¿Alguna vez has sentido que eres mejor que los demas solo porque cumples con tus deberes religiosos? ¿O tal vez has llegado a pensar que Dios no te escucha porque tu vida esta llena de errores? La parabola del fariseo y el publicano, que Jesus conto en el templo de Jerusalen, es un golpe directo al orgullo y una caricia al corazon arrepentido. En una historia de solo dos hombres y dos oraciones, el Maestro nos ensena que la verdadera fe no se mide por lo que mostramos, sino por lo que somos por dentro.
Contexto Biblico
Esta parabola aparece unicamente en el Evangelio de Lucas, capitulo 18, versiculos 9 al 14. Lucas, el medico y companero de Pablo, escribio su evangelio alrededor del ano 60-80 d.C., dirigido a un publico gentil que necesitaba entender que la salvacion de Dios no era solo para los judios, sino para toda persona humilde de corazon. El contexto inmediato es una serie de ensenanzas sobre la oracion y la perseverancia, justo despues de la parabola de la viuda persistente.
Para entender bien esta historia, hay que conocer a los personajes. El fariseo era un miembro de un grupo religioso estricto que seguia al pie de la letra la Ley de Moises y las tradiciones orales. Eran respetados por el pueblo por su devocion, aunque muchos cayeron en la hipocresia. El publicano, en cambio, era un cobrador de impuestos al servicio del Imperio Romano, considerado traidor, ladron y pecador publico. En la sociedad judia, los publicanos estaban en el escalon mas bajo, casi al nivel de los leprosos.
Jesus conto esta parabola especificamente para aquellos que ‘confiaban en si mismos como justos, y menospreciaban a los demas’. Es una critica directa a la autosuficiencia espiritual, un peligro que sigue vigente hoy en todas las iglesias y denominaciones. La ensenanza no es contra la obediencia a Dios, sino contra la arrogancia de creerse superior por esa obediencia.
La Historia
Imaginate el templo de Jerusalen en su maxima actividad. El sol de la manana ilumina las columnas de marmol blanco, y el olor a incienso y sacrificios quema el aire. En medio del bullicio, dos hombres suben al recinto sagrado con un mismo proposito: orar. Pero sus corazones estan en polos opuestos. El primero es un fariseo, vestido con ropas elegantes y filacterias en la frente, seguro de su lugar en la comunidad. El segundo es un publicano, con la cabeza gacha, ropa humilde y la mancha del desprecio publico.
El fariseo se coloca en un lugar visible, cerca del altar, y comienza su oracion en voz alta, casi como un discurso. ‘Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adulteros, ni aun como este publicano’. Su oracion no es una peticion, sino una lista de logros: ayuno dos veces por semana, diezmo de todo lo que posee. Cada palabra es un espejo donde solo se ve a si mismo, y en ese espejo no hay espacio para Dios ni para el necesitado.
Mientras tanto, el publicano se queda a la entrada del templo, sin atreverse siquiera a levantar los ojos al cielo. No se atreve a acercarse, se golpea el pecho con el puno cerrado, un gesto de dolor y arrepentimiento profundo. Su oracion es corta, pero sincera: ‘Dios, se propicio a mi, pecador’. No pide nada mas que misericordia, no alega meritos, no compara su vida con la de nadie. Solo sabe que es un pecador necesitado de perdon.
La escena es poderosa porque muestra dos formas de relacionarse con Dios. Uno llega con una lista de deberes cumplidos, esperando un reconocimiento. El otro llega con las manos vacias, confiando solo en la gracia. Jesus no dice que el fariseo mintiera en su oracion: probablemente ayunaba y diezmaba de verdad. Pero su corazon estaba tan lleno de orgullo que no habia espacio para el amor de Dios.
El remate de la historia es un veredicto que debio dejar a la audiencia boquiabierta: ‘Os digo que este (el publicano) descendio a su casa justificado antes que el otro’. En otras palabras, el pecador publico salio perdonado y en paz con Dios, mientras que el religioso fariseo salio tan vacio como entro. Jesus termina con una frase lapidaria: ‘Porque cualquiera que se enaltece, sera humillado; y el que se humilla, sera enaltecido’.
Significado Teologico
El corazon de esta parabola es la justificacion por la fe, no por las obras. El fariseo confiaba en su propia justicia, en sus esfuerzos religiosos para ganarse el favor de Dios. El publicano, en cambio, reconocio su total dependencia de la misericordia divina. La teologia cristiana ensena que nadie puede salvarse a si mismo; la salvacion es un regalo que se recibe con humildad. El publicano entendio esto, el fariseo no.
Otro punto clave es la naturaleza de la oracion verdadera. Orar no es informar a Dios de lo buenos que somos, sino abrir el corazon con honestidad. El salmista dijo: ‘El sacrificio de Dios es el espiritu quebrantado; al corazon contrito y humillado no despreciaras tu, oh Dios’. La parabola nos recuerda que Dios no se impresiona con nuestras estadisticas espirituales, sino con nuestra autenticidad y necesidad de El.
Finalmente, la historia revela el peligro de la comparacion espiritual. El fariseo no pudo orar bien porque estaba mas preocupado por la vida del publicano que por su propia relacion con Dios. Cuando comparamos nuestra santidad con la de otros, caemos en el orgullo o en la desesperacion. La parabola nos invita a mirar solo a Cristo, el unico justo, y desde alli reconocer nuestra necesidad.
Lecciones para Hoy
En la vida diaria, es facil caer en la trampa del fariseo. Tal vez asistes a misa todos los domingos, das limosna, no dices groserias, y ves a otros que no lo hacen y piensas: ‘menos mal que yo no soy como ellos’. Ese pensamiento, aunque rapido, es veneno para el alma. La humildad no es pensar mal de uno mismo, sino no pensar en uno mismo. La leccion es clara: examina tus motivaciones cuando oras, cuando sirves, cuando das.
Para el colombiano de a pie, esta parabola es un llamado a la autenticidad. En un pais donde a veces aparentamos lo que no somos por miedo al ‘que diran’, Jesus nos dice que Dios prefiere un corazon sincero y arrepentido a una fachada de piedad. No importa si has fallado, si has cometido errores graves, si te sientes el ultimo en la iglesia: acercate a Dios como el publicano, con confianza en su misericordia.
Aplica esto en tu vida: cuando ores, no hagas una lista de tus virtudes, sino presentale a Dios tus debilidades. Pide perdon primero, antes de pedir bendiciones. Reconoce que sin El no eres nada, y que con El lo tienes todo. La parabola del fariseo y el publicano no es solo una historia antigua, es un espejo donde podemos vernos cada dia y decidir si queremos ser como el religioso orgulloso o como el pecador perdonado.
Preguntas Frecuentes
¿Por que Jesus eligio a un fariseo y a un publicano para esta parabola?
Jesus uso estos dos personajes porque representaban los extremos de la sociedad judia: el fariseo era el modelo de religiosidad externa, y el publicano el modelo de pecado publico. Al invertir las expectativas, Jesus enseno que Dios no mira las apariencias, sino el corazon. La eleccion no fue casual, fue una leccion visual para todos los que escuchaban.
¿Significa esta parabola que esta mal ayunar o diezmar como el fariseo?
No, para nada. La parabola no condena el ayuno ni el diezmo, que son practicas biblicas buenas. Lo que condena es la actitud del corazon: hacer estas cosas para sentirse superior a los demas o para ganar puntos con Dios. La clave esta en la motivacion. Puedes ayunar y diezmar con un corazon humilde y agradecido, eso es agradable a Dios.
¿Que significa exactamente ‘justificado’ en el contexto de esta parabola?
Justificado es un termino legal que significa ‘declarado justo’ o ‘absuelto de culpa’. En el contexto del Nuevo Testamento, ser justificado por Dios implica que nuestros pecados son perdonados y somos aceptados como justos delante de El, no por nuestros meritos, sino por su gracia. El publicano salio del templo justificado, es decir, perdonado y en paz con Dios.
