Mire, usted sabe que en Colombia somos berracos para el amor: amamos a nuestra mamá, a la selección, al sancocho y hasta al vecino que pone la música a todo volumen. Pero cuando la vida se pone dura, cuando el tráfico nos saca la piedra o cuando la familia empieza a pelear, ese amor se nos va como agua entre los dedos. Por eso, hoy quiero hablarle de un mandato que nos dejó el apóstol Pablo en Efesios 5:2: ‘Andad en amor, como también Cristo nos amó’. No es un consejo bonito para poner en un cuadro, es una orden de parte de Dios que transforma su hogar, su matrimonio y su corazón.
Contexto Biblico
La carta a los Efesios fue escrita por el apóstol Pablo mientras estaba preso en Roma, alrededor del año 60 d.C. La iglesia en Éfeso era una comunidad vibrante, pero vivía rodeada de idolatría, hechicería y un montón de costumbres paganas que chocaban con la fe en Cristo. Pablo les escribe para recordarles que ya no son los mismos, que ahora son hijos de Dios y que deben vivir de una manera diferente, como dice en Efesios 4:1: ‘Andad como es digno de la vocación con que fuisteis llamados’.
En el capítulo 5, Pablo entra en un tema bien práctico: cómo debe ser la vida diaria del creyente. Él usa la palabra ‘andar’, que en griego es peripateo, que significa literalmente caminar, pero también vivir, comportarse, moverse en el día a día. Y no es cualquier caminar, es caminar en amor, pero no en el amor barato que vende la televisión, sino en el amor de Cristo, que es sacrificial, paciente y que no busca su propio beneficio. Este versículo es el eje de todo lo que viene después, porque el amor es el motor que mueve la vida cristiana.
La Historia
Imagínese a Pablo, encadenado a un soldado romano, escribiendo con una mano y probablemente con la otra tratando de espantar a los ratones de la celda. Pero a pesar de estar preso, su corazón no está amargado, sino que está rebosando de gratitud y de enseñanza para los creyentes. En Efesios 5:1-2, él les dice: ‘Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y andad en amor, como también Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante’.
La historia detrás de estas palabras es la historia del mismo Jesús. Cristo no solo habló de amor, lo vivió. Él se entregó voluntariamente, sin condiciones, sin excusas. Se entregó en la cruz, no porque nosotros fuéramos buenos, sino porque Él es bueno. Ese es el modelo: un amor que no espera nada a cambio, que perdona antes de que le pidan perdón, que sirve aunque esté cansado. Pablo les está diciendo a los efesios, y a nosotros los colombianos, que ese es el único amor que transforma de verdad.
Piense en cómo era la vida en Éfeso: una ciudad llena de templos a Artemisa, de prostitución sagrada, de orgullo y de lujuria. La gente vivía para sí misma, para el placer, para la plata. Y Pablo les dice: ‘Ustedes ya no son así, ustedes son hijos de Dios, imiten a su Papá’. Eso era revolucionario. Porque imitar a Dios significa amar como Él ama, sin egoísmo, sin envidia, sin resentimiento. Significa que el esposo debe amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia, y eso duele, porque implica morir a uno mismo todos los días.
La entrega de Cristo fue un sacrificio de olor fragante, una expresión que viene del Antiguo Testamento, cuando los sacerdotes ofrecían holocaustos que subían como aroma agradable a Dios. Jesús se convirtió en ese sacrificio perfecto, y nosotros, al andar en amor, nos convertimos en un aroma de vida para los que están a nuestro alrededor. En Colombia, eso significa que cuando usted perdona a su hermano, cuando ayuda a un vecino sin esperar nada, cuando es paciente con su cónyuge, usted está siendo ese olor fragante que atrae a otros a Cristo.
Significado Teologico
El amor del que habla Pablo no es un sentimiento pasajero, es una decisión. En griego, la palabra usada aquí es ágape, que es el amor incondicional, el amor que elige, el amor que se compromete. No es el amor de amigos (phileo) ni el amor romántico (eros), es el amor de Dios. Y la base de este amor no está en nosotros, está en Cristo: ‘como también Cristo nos amó’. Es decir, nosotros amamos porque Él nos amó primero, como dice 1 Juan 4:19. No podemos dar lo que no hemos recibido.
Además, este amor tiene un costo: la entrega de uno mismo. Cristo se entregó, y nosotros también debemos entregarnos. Eso no es fácil, sobre todo en una cultura como la colombiana donde a veces somos más dados al ‘yo primero’ que al ‘tú primero’. Pero el evangelio nos llama a una vida de servicio, de renuncia, de poner al otro por encima de nosotros. Y eso no es legalismo, es libertad, porque cuando amamos así, dejamos de estar atados al egoísmo y empezamos a vivir como Dios nos diseñó.
Otro punto clave es que este amor es un mandamiento, no una sugerencia. Jesús mismo dijo: ‘Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado’ (Juan 13:34). No es una opción para los súper espirituales, es la marca del cristiano. Si usted no anda en amor, está desobedeciendo a Dios, así de sencillo. Y el amor no es solo palabras, es acciones: perdonar, ayudar, compartir, servir, soportar. Eso es lo que significa andar en amor como Cristo.
Lecciones para Hoy
En Colombia, donde el ‘todo vale’ y la viveza criolla a veces se disfraza de astucia, el mandato de andar en amor nos llama a ser diferentes. Significa que en el tráfico, en lugar de echarle la culpa al otro, respiramos hondo y cedemos el paso. Significa que en la casa, cuando la pareja o los hijos nos sacan la piedra, no respondemos con gritos sino con paciencia. Y claro, eso es difícil, pero el Espíritu Santo nos da la capacidad de hacerlo si se lo pedimos.
También nos enseña que el amor verdadero no es dependiente de las circunstancias. Usted no ama solo cuando lo tratan bien, ama porque Cristo lo amó primero. Eso es un ancla en medio de la tormenta. Por ejemplo, si su matrimonio está pasando por una crisis, el llamado no es a huir, es a amar como Cristo: entregándose, perdonando, buscando la reconciliación. Eso no es fácil, pero es el camino de la bendición.
Por último, andar en amor nos convierte en testigos vivos del evangelio. La gente no va a creer en Jesús porque usted predique bonito, sino porque vea cómo usted ama a su esposa, cómo trata a sus hijos, cómo perdona a sus enemigos. Ese es el mejor sermón que puede predicar. Y en un país como el nuestro, donde hay tanta violencia y rencor, una persona que anda en amor es como un oasis en el desierto. Así que hoy le pregunto: ¿está usted andando en amor como Cristo, o solo está sobreviviendo?
Preguntas Frecuentes
¿Qué significa exactamente ‘andad en amor’ en Efesios 5:2?
‘Andad en amor’ significa vivir cada día tomando decisiones basadas en el amor sacrificial que Cristo nos mostró. No es un sentimiento, es una acción constante: perdonar, servir, ser paciente y poner las necesidades de los demás antes que las propias. Es un estilo de vida que imita a Jesús, quien se entregó por nosotros aunque no lo merecíamos. En la práctica, es como cuando usted decide ayudar a un familiar aunque esté cansado, o cuando controla su genio en medio de una discusión.
¿Cómo puedo aplicar Efesios 5:2 en mi matrimonio o en mi familia?
En el matrimonio, aplicar este versículo significa amar a su cónyuge sin condiciones, así como Cristo ama a la iglesia. Eso implica perdonar rápidamente, no guardar rencor, buscar el bien del otro aunque usted tenga la razón, y servirse mutuamente con alegría. En la familia, significa ser paciente con los hijos, no provocarlos a ira, y enseñarles con el ejemplo. En Colombia, donde el hogar a veces es el lugar donde más nos descuidamos, este versículo nos llama a hacer de nuestra casa un reflejo del amor de Dios.
¿Es posible andar en amor perfectamente como Cristo?
En esta vida, ninguno de nosotros va a amar perfectamente como Cristo, porque somos humanos y tenemos pecado. Sin embargo, el Espíritu Santo nos da el poder para crecer en amor cada día. La meta no es la perfección instantánea, sino la dirección: caminar hacia adelante, arrepentirnos cuando fallamos, y seguir intentándolo con la ayuda de Dios. Lo hermoso es que Dios no nos pide que seamos perfectos, sino que seamos fieles y que confiemos en que Él completa lo que falta en nosotros.
