Uno se levanta en la mañana, prende el televisor y ve noticias de violencia en Colombia, familias desplazadas, niños sin comida. Y entonces, como creyente, uno se pregunta: ¿por qué permite Dios el mal si es todopoderoso y bueno? Esa duda no es pecado, es humana, y hasta los personajes más fieles de la Biblia la tuvieron. Pero la respuesta no está en una fórmula mágica, sino en entender el plan completo que Dios ha revelado desde el principio. Vamos a explorarlo juntos, como charlando en la terraza de la casa, con la Biblia en la mano y el corazón abierto.
Contexto Bíblico
Para entender por qué Dios permite el mal, tenemos que ir al principio de todo, al libro de Génesis. Allí vemos que Dios creó un mundo perfecto, donde no había dolor, ni muerte, ni llanto. Él mismo dijo que todo era ‘bueno en gran manera’ (Génesis 1:31). El mal no fue creado por Dios, sino que entró al mundo por la desobediencia del hombre, cuando Adán y Eva decidieron seguir su propio camino en lugar de confiar en el Creador. Ese acto de rebelión abrió la puerta al pecado y, con él, a todas sus consecuencias: enfermedades, guerras, injusticias. Dios no es el autor del mal, pero sí permite que exista porque respeta el libre albedrío que nos dio.
La Biblia también nos muestra que Dios no es indiferente al sufrimiento. En el libro de Job, vemos a un hombre justo que perdió todo: hijos, salud, riquezas. Job no entendía por qué le pasaba eso, y sus amigos le decían que era por algún pecado oculto. Pero Dios mismo le respondió, no dándole una explicación teórica, sino mostrándole Su soberanía y sabiduría infinita. Al final, Job reconoció que no necesitaba entenderlo todo, sino confiar en el Dios que sí lo entiende todo. Ese es un principio clave: no siempre vamos a comprender los ‘porqués’, pero podemos confiar en el ‘Quién’.
La Historia
Pongamos un ejemplo que todos los colombianos conocemos: la historia de José, el hijo de Jacob. José era el hijo favorito de su papá, pero sus hermanos, por envidia, lo vendieron como esclavo a unos mercaderes que iban para Egipto. Imagínense el dolor de José, separado de su familia, en un país extraño, tratado como mercancía. Seguramente se preguntó: ‘Dios mío, ¿por qué permites esto? ¿Acaso no te he sido fiel?’ Pero José no se quedó en la queja; siguió confiando en Dios y sirviendo con excelencia dondequiera que estuvo.
En Egipto, José fue llevado a la casa de Potifar, un oficial del faraón. Allí trabajó tan bien que su amo lo puso a cargo de toda su casa. Pero la esposa de Potifar lo acusó falsamente, y José terminó en la cárcel, inocente. ¿Otro golpe más? Sí. Pero la Biblia dice que ‘Jehová estaba con José’ (Génesis 39:21). En la cárcel, José interpretó los sueños de dos presos, y años después, eso lo llevó a interpretar el sueño del faraón. De repente, José pasó de ser un preso a ser el segundo al mando en todo Egipto, encargado de salvar al país de una hambruna terrible.
Cuando la hambruna golpeó también a Canaán, los hermanos de José viajaron a Egipto a comprar comida. No reconocieron a José, pero él sí los reconoció a ellos. Podría haberse vengado, pero en lugar de eso, los perdonó y los ayudó. Al final, cuando Jacob murió, los hermanos temieron que José les cobrara la afrenta, pero José les dijo una frase que es clave para entender por qué Dios permite el mal: ‘Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo encaminó a bien’ (Génesis 50:20).
La historia de José nos muestra que el mal que otros hacen no es el final de la historia. Dios puede tomar las peores intenciones humanas y convertirlas en instrumentos de bendición. José pasó por esclavitud, calumnia y prisión, pero todo eso fue parte del plan de Dios para salvar a muchas vidas. Si José no hubiera sido vendido, no habría llegado a Egipto, y si no hubiera ido a la cárcel, no habría conocido al copero que lo llevó ante el faraón. El mal fue real, el dolor fue real, pero Dios estaba obrando detrás del telón.
Significado Teológico
Desde la teología cristiana, el mal existe porque Dios nos creó con libre albedrío, es decir, con la capacidad de escoger entre el bien y el mal. Un Dios que nos obligara a amarlo y obedecerlo no sería un Dios de amor, sino un tirano. El amor verdadero solo puede darse en libertad. Cuando el ser humano escoge el mal, Dios no lo detiene, pero tampoco lo abandona. Él permite las consecuencias de nuestras decisiones, pero siempre está listo para redimir esas situaciones. La cruz de Cristo es la prueba máxima de que Dios no es indiferente al sufrimiento; al contrario, Él mismo entró en el dolor humano para vencerlo desde adentro.
Otro punto importante es que el mal no tiene la última palabra. La Biblia nos asegura que Dios tiene un plan de redención que culminará con la restauración de todas las cosas. En Apocalipsis 21:4 leemos que ‘enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor’. El sufrimiento actual es temporal y tiene un propósito eterno que muchas veces no alcanzamos a ver. Como dice Romanos 8:28, ‘a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien’. No es que todo lo que pasa sea bueno, sino que Dios puede usar incluso el mal para nuestro bien y Su gloria.
Lecciones para Hoy
Para nosotros, los colombianos que vivimos en un país marcado por la violencia y la desigualdad, esta enseñanza es vital. No podemos quedarnos en la queja o en la amargura preguntándonos por qué Dios permite el mal. En lugar de eso, podemos aprender a confiar en Su soberanía y a buscar Su propósito en medio de las dificultades. Cuando enfrentes una situación injusta, recuerda a José: no sabes cómo Dios va a usar eso para bendecirte a ti y a otros. Mantén tu corazón firme en la fe, porque el que comenzó la buena obra en ti la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1:6).
También es clave que nosotros, como iglesia, seamos instrumentos de Dios para aliviar el mal en el mundo. No podemos quedarnos de brazos cruzados diciendo ‘Dios lo permite’ y no hacer nada. Dios nos llama a ser luz en medio de las tinieblas, a visitar al preso, a dar de comer al hambriento, a consolar al afligido. Cuando actuamos así, estamos siendo parte de la respuesta de Dios al mal. Y aunque no entendamos todo, podemos descansar en que el final de la historia ya está escrito: Cristo venció al mundo, y en Él tenemos la victoria segura.
Preguntas Frecuentes
¿Dios creó el mal?
No, Dios no creó el mal. La Biblia dice que todo lo que Dios hizo era bueno (Génesis 1:31). El mal entró al mundo por la desobediencia del hombre y por la influencia de Satanás. Dios permite el mal porque respeta nuestro libre albedrío, pero no es su autor. Él es santo y justo, y no puede ser tentado por el mal ni tienta a nadie (Santiago 1:13).
¿Por qué Dios no detiene el mal si puede hacerlo?
Dios podría detener todo el mal en un instante, pero si lo hiciera, tendría que anular nuestra libertad. Y si anulara la libertad para evitar el mal, también anularía la posibilidad del amor y la obediencia voluntaria. Dios prefiere un mundo donde podamos escoger amarlo libremente, aunque eso implique que algunos escojan el mal. Además, Él ha prometido que al final hará justicia y restaurará todo.
¿El sufrimiento es siempre un castigo de Dios?
No, el sufrimiento no siempre es un castigo. A veces es consecuencia del pecado propio o ajeno, otras veces es una prueba para fortalecer nuestra fe, como en el caso de Job. También puede ser una oportunidad para que Dios muestre Su poder y amor, como cuando Jesús sanó al ciego de nacimiento y dijo que no era por pecado, sino para que las obras de Dios se manifestaran en él (Juan 9:3). Lo importante es buscar a Dios en medio del dolor, no para entenderlo todo, sino para ser transformados.