Mire, usted sabe que en Colombia la plata manda, pero ¿qué pasa cuando el billete se vuelve el dueño de su vida? Jesús fue bien claro cuando dijo que nadie puede servir a dos amos, porque al final uno termina odiando al otro. Esta enseñanza del Evangelio de Mateo nos parte el corazón porque toca justo donde más nos duele: el bolsillo y la lealtad. En un país donde la plata a veces se consigue fácil y se pierde más fácil, entender esto es cuestión de vida o muerte espiritual.
Contexto Bíblico
El pasaje de ‘No podéis servir a Dios y a las riquezas’ aparece en el Sermón del Monte, específicamente en Mateo 6:24. Jesús acababa de hablar sobre la ansiedad por la comida, la ropa y el día de mañana, y entonces suelta esta bomba que nos obliga a mirar hacia adentro. En la cultura judía del primer siglo, la riqueza no era vista como algo malo en sí misma, pero Jesús sabía que el corazón humano se aferra a lo material con una fuerza que compite directamente con Dios.
Los fariseos, que eran amantes del dinero, escucharon estas palabras y se burlaron de Jesús, según Lucas 16:14. Ellos pensaban que la bendición de Dios se medía en monedas y tierras, pero Cristo vino a romper ese esquema. En el contexto colombiano actual, donde la prosperidad a veces se predica como un derecho y no como una responsabilidad, este mensaje nos cae como balde de agua fría. No se trata de ser pobre, sino de no dejar que el dinero se siente en el trono que solo le pertenece a Dios.
La Historia
Imagine usted a Jesús sentado en una ladera de Galilea, rodeado de pescadores, campesinos y gente que apenas tenía para comer. El sol calienta fuerte y el polvo del camino se pega a las sandalias. La gente había venido de todas partes, algunos buscando milagros, otros buscando respuestas, y muchos buscando cómo llenar la barriga. Jesús los mira con compasión, pero también con una dureza que solo el amor verdadero puede tener, y empieza a desarmar sus seguridades una por una.
Él les habla de los lirios del campo, que no trabajan ni hilan, pero ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Entonces la gente empieza a sentirse tranquila, pensando que Dios les va a dar todo sin esfuerzo. Pero Jesús no los deja dormidos: les recuerda que deben buscar primero el reino de Dios y su justicia, y que lo demás vendrá por añadidura. Ahí es cuando suelta la frase que todavía nos retumba en los oídos: ‘Ninguno puede servir a dos señores, porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o se apegará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas’.
La palabra que usa Jesús para ‘riquezas’ en griego es ‘mamón’, que significaba no solo dinero, sino todo aquello en lo que uno pone su confianza: la cosecha, el ganado, la seguridad financiera. En la Colombia de hoy, mamón sería el apartamento, el carro, el negocio, la herencia, el préstamo del banco. Jesús no está diciendo que el dinero sea malo, sino que es un pésimo dios. Un dios que promete seguridad pero te deja en la calle, que promete felicidad pero te llena de amargura cuando lo pierdes.
La gente que escuchó a Jesús ese día entendió perfectamente lo que quiso decir. En una sociedad donde los ricos explotaban a los pobres y los religiosos se llenaban los bolsillos con las ofrendas del templo, esta enseñanza era una declaración de guerra. Jesús les estaba diciendo que no se puede tener el corazón partido: o confías en que Dios provee, o confías en que tu cuenta bancaria te salvará. Y en ese momento, muchos tuvieron que decidir si soltaban la cartera o soltaban a Dios.
Significado Teológico
El corazón de este pasaje no es una crítica al dinero, sino una declaración de lealtad exclusiva. En el Antiguo Testamento, Dios se presenta como un Dios celoso que no comparte su gloria con nadie, y aquí Jesús aplica ese mismo principio a las finanzas. Servir a Dios implica una entrega total, donde el dinero se convierte en herramienta y no en ídolo. La palabra ‘servir’ en griego es ‘douleuo’, que significa ser esclavo, estar sujeto a la voluntad de otro. Usted no puede ser esclavo de dos amos porque los dos van a dar órdenes contrarias.
El problema no es tener riquezas, sino que las riquezas lo tengan a usted. Cuando el dinero se convierte en el centro de sus decisiones, de sus sueños y de su seguridad, usted ya le entregó el control de su vida. La teología bíblica enseña que Dios es el dueño de todo, y nosotros somos administradores. Pero el administrador que se cree dueño termina robando, y eso es exactamente lo que pasa cuando ponemos el dinero en el lugar de Dios. Este pasaje nos llama a una mayordomía fiel, donde el dinero sirve al reino y no al revés.
Lecciones para Hoy
En la Colombia de las ‘vacas gordas y las vacas flacas’, esta enseñanza es más actual que nunca. Mucha gente vive angustiada porque no sabe si va a llegar a fin de mes, y otros viven angustiados porque no saben si van a poder mantener el nivel de vida que tienen. Jesús nos invita a cambiar la pregunta: en vez de preguntar ‘¿cómo voy a pagar esto?’, preguntar ‘¿cómo puedo usar esto para bendecir a otros?’. Cuando el dinero es su siervo y no su amo, usted puede dormir tranquilo aunque el bolsillo esté vacío.
Otra lección práctica es aprender a distinguir entre necesidad y codicia. En un país donde la publicidad nos vende felicidad en cuotas, es fácil confundir lo que queremos con lo que necesitamos. Jesús nos dice que el Padre sabe que necesitamos comida, ropa y techo, pero que no nos preocupemos por eso como los paganos. La diferencia está en la actitud: el que sirve a Dios trabaja con responsabilidad pero descansa en la provisión divina; el que sirve al dinero trabaja con ansiedad y nunca tiene suficiente.
Finalmente, esta enseñanza nos llama a la generosidad radical. Si usted sabe que el dinero no es su dios, entonces puede soltarlo con facilidad. El diezmo, la ofrenda, ayudar al vecino que perdió el empleo, no se vuelven una obligación religiosa sino una expresión de libertad. En una iglesia colombiana donde a veces se manipula a la gente con promesas de prosperidad, recordar que no podemos servir a Dios y al dinero nos libera de la codicia y nos devuelve la alegría de dar.
Preguntas Frecuentes
¿Significa esto que los cristianos deben ser pobres?
Para nada, Jesús no está diciendo que la pobreza sea una virtud ni que la riqueza sea un pecado. Lo que enseña es que el dinero no debe ocupar el lugar de Dios en su corazón. Usted puede tener mucho dinero y servir a Dios fielmente si lo usa para bendecir a otros y mantener un corazón desprendido. El problema no es la cantidad, sino la lealtad: ¿a quién obedece usted cuando el dinero y la fe le piden cosas distintas?
¿Cómo saber si estoy sirviendo al dinero y no a Dios?
Una señal clara es la ansiedad: si usted no puede dormir cuando pierde dinero o cuando no gana lo que esperaba, probablemente el dinero tiene un lugar muy grande en su corazón. Otra señal es la tacañería: si le duele dar ofrendas o ayudar a alguien necesitado, su corazón está apegado al billete. También puede examinar sus prioridades: ¿pasa más tiempo pensando en cómo ganar plata que en cómo servir a Dios y a los demás?
¿Puedo ser rico y cristiano al mismo tiempo?
Sí, pero con una condición: que la riqueza no sea su señor. En la Biblia hay ejemplos de personas ricas que sirvieron a Dios, como Abraham, Job o José de Arimatea. La diferencia es que ellos veían el dinero como una herramienta para el reino, no como un fin en sí mismo. La clave está en la mayordomía: reconocer que todo es de Dios, que usted es solo administrador, y que un día tendrá que dar cuentas de cómo usó lo que se le confió.
