Usted ha escuchado seguramente que Dios elige a unos sí y a otros no, y eso le causa conflicto. En Colombia, donde la fe católica y evangélica se mezclan con preguntas sobre el destino, Romanos 9 aparece como un capítulo que pone a pensar hasta al más creyente. La gente se pregunta si Dios es injusto al escoger a unos y dejar a otros, o si eso tiene que ver con la salvación. Este pasaje no es para asustarse, sino para entender que el amor de Dios va más allá de lo que nosotros creemos justo o merecido.
Contexto Bíblico
Para entender Romanos 9 hay que ponerse en los zapatos del apóstol Pablo, un judío que conocía muy bien las promesas que Dios le hizo a Israel. Él estaba escribiendo a una iglesia en Roma donde habían judíos y gentiles, y la tensión era fuerte: los judíos pensaban que por ser descendientes de Abraham tenían la salvación asegurada, mientras que los gentiles apenas estaban llegando a la fe. Pablo, con todo el cariño de un compatriota, quería mostrarles que Dios no había fallado con su pueblo, sino que desde siempre había tenido un plan más grande de lo que ellos imaginaban.
El capítulo arranca con un dolor profundo de Pablo, que dice que desearía ser maldito por amor a sus hermanos judíos. Eso es heavy, porque Pablo sabía que la salvación es solo por Jesús, pero su corazón estaba partido al ver que muchos de su propia sangre rechazaban el evangelio. En ese contexto, Pablo recurre al Antiguo Testamento, especialmente a las historias de Isaac, Jacob, Esaú, Faraón y el profeta Oseas, para demostrar que Dios siempre ha escogido por Su soberanía, no por méritos humanos. No es que Dios sea caprichoso, sino que Él ve la historia completa y nosotros solo un pedacito.
La Historia
Imagínese a un Pablo angustiado, quizás sentado en una mesa de madera, escribiendo con un papiro y una pluma, mientras las lágrimas casi le borran las letras. Él recuerda cómo su pueblo, Israel, había recibido la adopción, la gloria, los pactos, la ley, el culto y las promesas. Pero ahora muchos de ellos estaban fuera de la salvación, y eso le partía el alma. Sin embargo, en lugar de echarle la culpa a Dios, Pablo se pone a mostrar que Dios nunca prometió salvar a todos los descendientes físicos de Abraham, sino a los hijos de la promesa.
Pablo trae a colación a Abraham, que tuvo dos hijos: Ismael, nacido de la esclava Agar, e Isaac, nacido de Sara por promesa divina. La historia no es que Dios odiara a Ismael, sino que el plan de salvación iba a pasar por Isaac, el hijo de la fe. Luego salta a los gemelos de Rebeca: Jacob y Esaú, que aún no habían nacido ni hecho nada bueno ni malo, y ya Dios había dicho que el mayor serviría al menor. Eso es fuerte para nuestra mentalidad colombiana, donde creemos que todo se gana con esfuerzo y mérito, pero aquí Dios está diciendo que Su elección es soberana, no basada en obras humanas.
Luego Pablo mete a Faraón, ese rey egipcio que Dios endureció para mostrar Su poder y hacer famoso Su nombre por toda la tierra. Y uno dice: ‘¿Cómo así que Dios endureció a Faraón? ¿No es eso injusto?’ Pero Pablo responde con la imagen del alfarero y el barro: el alfarero tiene derecho de hacer del mismo barro una vasija para uso noble y otra para uso común. Dios no es un tirano, sino que tiene la autoridad para mostrar Su misericordia y Su justicia de la manera que Él quiera, y todo para que Su gloria sea conocida.
El clímax de la historia llega cuando Pablo cita a Oseas y a Isaías para mostrar que Dios iba a llamar ‘pueblo mío’ a los que no eran pueblo, o sea, a los gentiles como muchos de nosotros los colombianos. Y también que solo un remanente de Israel sería salvo. Eso debió sonar como una bomba para los judíos de Roma, pero Pablo les está diciendo que la salvación no es por herencia ni por sangre, sino por fe en Jesucristo. No importa si usted es de la costa, del interior o de la montaña; lo que importa es si cree en el que murió y resucitó por nosotros.
Significado Teológico
Romanos 9 nos mete de lleno en el tema de la soberanía de Dios y la responsabilidad humana, que es como un misterio que no podemos resolver con la lógica. La teología reformada, que es la que más resalta este capítulo, dice que Dios elige a algunos para salvación sin importar sus méritos, y que eso es un acto de Su gracia inmerecida. Pero también la Biblia enseña que el ser humano es responsable de sus decisiones, como cuando Pablo llora por los que rechazan a Cristo. No es que Dios obligue a nadie a pecar, sino que en Su sabiduría permite que la rebelión humana muestre Su justicia y Su misericordia.
Otro punto clave es que Dios no es injusto, porque la justicia de Dios no es como la nuestra, que reparte premios según el esfuerzo. La justicia bíblica es que todos merecemos el castigo por nuestro pecado, pero Dios, en Su amor, decide salvar a algunos por pura gracia. Si Él salvara a todos, sería misericordia, pero también sería pasar por alto Su santidad. Si castigara a todos, sería justicia, pero no habría esperanza. En Su soberanía, Dios mezcla justicia y misericordia de una manera que solo Él entiende, y eso nos lleva a adorarlo, no a juzgarlo.
Lecciones para Hoy
En la vida cotidiana de un colombiano, Romanos 9 nos enseña a no creernos más que otros por nuestra herencia religiosa. Muchas veces pensamos que por ser bautizados, ir a misa o pertenecer a una iglesia evangélica ya estamos salvados, pero Pablo dice que no es así. La salvación es por fe, y esa fe es un regalo de Dios. Así que más que presumir de nuestra religión, debemos humillarnos y agradecer que Dios nos haya escogido, no por ser mejores, sino por Su amor.
También aprendemos a confiar en el plan de Dios aunque no lo entendamos. A veces vemos injusticias, sufrimiento, o que personas malas prosperan y buenas sufren, y nos preguntamos dónde está Dios. Romanos 9 nos recuerda que Él es el alfarero y nosotros el barro. No es que Dios sea indiferente, sino que Su perspectiva es eterna y nosotros solo vemos el presente. En lugar de reclamarle, podemos descansar en que Él hace todas las cosas bien, aunque a nosotros nos duela o nos confunda.
Finalmente, este capítulo nos impulsa a valorar la misericordia de Dios. Si usted es creyente hoy, no es porque sea más inteligente o más bueno que su vecino, sino porque Dios tuvo compasión de usted. Eso debería llenarnos de gratitud y de amor para compartir el evangelio con otros, sin orgullo ni superioridad. La elección soberana de Dios no es para que nos sintamos privilegiados, sino para que seamos instrumentos de Su gracia en medio de un país que tanto necesita esperanza.
Preguntas Frecuentes
¿Significa Romanos 9 que Dios elige a unos para salvarse y a otros para condenarse?
Sí, el capítulo enseña que Dios, en Su soberanía, elige a algunos para salvación, pero no porque Él quiera que otros se pierdan, sino porque todos merecemos condenación y Él decide mostrar misericordia a quienes quiere. La Biblia también dice que Dios no se complace en la muerte del impío, y que todo el que invoca el nombre del Señor será salvo. Es un misterio que debemos aceptar con fe, no con razonamiento humano.
¿Por qué Pablo usa el ejemplo de Jacob y Esaú para hablar de elección?
Pablo usa a Jacob y Esaú porque ellos representan dos personas que aún no habían hecho nada, ni bueno ni malo, y ya Dios había decidido que el mayor serviría al menor. Esto demuestra que la elección de Dios no se basa en nuestras obras, sino en Su propósito soberano. Jacob no era mejor que Esaú, pero Dios escogió a Jacob para que por su descendencia viniera el Mesías. Es una lección de gracia, no de mérito.
¿Cómo se aplica Romanos 9 a mi vida si no entiendo por qué Dios permite el sufrimiento?
Romanos 9 nos enseña que Dios tiene el control absoluto, incluso sobre el sufrimiento y las decisiones humanas. Si usted está pasando por una prueba, recuerde que Dios es el alfarero y usted el barro; Él sabe lo que hace, aunque usted no lo vea. En lugar de amargarse, puede clamar a Él, confiar en Su carácter y pedirle fuerzas para seguir adelante. La soberanía de Dios no es una excusa para el dolor, sino un ancla para la esperanza.