. Cuando usted enfrenta una crisis económica, una enfermedad o una traición, recuerde que Dios ya sabía que eso pasaría y aún así lo escogió. Eso no significa que Dios cause el mal, pero sí que tiene un propósito mayor. Usted no está a la deriva; está en las manos del Dios que diseñó el universo y que lo amó antes del tiempo.
También nos llama a valorar la iglesia local. Si Dios escogió a personas de toda tribu y lengua, entonces cada hermano en la fe es un regalo. En lugar de criticar o juzgar, debemos celebrar que Dios está formando una familia. En su congregación, en su grupo de estudio bíblico, hay personas que Dios escogió desde la eternidad para que usted las ame y las sirva. No desperdicie esa oportunidad.
Por último, esto nos impulsa a evangelizar con confianza. Si Dios tiene un pueblo escogido, entonces nuestro trabajo no es ‘convertir’ a nadie, sino proclamar el evangelio y confiar que Dios actuará. No se desanime si alguien rechaza el mensaje; ore por ellos y siga sembrando. La cosecha es segura porque Dios ya preparó corazones desde antes de la fundación del mundo.
Preguntas Frecuentes
¿Significa esto que Dios escogió a algunos para salvarse y a otros para condenarse?
La Biblia enseña que Dios escogió a los suyos en Cristo, pero también dice que Él no se complace en la muerte del impío. La condenación es resultado del pecado humano, no de un decreto divino arbitrario. Es un misterio que debemos aceptar con humildad: Dios es soberano y justo, y nosotros somos responsables de nuestras decisiones. Lo importante es asegurarnos de que estamos en Cristo, no especular sobre los demás.
¿Si ya estoy escogido, puedo vivir como me dé la gana?
Para nada. La elección no es un permiso para pecar, sino un llamado a la santidad. Efesios 1:4 dice que fuimos escogidos ‘para que fuésemos santos y sin mancha delante de él’. La gracia de Dios nos enseña a renunciar a la impiedad y a vivir de manera digna del evangelio. Si alguien usa la elección como excusa para pecar, probablemente nunca ha entendido el evangelio y necesita examinar su fe.
¿Cómo puedo saber si soy uno de los escogidos?
La respuesta es simple: ¿confía usted en Jesucristo como su Señor y Salvador? Si su fe está puesta en Él, si hay frutos de arrepentimiento y amor por Dios y por el prójimo, entonces usted es un escogido. No necesita una revelación especial ni un sueño; la misma fe que tiene es la evidencia de la elección de Dios. Como dice 1 Tesalonicenses 1:4-5, el evangelio llega a los elegidos con poder y convicción.
