Usted sabe que en Colombia a veces uno se pregunta: ¿por qué tengo que obedecer a un gobernante que no me cae bien? O peor aún, ¿qué hago cuando una autoridad me pide algo que va contra lo que creo? El apóstol Pablo en Romanos 13:1-7 nos da una enseñanza que puede sonar fuerte: ‘Sométase toda persona a las autoridades superiores’. Pero no se preocupe, que no es un llamado a ser sumiso sin criterio. Vamos a desglosar este pasaje paisa a paisa, con la Biblia en una mano y el periódico en la otra, para entender cómo vivir esto en la Colombia de hoy.
Contexto Bíblico
Para entender Romanos 13 hay que ponerse en los zapatos de los primeros cristianos en Roma. Corría el año 57 d.C., y el Imperio Romano gobernaba con mano dura. Nerón, sí ese mismo que después persiguió a los cristianos, empezaba a mostrar su lado oscuro. Los creyentes vivían con miedo, discriminados y a punto de ser culpados de todo. En ese ambiente, Pablo escribe esta carta para recordarles que Dios no está ausente, sino que permite las autoridades para mantener el orden en un mundo caído.
Además, muchos judíos convertidos al cristianismo pensaban que, al ser el pueblo elegido, no tenían por qué obedecer a gobernantes paganos. Había también un grupito de creyentes que creían que la libertad en Cristo los eximía de pagar impuestos o respetar las leyes. Pablo, con toda su autoridad apostólica, les dice: ‘No, así no es la cosa’. La sumisión a las autoridades no es opcional, es parte del plan de Dios para que la sociedad no se vuelva un caos. Y eso aplica tanto para el presidente como para el policía de la esquina.
El contexto histórico también incluye las tensiones con el gobierno judío local. Los cristianos eran vistos como una secta peligrosa, y algunos líderes religiosos los acusaban de rebeldes. Pablo sabía que si la iglesia se volvía un foco de insurrección, la represión sería brutal. Por eso, más que un consejo, esto es una estrategia de supervivencia: vivir en paz con todos, honrar a las autoridades, y sobre todo, dar buen testimonio para que el evangelio no fuera maldecido por culpa de malos comportamientos.
La Historia
Imagínese a Pablo sentado en una mesa de madera, con un papiro y un cálamo en la mano, escribiendo bajo la luz de una lámpara de aceite. Afuera, las calles de Corinto están llenas de soldados romanos, mercaderes gritando y esclavos cargando mercancía. Él sabe que sus palabras van a llegar a una iglesia que está en la capital del imperio, donde el César es considerado un dios. Los cristianos de Roma se reúnen en casas, en secreto, y cada día es un riesgo. Pablo les escribe para fortalecerlos, no para asustarlos.
En el capítulo 12, Pablo ya les había hablado de amar al prójimo, de bendecir a los que los persiguen y de no devolver mal por mal. Ahora, en el 13, da un paso más: ‘Toda persona debe someterse a las autoridades superiores, porque no hay autoridad que no venga de Dios’. ¡Uf! Eso debió sonar como un baldado de agua fría para algunos. ¿Cómo iban a someterse a un emperador que permitía la esclavitud y adoraba ídolos? Pero Pablo no está justificando el sistema, está explicando que Dios, en su soberanía, permite que existan gobiernos para frenar el mal.
Pablo usa un ejemplo que cualquier romano entendía: los gobernantes no andan con espada por gusto. La espada representa el poder de castigar a los malhechores. En aquel tiempo, un juez romano podía ordenar azotes, prisión o incluso la muerte. Pablo dice que esa autoridad, aunque sea ejercida por hombres imperfectos, es un instrumento de Dios para mantener el orden. Claro, él mismo había sido golpeado por autoridades injustas, pero no por eso negaba el principio de que la autoridad humana es un reflejo, aunque manchado, del gobierno divino.
Y viene la parte que a muchos les incomoda: ‘Paguen sus impuestos, porque los gobernantes son servidores de Dios’. En Colombia, pagar impuestos es un tema caliente, ¿cierto? Pero Pablo no está hablando de si los impuestos son justos o no, sino de que el sistema funciona si todos ponen su parte. Además, dice que debemos dar a cada uno lo que le corresponde: impuesto al que cobra impuestos, respeto al que merece respeto. No es una sumisión ciega, sino un reconocimiento de que Dios usa incluso a gobernantes corruptos para cumplir sus propósitos, como hizo con el faraón o con Nabucodonosor.
La historia no termina ahí. Pablo sabía que algunos dirían: ‘Bueno, si todo gobierno viene de Dios, entonces debemos obedecer siempre, sin chistar’. Por eso, en otros pasajes como Hechos 5:29, Pedro dice: ‘Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres’. Hay un límite: cuando la autoridad humana ordena algo que contradice directamente la voluntad de Dios, el cristiano debe desobedecer, pero siempre con respeto y asumiendo las consecuencias. Ese es el equilibrio que Pablo no desarrolla aquí, pero que la Biblia completa en otros lugares.
Significado Teológico
El mensaje central de Romanos 13 es que Dios es el soberano sobre todas las naciones. No hay presidente, alcalde o juez que tenga poder que no le haya sido dado por Dios. Esto no significa que Dios apruebe sus malas acciones, sino que Él permite que existan para cumplir su plan redentor. La sumisión a las autoridades es, en el fondo, una forma de honrar a Dios. Cuando un cristiano obedece las leyes justas, está mostrando que cree en un Dios de orden, no de caos.
Además, Pablo introduce el concepto de la ‘conciencia’ como guía. Dice que debemos someternos ‘no solo por temor al castigo, sino también por motivos de conciencia’. Esto es clave: no se trata de obedecer por miedo a la multa o a la cárcel, sino porque sabemos que es lo correcto delante de Dios. Nuestra conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, nos ayuda a discernir cuándo una ley es justa y cuándo debemos resistir pacíficamente. La sumisión no es pasividad, es una decisión activa de vivir en paz con todos.
Otro punto teológico profundo es que la autoridad civil tiene un límite: no puede exigir adoración. El César romano exigía que le dieran culto, y los cristianos se negaron, incluso hasta la muerte. Romanos 13 no contradice eso. La sumisión es en lo civil, no en lo espiritual. Dios es la autoridad máxima, y cualquier gobierno que se ponga en el lugar de Dios se convierte en un ídolo. Por eso, la iglesia primitiva oraba por los gobernantes, pero no les rendía culto. Esa línea sigue siendo vital hoy: respetamos, obedecemos en lo justo, pero adoramos solo a Dios.
Lecciones para Hoy
En Colombia, donde a veces la autoridad se siente lejana o corrupta, Romanos 13 nos llama a no generalizar. No todos los policías son abusivos, ni todos los políticos son ladrones. La Biblia nos pide que reconozcamos el bien que hacen las autoridades: mantener el orden, proteger a los ciudadanos, construir carreteras, vacunar a los niños. Usted puede estar en desacuerdo con una decisión del gobierno, pero puede expresarlo con respeto, sin insultar ni vandalizar. La protesta pacífica es válida, pero la rebelión violenta no es cristiana.
También aprendemos que pagar impuestos no es opcional. Sí, duele ver cómo se pierde la plata en corrupción, pero evadir impuestos es robarle al Estado, y eso es pecado. Como cristianos, debemos ser los mejores ciudadanos: puntuales con los impuestos, respetuosos con las leyes de tránsito, solidarios con las campañas cívicas. Así mostramos que nuestra ciudadanía en el cielo no nos hace malos ciudadanos en la tierra, sino todo lo contrario. Un buen cristiano es un buen colombiano.
Finalmente, esta enseñanza nos reta a orar por las autoridades, no solo a criticarlas. En 1 Timoteo 2:1-2, Pablo dice que oremos por los reyes y por todos los que están en autoridad. Eso incluye al presidente, a los congresistas, a los jueces, a los militares. Orar por ellos no significa estar de acuerdo con todo lo que hacen, sino pedir que Dios les dé sabiduría, justicia y temor de Él. Y si usted es una autoridad, en su casa, en su trabajo o en su iglesia, recuerde que usted también rinde cuentas a Dios. Sea un líder que sirve, no que oprime.
Preguntas Frecuentes
¿Debo obedecer a una autoridad que me pide hacer algo malo?
No. Cuando una autoridad humana ordena algo que contradice directamente la Palabra de Dios, como negar a Cristo, hacer fraude o participar en actos inmorales, el cristiano debe desobedecer respetuosamente. Así lo hicieron Pedro y Juan cuando les prohibieron predicar (Hechos 4:19-20). Pero debe hacerlo con respeto, sin violencia, y aceptando las consecuencias legales. Dios honra a quienes lo obedecen a Él primero.
¿Qué pasa si vivo en un país con un gobierno dictador o corrupto?
Romanos 13 no dice que debamos estar de acuerdo con la dictadura o la corrupción. Pablo mismo vivió bajo el imperio de Nerón, que era un tirano. La sumisión no es aprobación. Usted puede orar por un cambio, trabajar por la justicia mediante medios legales, y resistir pacíficamente. Pero la Biblia no respalda la insurrección armada. Dios tiene formas de cambiar los gobiernos, como lo hizo con el Imperio Romano, que eventualmente cayó. Nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino espiritual.
¿Los cristianos deben pagar impuestos aunque el gobierno los use mal?
Sí. Jesús mismo enseñó: ‘Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios’ (Mateo 22:21). El impuesto no es un regalo al gobernante, sino un deber ciudadano. Si el gobierno lo usa mal, eso es responsabilidad de ellos, no nuestra. Evadir impuestos es desobedecer a Dios y a la ley. Además, al pagar impuestos, contribuimos al bien común: salud, educación, infraestructura. Si queremos un país mejor, empecemos por cumplir con nuestras obligaciones.
