¿Alguna vez te has preguntado si Jesús vino a quitar los mandamientos del Antiguo Testamento? Esta duda es más común de lo que crees, y muchos creyentes en Colombia se han confundido con este pasaje. Pero la respuesta de Jesús en Mateo 5:17 es clara y poderosa: no vino a abrogar la ley, sino a cumplirla. En este artículo vamos a desentrañar el verdadero significado de estas palabras, con un lenguaje sencillo y aplicable a nuestra vida diaria. Prepárate para entender por qué la ley sigue siendo relevante hoy, y cómo Jesús la llevó a su máxima expresión.
Contexto Biblico
Para comprender plenamente las palabras de Jesús en Mateo 5:17, debemos ubicarnos en el Sermón del Monte, uno de los discursos más importantes de todo el Evangelio. Este sermón comienza en el capítulo 5 y se extiende hasta el capítulo 7, y fue dirigido a una multitud de judíos que vivían bajo la opresión del Imperio Romano y la estricta religiosidad de los fariseos. Jesús, al ver a la multitud, subió al monte, se sentó y comenzó a enseñar, y sus palabras desafiaron las tradiciones y las interpretaciones legalistas de los líderes religiosos de su tiempo.
En el contexto inmediato, Jesús acaba de declarar bienaventurados a los pobres en espíritu, a los que lloran, a los mansos, a los que tienen hambre y sed de justicia, entre otros. Luego les dice a sus discípulos que son la sal de la tierra y la luz del mundo, y les advierte sobre la importancia de que su justicia supere a la de los escribas y fariseos. Es en este punto donde surge la pregunta natural: si Jesús está enseñando una justicia superior, ¿está desechando la ley de Moisés? Y es aquí donde Jesús responde con una declaración contundente que ha resonado por siglos.
La Historia
Imagina la escena: Jesús está sentado en la ladera de una montaña, con el sol brillando sobre el mar de Galilea, y una multitud hambrienta de verdad espiritual lo escucha con atención. Los fariseos, con sus túnicas impecables y sus filacterias amplias, están al acecho, buscando cualquier palabra que puedan usar para desacreditarlo. Jesús, con autoridad divina, levanta la voz y dice: ‘No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir’. Estas palabras cayeron como un rayo sobre la audiencia, porque muchos esperaban un Mesías que viniera a liberarlos del yugo romano y a establecer un reino terrenal, quizás incluso anulando las leyes que consideraban pesadas.
Jesús continúa su discurso y añade una promesa solemne: ‘Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido’. Con esta afirmación, Jesús está elevando la ley a un nivel eterno e inquebrantable. No está diciendo que la ley sea temporal o que haya quedado obsoleta; al contrario, está afirmando que cada detalle, incluso la letra más pequeña (la ‘yod’ en hebreo) y el trazo más mínimo (la ‘tilde’), tiene un propósito divino que debe cumplirse. Esto debió haber sorprendido a todos, porque los fariseos creían que ellos eran los guardianes de la ley, pero Jesús estaba revelando que el verdadero cumplimiento de la ley se encontraba en Él.
La historia nos muestra que Jesús no solo habló de la ley, sino que la vivió perfectamente. A lo largo de su ministerio, vemos cómo sanó en sábado, pero no violó el sábado; más bien, lo interpretó correctamente, mostrando que el sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. Cuando los fariseos lo acusaron de quebrantar la ley, Jesús les respondió con las Escrituras mismas, demostrando que ellos habían añadido tradiciones humanas que iban más allá de la ley de Dios. Jesús cumplió la ley ceremonial en su sacrificio en la cruz, cumplió la ley moral en su vida sin pecado, y cumplió las profecías del Antiguo Testamento en cada detalle de su nacimiento, ministerio, muerte y resurrección.
Este pasaje nos narra una historia de fidelidad y revelación. Jesús no vino a destruir el Antiguo Testamento, sino a darle su verdadero significado. La ley era como una sombra que apuntaba hacia la realidad, y Jesús es esa realidad. Al decir que vino a cumplir la ley, Jesús está diciendo que Él es el destino final de todas las promesas y mandamientos de Dios. La ley no era un fin en sí misma, sino un tutor que nos lleva a Cristo (Gálatas 3:24). Y ahora, al estar en Cristo, nosotros no estamos bajo la condenación de la ley, sino bajo la gracia, pero esto no significa que la ley sea irrelevante; al contrario, la ley nos sigue mostrando el carácter santo de Dios y nuestra necesidad de un Salvador.
En la cultura colombiana, donde a veces se malinterpreta la gracia como una licencia para pecar, esta historia nos llama a un equilibrio. Jesús no abolió la ley, la cumplió, y nosotros, como sus seguidores, estamos llamados a vivir una vida que refleje sus enseñanzas. No se trata de guardar la ley para ser salvos, sino de ser salvos para vivir de acuerdo a la ley de Cristo, que es la ley del amor. La historia de Mateo 5:17 nos invita a ver la ley no como una carga, sino como un regalo que nos guía en el camino de la santidad.
Significado Teologico
El significado teológico de Mateo 5:17 es profundo y transformador. En primer lugar, nos revela la continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Dios no cambió de parecer ni modificó su plan; desde el principio, la ley y los profetas apuntaban hacia Cristo. Jesús es el cumplimiento de todas las promesas, y en Él se cumplen las Escrituras. Esto significa que la Biblia es un libro unificado, donde cada página habla de Jesús, y nosotros, al leer el Antiguo Testamento, debemos ver a Cristo en cada sombra y tipo.
En segundo lugar, este pasaje nos enseña que la ley tiene un propósito que va más allá de la mera regulación externa. La ley moral, como los Diez Mandamientos, refleja el carácter eterno de Dios y su estándar de justicia. Jesús no vino a relajar ese estándar, sino a elevarlo, como vemos en los versículos siguientes donde dice: ‘Oísteis que fue dicho a los antiguos… pero yo os digo’. Jesús profundiza la ley, llevándola desde el acto externo hasta la intención del corazón. Por ejemplo, no solo se trata de no matar, sino de no enojarse con nuestro hermano; no solo se trata de no cometer adulterio, sino de no mirar con intención impura.
Finalmente, el significado teológico nos muestra que la justicia que Dios exige es imposible de alcanzar por nosotros mismos, y por eso necesitamos la justicia de Cristo. Jesús cumplió la ley perfectamente, y al creer en Él, su justicia nos es imputada. Esto nos da una gran seguridad y paz, porque sabemos que nuestra salvación no depende de nuestro esfuerzo por guardar la ley, sino de la obra consumada de Cristo en la cruz. Sin embargo, esto no nos da licencia para pecar; al contrario, nos impulsa a vivir agradecidos, obedeciendo a Dios no por miedo, sino por amor.
Lecciones para Hoy
Para nosotros hoy, en el contexto colombiano, Mateo 5:17 nos desafía a no caer en dos extremos: el legalismo y el antinomianismo (la idea de que no hay ley). El legalismo nos hace creer que somos salvos por nuestras obras, lo cual es un error, porque la salvación es por gracia mediante la fe. Pero el antinomianismo es igual de peligroso, porque nos lleva a vivir descuidadamente, pensando que como ya somos salvos, podemos pecar sin consecuencias. La verdad bíblica es que somos salvos por gracia, pero esa misma gracia nos capacita para vivir una vida que agrada a Dios.
Una lección práctica es que la ley de Dios sigue siendo un espejo que nos muestra nuestras faltas y nos lleva al arrepentimiento. Cuando leemos los mandamientos, nos damos cuenta de cuánto necesitamos a Jesús cada día. Además, la ley nos guía en cómo amar a Dios y al prójimo de manera concreta. Por ejemplo, el mandamiento de no robar nos enseña a ser generosos y a trabajar honestamente, y el mandamiento de no mentir nos llama a ser personas íntegras en nuestros negocios y relaciones. Así que, en lugar de ver la ley como algo negativo, podemos verla como un mapa que nos muestra el camino de la bendición.
Otra lección es que debemos predicar y enseñar toda la Biblia, no solo el Nuevo Testamento. Jesús dijo que no vino a abrogar la ley, y nosotros debemos valorar el Antiguo Testamento como parte de la revelación de Dios. Al estudiar los Salmos, los Profetas y la Ley, encontramos riquezas espirituales que nos ayudan a conocer mejor a Dios y su plan redentor. Esto nos hace creyentes más sólidos y preparados para compartir nuestra fe con otros.
Preguntas Frecuentes
¿Significa esto que los cristianos debemos guardar losDiez Mandamientos?
Sí, los Diez Mandamientos son una expresión de la ley moral de Dios, que es eterna y universal. Jesús no los abolió, sino que los cumplió perfectamente, y nosotros, como sus seguidores, debemos obedecerlos no para ser salvos, sino porque somos salvos. Sin embargo, es importante entender que Cristo es el cumplimiento de la ley, y que nuestra obediencia es una respuesta de amor y gratitud, no un medio para ganar la salvación. Además, Jesús nos llama a ir más allá de la letra de la ley, obedeciendo desde el corazón.
¿Qué significa que Jesús cumplió la ley ceremonial, como los sacrificios?
La ley ceremonial del Antiguo Testamento, que incluía los sacrificios de animales, las fiestas y las purificaciones, era un símbolo que apuntaba hacia la obra de Cristo. Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y su sacrificio en la cruz fue el cumplimiento perfecto y definitivo de todos esos tipos y sombras. Por eso, ya no necesitamos ofrecer sacrificios de animales, porque Cristo ofreció su propio cuerpo una vez para siempre. La ley ceremonial encontró su plenitud en Jesús, y nosotros ahora nos acercamos a Dios por medio de Él.
¿Si Jesús cumplió la ley, entonces podemos ignorar el Antiguo Testamento?
De ninguna manera. Jesús dijo que no vino a abrogar la ley sino a cumplirla, y eso significa que el Antiguo Testamento sigue siendo parte de la Palabra de Dios y es útil para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia (2 Timoteo 3:16). El Antiguo Testamento nos revela el carácter de Dios, su plan de redención y nos muestra nuestra necesidad de un Salvador. No debemos ignorarlo, sino estudiarlo a la luz de Cristo, entendiendo que Él es el centro de toda la Escritura.